Rogelio Laguna
En este artículo se aborda la comunicación e interrelación entre la teoría queer y la interculturalidad con el objetivo de ampliar el estudio de las intersecciones que atraviesan la diversidad sexual, incluyendo el tema de la memoria y la identidad. Primeramente, se realiza una presentación del concepto de queer, para explicar cómo este vocablo dio pie a una serie de teorías que constituyeron un marco esencial para el estudio de las disidencias sexuales. Se aborda a continuación la relevancia de aproximarse a la comunidad LGBTQ desde una perspectiva intercultural, especialmente en un contexto pluricultural como es el caso mexicano. A partir de las teorías presentadas en el artículo se aboga por una discusión abierta sobre diversos elementos constituyentes de quienes forman parte de la comunidad LGBTQ+.
Autor/ Author
Rogelio Laguna
Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad de México, México
Recibido: 22/04/26 Aprobado: 04/06/26 Publicado: 20/07/2026
En términos históricos, es reciente el reconocimiento social y legal a la diversidad sexual. Afortunadamente en las últimas décadas diversos espacios se han construido no solamente para reivindicar una identidad y una manera de estar en el mundo, sino también para construir el verdadero reconocimiento que requieren todas las personas, independientemente de sus orientaciones y sus identidades. Acompañando estos esfuerzos, se hace pertinente preguntar ¿qué tipos de vidas diversas podemos observar en estos espacios?, ¿acaso refieren sólo a la diversidad sexual?, o ¿hay otras diversidades presentes?
En este trabajo nos proponemos reflexionar acerca de la relación entre la teoría Queer y la interculturalidad. Aunque estas dos perspectivas son conocidas y estudiadas por separado, ha sido poco explorada la importante interrelación que existe entre ambas y la manera específica en que se podrían interconectar y comunicar entre ellas para la comprensión de diversos procesos identitarios que actualmente tiene lugar en la sociedad.
Para abordar la cuestión Queer me baso en dos textos de reciente publicación: Teoría Queer/cuir en México, disidencias, diversidades y diferencias, publicado por la UAM, qy el libro Devenir Queer al límite del patrimonio, editado por Museo Q, plataforma que justamente reivindica la identidad Queer.
De acuerdo con las fuentes, la palabra Queer originariamente se utilizó como calificativo peyorativo: cuando alguien era extraño, cuando alguien no se ajustaba a las normas o a los cánones, se le llamaba Queer. A los niños, principalmente en Inglaterra, cuando se les percibía como “un poco raros”, extraños o afeminados, se les denominaba como Queer. Con el paso del tiempo, los estudios señalan que las personas se apropiaron de este vocablo, comenzaron a reivindicarlo ya no como un elemento peyorativo, sino como un elemento que afirmaba que ser diferente estaba bien, que estar fuera de la norma era algo intrínsecamente malo o rechazable. De esta forma, actualmente cuando hablamos de las teorías Queer, hablamos justamente del resultado de construcciones teóricas que se apropian de la disidencia, de la posibilidad de enmarcar lo que está fuera de la norma para usarlo como bandera y como vocablo de reivindicación de la diferencia. Así, el uso afirmativo de lo Queer se asoció primordialmente del terreno del activismo (Serret et al., 2025). En consecuencia, un término que era despectivo y marginalizante, que indicaba lo que la sociedad había acusado de anormal y lo que el dispositivo médico había calificado como perversión, pasó a ser el núcleo de una identidad.
En cuanto a sus postulados, una de las grandes aportaciones de la teoría Queer es
romper las estructuras normativas que habían determinado lo que era ser hombre y lo que era ser mujer; lo que era ser heterosexual y lo que era ser homosexual, intentando evitar las clausuras conceptuales que suelen surgir en tradiciones intelectuales que buscan establecer definitivamente los conceptos, cerrarlos a cualquier modificación posible, universalizarlos. Lo Queer en cambio cuestiona las concepciones tradicionales
de género y sexualidad, aunque sin llegar a un consenso o crítica definitiva, pues existen posiciones donde la teoría Queer también tiene sus propios debates internos, por ejemplo, si las diferencias biológicas deben ser consideradas como elementos constitutivos del análisis crítico, o si bien, pueden pasarse por alto2.
