Ángel Fernando Molina Castro

El Fisicoculturismo es un Travestismo



Autor/ Author

Ángel Fernando Molina Castro Universidad Nacional Autónoma de México

Ciudad de México, México


ORCID: 0000-0002-

6967-3911

Correo: filosofomago@ gmail.com


Recibido: 22/04/26 Aprobado: 04/06/26 Publicado: 20/07/2026

RESUMEN

El fisicoculturismo como deporte ha existido desde hace ya varios siglos. En él se esconden varios de los postulados de masculinidad que han permeado la cultura occidental. Sin embargo, también se puede pensar el culturismo como un espacio de simulación, como un espacio de travestismo. Pensar el culturismo como una forma de travestismo nos ayuda a entender de mejor manera el actuar del travesti (descrito por el filósofo Severo Sarduy en su libro “La simulación”) y la forma en la que la sociedad actúa ante él, tratando de buscar alternativas en pro de una mejor comunidad.

Palabras Claves: travestismo, fisicoculturismo, hormonas, simulación, travesti, femenino, masculino.

Abstract: The sport of bodybuilding dates back many centuries and contains deep-seated Western masculine ideals. Alternatively, bodybuilding may be considered a site for simulation and transvestism. Such a perspective provides insight into transvestite actions (as explored in Severo Sarduy's "La simulación") and how society responds, with the goal of discovering better ways to live together as a community.

Key words: transvestism, bodybuilding, hormones, simulation, transvestite, feminine, masculine


  1. Introducción


    El fisicoculturismo es un deporte cuyo origen no podemos rastrear, podemos encontrar rastros de él desde la época de los antiguos griegos, dónde una parte importante de su vida social consistía en acudir al γυμνάσιον para entrenar. Esta costumbre pasó a los romanos, quienes construían sus baños con un cuarto específico (palaestrae) (Cartwright, 2013) para practicar ejercicio y desarrollar su cuerpo. Y con el avance de la historia, la humanidad ha mantenido esta actividad, la búsqueda del cuerpo perfecto.


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    Dentro de las reglas de este deporte no existe ninguna que especifique que solo pueda ser practicado por un género, sin embargo, históricamente han sido los hombres los que mayormente lo han practicado, y quienes, en la época moderna, donde existe una difusión mundial de este, se han llevado la mayoría de los reflectores. Y con este foco masivo, ha surgido un discurso moral en el que los valores históricamente asociados a lo masculino han permeado en este deporte, se han vuelto parte de él y muchos consideran que quien practique este deporte deberá regir su vida según los mandatos de superación y sacrificio.

    No planeo hacer una crítica a esta ética que permea en el culturismo, pues en la literatura filosófica existen ya varios trabajos que cuestionan estos valores (aunque no utilizan el culturismo como un ejemplo). Más bien, me propongo colocarme en la posición de un juez más. Un juez que tal y como lo haría en una competencia de culturismo, solo puede ver el cuerpo. Un juez para el que toda esta ética y practicas diarias permanecen ocultas. Pero yo no calificaré tamaños y formas, no me contentaré con ver la superficialidad del cuerpo y puntuarlo con ayuda de una tabla de valores numéricos; yo evaluaré o mejor dicho, cuestionaré la idea del cuerpo. Puedo adelantarles un poco y decir que en todos esos cuerpos hay travestismo, y que todas esas personas son travestis.

    Definir que es un travesti no es una tarea sencilla, en este trabajo se entiende al travesti como una persona que busca actuar una identidad de género opuesta a la que corresponde a su sexo asignado al nacer. Esta primera definición realmente trae más cuestionamientos que respuestas, pues se construye sobre la noción de que existen identidades de género bien establecidas, incluso universales. Sin embargo, el travesti mismo en su acto se encarga de cuestionar estas ideas, llegando a un punto extraño de contradicción en el que se rompen con las mismas lógicas que sostienen su acto. Se cuestionan los ideales del sexo y del género, y también la supuesta correspondencia existente en entre estas categorías.

    Así pues, al tratar al fisicoculturista como una forma de travestismo, también de cierta forma seguimos con ese rompimiento de las lógicas de sexo/género tradicionales. Normalmente, no podríamos decir que un cuerpo asignado como hombre al nacer que actúa el ideal masculino este travistiendo, pero cuando entendemos que no existe tal cosa como el “hombre biológico” (entendiendo un sujeto universal), esta afirmación es posible, pues sin nociones rígidas de género solo existen cuerpos buscando ideales, y es justamente en esta actitud donde nace el travestismo.