Siobhan Guerrero, siguiendo a Ásta Sveinsdóttir, nos dice “[…] la teoría Queer, así como otros feminismos de la tercera ola, se caracteriza por un abandono de la tesis de la estabilidad metafísica del sexo. Es decir, el sexo no sería algo aislado del mundo, sino afectado por las prácticas, la cultura, etc.” (2025, 57). Son comunes los comentarios que dictan: “Tú tienes que ser hombre, porque así naciste”, como si quisieran indicar que Dios decidió que alguien es, por ejemplo, hombre, y que, además, hay una sola forma de ser hombre. Esto implicaría que un sujeto tendría que comportarse acorde a ese molde que abarca, en definitiva, lo que pensamos que es ser un hombre o una mujer. No hacerlo, desde una postura metafísico-teológica supondría ir en contra de la voluntad divina.
Frente a esto, la teoría Queer mantiene una postura abierta frente a una noción fosilizada de qué significa ser hombre o mujer, pues para empezar ser mujer o ser hombre no puede estar aislado del mundo y es resultado de las prácticas de la cultura y de los diferentes devenires históricos. De esta manera, negar la estabilidad metafísica del sexo como algo natural o transhistórico implica que la forma de delimitar y comprender el sexo ya no se piensa como invariante entre las diversas culturas, sino justamente como un espacio abierto, como una serie de performatividades que se están construyendo en cada espacio. No es lo mismo ser hombre en Japón que ser hombre en México. No es lo mismo ser hombre en Monterrey que ser hombre en Oaxaca; ser hombre no es una estructura metafísica separada del mundo, sino que es algo que va a variar de acuerdo con las propias culturas y los propios devenires.
Se intenta evitar que el cuerpo ocupe la posición del noúmeno kantiano. De tal manera que la posibilidad misma de conocerlo en sí mismo resulta ingenua, pues todo acto encaminado a ganar acceso epistémico al cuerpo necesita emplear categorías que presuponen ya ciertas lógicas de género. Si esto es así, entonces el cuerpo sexuado es ante todo propio del orden de los fenómenos y está inherentemente atado a los aparatos conceptuales y las prácticas. Por lo tanto, que filósofos, filósofas como Karen Barat defiendan desde el nuevo materialismo feminista el hecho de que las fronteras del cuerpo son una consecuencia del modo en el cual intervenimos e interactuamos con la materia. (Guerrero, 2025, 59).
Judith Butler, una de las grandes filósofas contemporánea e impulsora de la perspectiva Queer, nos dice Guerrero, y también Barat, atacan una noción metafísica del sexo, en cambio abogan por comprender las condiciones según las cuales entendemos a los géneros de una o de otra manera. Desde esta perspectiva:
Dicho de otra manera, se nos ha dicho que un cuerpo femenino es A y que un cuerpo masculino es B. Pero, al mirar los cuerpos femeninos o los masculinos, no encontramos un sujeto igual a A o a B; no encontramos el ideal en los cuerpos sino apropiaciones, performatividades, cada uno hace lo que puede para, en la medida de lo posible, cumplir con lo que se ha dicho es ser hombre o ser mujer, incluyendo nuestros propios procesos corporales. Esta normatividad llega incluso a un estándar
clínico, que sin embargo también podría debatirse. Se dice, por ejemplo, que el cuerpo femenino está asociado necesariamente a ciertos procesos corporales, no obstante, al revisar cuerpo por cuerpo, esta expectativa no se cumple en todos los casos; la norma se observa entonces como una especie de entelequia, un lugar inalcanzable. Pensar el ser hombre o ser mujer como un paquete biológico no negociable e que simplemente tendríamos que asumir como una Idea metafísica, no se adapta a la realidad que vivimos y experimentamos. Lo que existe es una multiplicidad de corporalidades, y éstas se van moldeando, se van construyendo a partir de cómo intervenimos e interactuamos con la materia. Por supuesto que hay condiciones, que van marcando la vivencia de la corporalidad, pero también somos nosotros/as quienes nos cortamos el cabello, hacemos ciertas actividades, nos alimentamos de tal o cual manera, hacemos o no algunos esfuerzos físicos y con ello vamos significando
una expresión corporal.