    No hare mis declaraciones solo, sino que me apoyaré mayormente en los textos del filósofo Severo Sarduy, que nos ayudara a comprender el “comportamiento de los travestis” y que iré hilando con el culturismo y develando sus semejanzas. Mi argumentación central ira de la mano con Sarduy, y como él lo hizo, me ayudare en parte del discurso médico y cultural que permea en nuestra época.

    No pretendo llamar travesti a un hombre con intención de ofenderlo o burlarme de él, aunque sé que probablemente eso sea lo que él creerá. Pretendo, tal vez de forma un tanto ingenua, que este hombre culturista note las semejanzas que existen entre su práctica y la práctica travesti, y que, en la mente de este hombre, se puedan ir desdibujando todos estos prejuicios que la mayoría de la población aún posee,

    busco que se pueda desdibujar la línea que separa a dos facciones tan diferentes, busco una unión.


    ¿Simulo? ¿Qué? ¿Quién? ¿Mi madre, una mujer, la mujer de mi padre, la mujer? O bien, la mujer ideal, la esencia, es decir, el modelo y la copia han entablado una relación de correspondencia imposible y nada es pensable mientras se pretenda que uno de los términos sea una imagen del otro: que lo mismo sea lo que no es. Para que todo signifique hay que aceptar que me habita no la dualidad, sino una intensidad de simulación que constituye su propio fin, fuera de lo que imita. (Sarduy, 1982. 11).

  2. Simular al Ideal


    En su obra La Simulación, Sarduy nos describe al travesti como una persona que busca imitar, transformar y modificar la corporalidad con la que nació para poder acceder a un cuerpo diferente. Pero también nos recalca algo muy importante, este cuerpo ideal que se aspira conseguir es solo fantasía. “Como los pintores hiperrealistas, el travesti y el autor de obras manifiesta e insolentemente narcisísticas […] obedecen a una sola compulsión: representar la fantasía.” (Sarduy, 1982, 64). Una fantasía que podríamos señalar extraña, pues esta no se refiere a una idea de cuerpo masculino (o femenino) en sí, sino que nos remite a cuerpos que se consideran estándar social. Idea similar a la manejada hoy en día por los feminismos materialistas, los cuales abogan por la eliminación del cuerpo como idea y buscan comprenderlo según su contexto social y político, estas teorías nos dicen, al igual que Sarduy que “[…] el cuerpo sexuado es ante todo propio del orden de los fenómenos y está inherentemente atado a los aparatos conceptuales y a las prácticas” (Serret et. al., 2025, 59).

    Sin embargo, se nos dice que el travesti no se contenta con alcanzar este

    estándar social básico. Sino que busca ir más allá. Ejemplo claro de esto podemos encontrarlo en los shows de Drag Queen, una forma de travestismo que, aunque no representa todas las expresiones de este movimiento, si es la forma más conocida y la que más sirve a mi argumentación. En estos shows no se contentan solo con un camuflaje “simple”, sino que incluso buscan llegar al punto de la exageración de las características. El travesti, al entender que la idea de mujer no es fija e inamovible se permite jugar con ella, juega con su cultura, con su época, hace y deshace según los recursos que posea y con ello, se permite crear un ideal femenino único e irrepetible. Como dije, este juego solo es posible una vez se ha entendido que no existe referencia material del ideal de género, que lo que concebimos como mujer no es más que un concepto que puede ser transformado las veces que sean necesarias, que ha sido transformado ya varias veces a lo largo de la historia.

    Pero ¿acaso no pasa algo similar con el culturismo? En la antigüedad, el estándar

    del cuerpo perfecto era fijado por las esculturas, las representaciones de las deidades de esa época, las más virtuosas y qué, según el imaginario de aquella época, eran las que poseían el mejor físico. El culturista tomaba estas esculturas como referencia y buscaba convertirse en ellas, participar de su idea. Pero, no debemos olvidar, que estos dioses son una especie de nivel superior al ser humano, un cuerpo más allá

    de, un cuerpo que amplifica todo lo perfecto del humano y llega de igual forma a la exageración de ciertas características. Para la escultura griega “[…] su punto de partida está en la naturaleza; pero este realismo inicial está frenado por una dosis igual de idealismo” (Román, 2002, 67) así, el culturismo es un deporte que, desde sus inicios es consciente de su propia limitación, el culturista es consciente de que, el cuerpo que busca no existe, y no puede ser reproducido con exactitud. Por lo que, al igual que el travesti, se contenta solo con el juego, con una participación del ideal lo suficientemente libre, que le permite modificarlo a su antojo, una libertad que ha permitido la transformación de la disciplina, pues esta no ha permanecido inamovible.

    Para encontrar un ejemplo de esto no tenemos que retroceder una gran cantidad de años, basta con apreciar los cambios ocurridos a partir de los años 50; época en la que culturistas como Arnold Scwarzenegger o Frank Zane abogaban por un ideal clásico del cuerpo del culturista (más apegado a la idea griega de proporción y belleza). Sin embargo, con el paso de los años llegó un uso desmedido de los esteroides (tema que retomare más adelante), uso que dio paso a cuerpos que se alejaban del ideal estético y en su lugar asombraban debido a su tamaño excesivo y prácticamente inalcanzable sin ayuda de estas sustancias. Referentes como Ronnie Coleman o Jay Cutler fueron las caras más conocidas de esta época del culturismo, llevando sus cuerpos al extremo, no solo en cuestión del tamaño, también la deshidratación los obligaba a llegar a limites que no cualquier persona puede aguantar. Con los años, esta forma excesiva de culturismo ha sido criticada, y recientemente las competencias han vuelto a los ideales de los años 50 (TiendaCulturismoBlog!, 2021).

    Vemos en este breve periodo del tiempo como esta disciplina se ha ido

    transformando, gracias a que no se tiene un cuerpo metafísico que sirva como ancla, los culturistas se han permitido jugar con este ideal e irlo adaptando según las condiciones sociales a las que estaban sometidos, como el uso de sustancias anabólicas sin medida o el posterior control legal que se ha tomado para con estas sustancias. También, dejé ver brevemente una cuestión que también concierne al travesti, la autodestrucción del cuerpo en pro de la simulación, tema que requiere una mayor explicación.


    En definitiva, lo letal no es a su vez más que una forma extrema, el exceso del despilfarro de sí mismo, y si se tiene en cuenta que el mimetismo animal es inútil y no representa más que un deseo irrefrenable de gasto, de lujo peligroso, de fastuosidad cromática, una necesidad de desplegar, aún si no sirven para nada (Sarduy, 1982, 16).

  3. Auto Destrucción


    Creo importante resaltar la importancia que da Sarduy al acto de “sobrepasar” el estándar. Sarduy se ayuda un poco del trabajo de Hugh B. Cott para mostrar un paralelismo entre el travestismo y la actitud animal de camuflaje “Si […] leemos en función del cromatismo animal la parada cosmética del travesti, […]. Se trata, siguiendo estas reparticiones, de colores apatéticos, es decir, destinados a despistar” (Sarduy, 1982, 15). Sin embargo, recalca la diferencia entre el camuflaje básico que sirve para poder agradar a las presas y disuadir a los depredadores; y aquel que llama

    animal-travesti, que “no busca una apariencia amable para atraer (ni una apariencia desagradable para disuadir), sino una incorporación de la fijeza para desaparecer” (Sarduy, 1982, 16). Como el animal que se esfuerza para desvanecerse entre las hojas o las rocas, el travesti (y el culturista) se esfuerzan para desvanecerse en la idea. Es en este desvanecimiento donde se encuentra otro punto de unión entre el culturista y el travesti, no solo por la actitud que lo provoca, cosa que espero haya quedado bien expuesta en la sección anterior; es ahora la violencia ejercida contra el propio cuerpo lo que caracteriza a estos dos personajes.

    La práctica del travesti (femenino) consiste mayormente en usar maquillaje o vestuario con la intención de ser percibido como una persona del sexo femenino, pudiendo usarse en situaciones sociales especificas o llevándolo a la vida cotidiana. El travesti no busca realizar una operación transexual que modifique su corporalidad, sin embargo, es común que llegue a usar hormonas femeninas e incluso, se someta a intervenciones quirúrgicas con el fin de moldear su figura (Cauldwell, 1966; Crepault, 1997; APA, 1995; Mc Cary, 1983; Money, 1986; Reinish, 1992, como se citó en Carramiñana, 1999, 1). No quisiera sonar insensible señalando que muchas de estas intervenciones medicas no tienen una importancia vital, pero en pro de mi argumento me veo orillado a mencionarlo; pues es esta actividad quirúrgica, que muchas veces resulta peligrosa para la vida del paciente, donde se puede apreciar un atisbo de la autodestrucción mencionada anteriormente. Estas operaciones muchas veces no son visibles para los demás, ya sea por la ropa o la corporalidad misma estas quedan ocultas; sin embargo, representan gran importancia para la percepción personales del travesti, para su acto. Entiendo que la palabra autodestrucción pueda sonar exagerada en este contexto,

    la palabra usualmente a grandes actos violentos que en ocasiones llegan a terminar

    con la vida. Sin embargo, no busco el entendimiento normal de esta palabra, sino más bien, la noción de un sacrificio corporal, por más pequeño o temporal que resulte. Debe entenderse que, en esta actitud de travestismo, el cuerpo pasa a segundo plano y lo principal es perseguir la idea, sin importar que alteraciones biológicas se deban hacer o como repercutan en la salud.

    Pasando al terreno del culturismo, mayormente podemos apreciar esta autodestrucción en el momento que hablamos del uso de esteroides como la testosterona, la hormona por excelencia cuando se habla de cualidades masculinas. Su uso en este deporte surge de sus capacidades en la construcción de masa muscular y el incremento de fuerza y energía del que dota al usuario; siendo un instrumento de gran ayuda para que el culturista pueda llevar su cuerpo a un volumen que no es alcanzable de otra forma. Todo seria perfecto para el culturista que utilice esta sustancia si no fuera por la gran cantidad de efectos secundarios que se producen en el cuerpo; entre estos efectos se destacan los problemas hepáticos, ginecomastia, empeoramiento del acné, disfunción eréctil, infertilidad, artritis; y un largo etcétera que no enlistare por completo (Rodríguez et. al., 2020). Sin embargo, el culturista está dispuesto a aceptar todos estos riesgos con pro de conseguir su físico deseado, se autodestruye en el proceso. Y otro esfuerzo es realizado al pasar a tarima para ser evaluado, pues la deshidratación y la restricción calórica extrema son parte de su ritual para poder conseguir el mejor físico. Este riesgo, junto con el sufrimiento que conlleva, son parte esencial para el acto del culturista.

    Tanto el culturista como el travesti viven en un eterno moldear su corporalidad en pro de una idea inalcanzable. Ambos se ayudan de hormonas y de procedimientos quirúrgicos para alcanzar este ideal. Será curioso notar, la elección de hormonas de cada uno, pues alrededor de la testosterona y los estrógenos siempre ha existido un manto social cargados de discursos científicos que las posiciona como las hormonas sexuales por excelencia. La testosterona pertenece al hombre y los estrógenos a la mujer, olvidando por completo que en un cuerpo funcional deben existir las dos hormonas sin importar el sexo/género del individuo.

    Otro punto destacable de esta autodestrucción es el cierre a la posibilidad reproductiva. Ya sea por convicción personal o por la imposibilidad biológica de lograrlo (como consecuencia a largo plazo del uso de las hormonas), travesti y culturista muchas veces pierden su capacidad reproductiva. Detrás de esto, esta una actitud de la que el travesti puede ser perfectamente consiente, pero dudo, que el culturista promedio la tenga en cuenta al momento de ejercer su oficio; se encuentra, la firme convicción de que el sexo/género, está separado de la capacidad reproductiva, se rechaza lo que por años había sido la distinción clave entre hombre y mujer. El culturista y el travesti encarnan el imaginario social de hombre y mujer, y notan que, en ese imaginario, la capacidad reproductiva no tiene la importancia que se le ha dado culturalmente.


  4. El Travesti Culturista


    En el año 2024 una competencia regional brasileña llamada Roraima Classic inauguro una nueva categoría masculina (Cabezas, 2024). Se nombró Men´s Welleness o bienestar. Solo basto que se agregara la palabra Men a una categoría ya existente, pero exclusiva para mujeres. Está de más mencionar, que esta nueva categoría no fue bien recibida por los aficionados de este deporte, pues el cuerpo que se colocaba como meta se encontraba muy alejado del culturista convencional. En esta categoría se priorizaba una estética femenina, reflejando un mayor volumen de piernas y glúteos y dejando de lado el desarrollo de la parte superior del cuerpo; lo que dejó una imagen extraña en los aficionados, quienes estaban acostumbrados a ver estas proporciones solo en las mujeres (y solo en unas pocas mujeres).

    Consideré importante incluir este hecho, pues en mi opinión, ilustra una actitud de aceptación al culturismo como un acto travesti, dejando entrever las posibilidades que tiene este deporte, una vez aceptados los principios del travestismo que expongo aquí, los culturistas podrían empezar a jugar de mejor manera con la idea del cuerpo, al moldear y encarnar nuevas representaciones según sus posibilidades corporales, gustos, o contexto social en el que se desarrollen, tal como lo hizo el culturista San Moraes, ganador del evento mencionado.

    Esta utopía que me gusta imaginar no se encuentra cerca de nosotros, pues ya mencioné brevemente la reacción general que se tuvo ante este evento, donde se vio que la comunidad del culturismo no tiene una mente abierta ante estos temas (como era de esperarse, pues en su cabeza este deporte es la cúspide de la masculinidad), este rechazo provoco que el evento no trascendiera y esta categoría no se ha repetido en otros eventos.

    La maquinaria que mueve esta categoría es la misma que mueve al culturista promedio. La ética, que fue dejada de lado en este trabajo, es la misma en toda la disciplina. Sacrificio y fortaleza, no se pude acusar a San Moraes de carecer de estos valores, pues el cuerpo que posee, aunque diferente, requiere de un gran esfuerzo mental y sacrificio (si consideramos los esteroides que probablemente utilizó). Pero el cuerpo de San Moraes no es rechazado por sus prácticas, sino por la imagen que encarna; pues no es el ideal masculino, buscado tanto por hombres como por mujeres que compiten; es un cuerpo femenino, cuerpo que no representa fuerza y que incluso en las competencias existe más como un momento de pasarela que busca satisfacer al público masculino en lugar de ser valorado igual que las demás categorías. El cuerpo del travesti culturista es una imagen rara para la audiencia, les hace preguntarse, ¿por qué alguien querría emular el cuerpo femenino? Pues para ellos, aceptar esto sería es la muestra más evidente de que el culturismo es travestismo.


  5. Conclusiones


La tesis más fuerte que defiende Sarduy refiere que TODOS somos travestis, pues todos en mayor o menor medida realizamos actos de imitación para alcanzar o superar una idea de género a la que queremos pertenecer. No debe sorprendernos encontrar “pizcas” de travestismo incluso en lugares nunca pensados como lo es el culturismo. La mayoría de gente ignora completamente los sistemas que rigen su vida y sin darse cuenta rechazan unos cuerpos y aclaman otros, a pesar de que han sido formados por las mismas ideas. Se debe realizar un esfuerzo constante en aprender sobre las lógicas que atraviesan nuestras costumbres, e incluso, podemos utilizar estas mismas lógicas para cambiar las costumbres que rigen nuestra vida.

Espero, mi argumentación haya sido adecuada para mostrar las similitudes que hay entre el travestismo y el culturismo. Tantas similitudes veo yo, que me atrevo a llamar al culturista como Travesti Masculino. Tomando de evidencia algunos de los artículos citados en este trabajo, noté que en la mayoría de casos cuando se habla de travestis, se habla de un “sujeto de sexo biológico masculino, que se identifica poderosamente con el género femenino, pudiendo de manera compatible vestirse de mujer y adoptar el papel femenino en su vida diaria” (Carramiñana, 1999, 1), y deja otras posibilidades de travestismo como un terreno con poca exploración. Pues, en la sociedad en la que vivimos, la búsqueda de los valores y la corporalidad masculina no es una excepción, es la regla bajo la que toda persona se tiene que regir si busca hacerse de un lugar importante en la comunidad.

Así la realización de este articulo me deja con más preguntas que respuestas, aquellas que tendrán que ser resueltas en trabajos posteriores. ¿Sera acaso, qué el rechazo social generalizado hacia el travestismo no se trata del acto en sí? ¿Sera, que la gente no rechaza la simulación, sino que rechaza la simulación femenina? Espero estas incógnitas puedan ser trabajadas en el futuro. Por el momento me contento con hacer esta exposición, que busca señalar a una de las diciplinas socialmente más referida a la masculinidad, y descubrir detrás de ella, aquellas actitudes que son criticadas y rechazadas cuando el objetivo no es el hombre, sino la mujer. Señalo al culturista como el travesti masculino.

Referencias


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Cabezas, Roberto (15 de febrero del 2024). Polémica por las reacciones homófobas a la nueva categoría de culturismo masculino. Men´s Health. https://www.menshealth.com/es/fitness/a46785883/ culturismo-lio-categoria-poco-hombres/


Carramiñana, C. E. (1999). Forjarse mariposa... o la construcción de lo travesti. Última década, 7(10), 111-125.


Cartwright, M. (2013, May 02). Roman Baths. World History Encyclopedia. https://www.worldhistory. org/Roman_Baths/


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