Al ir a la vivencia particular, rechazando entelequias metafísicas, la teoría Queer, y sobre todo las expresiones Queer, desafían el significado de las categorías del acrónimo lgbtq+. Cabe recordar que todas esas “letras” visibilizan grupos con características particulares. Pues no nos referimos al mismo tipo de características al hablar de los hombres gay que las mujeres lesbianas o que las mujeres trans, hay necesidades grupales específicas en términos de salud, reconocimiento, leyes, prácticas, etc. Cada letra del acrónimo existe por una razón y su existencia es válida, lo que señalamos es que la teoría Queer va más allá de esta clasificación y nos recuerda también el riesgo de “creerse la etiqueta completa” y de asumir que, por ser un hombre gay
o una mujer lesbiana o una persona trans, se cumplen con una serie de mandatos
o de expectativas que finalmente acaban de nuevo sometiendo la subjetividad y la corporalidad. Así, lo Queer, es el recordatorio permanente de la importancia de la autocrítica, de la autorreflexión, del cuestionamiento de las categorías y de realmente asumir el derecho que tenemos a ser quienes somos más allá de las definiciones.
En cuanto a lo que se le ha criticado a la teoría Queer, uno de los temas a resaltar es que parece abandonar el proyecto ilustrado de construir respuestas universales:
¿Qué significa ser hombre?, ¿Qué significa ser mujer?, ¿Qué significa ser humano? En cambio, en esta teoría pone el énfasis, en las disidencias y en las posibilidades de vivir de otra manera nuestras identidades. Se trata de un construccionismo que cuestiona lo que supuestamente era incuestionable; propone que nuestras vivencias, incluso corporales, están construidas desde las prácticas culturales, nuestros propios deseos y nuestras propias interacciones con la materia, es decir, con otros cuerpos.
Siobhan Guerrero advierte, empero, que la teoría Queer no es una ruptura radical con la tradición filosófica que aspira a universalizar. En sus palabras, «[…] la teoría queer es, de hecho, heredera de un pensamiento ilustrado. Empero, tal teoría recupera únicamente los aspectos críticos -en sentido kantiano- y emancipadores del proyecto ilustrado, mientras que intenta dejar de lado algunas de las complicidades colonialistas [...]” (2025, 68).
Recordemos que el proyecto ilustrado trajo como consecuencia la pretensión de universalización de los estándares, de lo que significa, por ejemplo, ser humano, pero también conllevó una jerarquización. ¿Qué culturas eran superiores? ¿Cuáles todavía se encontraban “primitivas” –de acuerdo con las palabras de la época–? Es
muy contrastante que, por un lado, la ilustración ofrece conceptos que permiten hacer lecturas muy amplias e integrales de los procesos sociales y, por otra parte, también dejan de lado muchas disidencias a lo “occidental”. A pesar de las críticas no debe soslayarse que este proyecto, especialmente en sentido kantiano, acuño la frase, sapere aude, atreverse a pensar para salir de nuestra minoría de edad, (en palabras de Kant), y empezar a ser nosotros, nosotras mismas. Guerrero señala por ello que la teoría Queer recupera y resignifica esta frase en su sentido de “atrévete a ser quién eres”.
De esta manera, cuando hablamos de la comunidad lgbt+, y se incorpora lo Queer, se incorpora cierto tipo de pluralidad crítica donde los conceptos ya no son suficientes. Conceptos como gay o lesbiana son categorías normalizadoras en la medida en que forzan a elegir entre un determinado catálogo y amoldarse al mismo. En cambio, una persona Queer no necesariamente tiene que comprometerse con ser un hombre gay por siempre, puede tener prácticas que son divergentes de lo que tradicionalmente es un hombre gay; o una mujer lesbiana-Queer no tiene por qué comprometerse con todo lo que se ha asociado con las mujeres lesbianas.
El siempre creciente número de siglas que integran la llamada comunidad de la disidencia sexual en realidad de género atestigua que la lógica específicamente moderna consiste en la progresiva diversificación en todos los órdenes que integran lo social está, en los hechos, deconstruyendo al género; no sólo como expresión identitaria sino, desde sus raíces como ordenador simbólico primario. Es este el territorio de lo Queer/cuir. (Serret, 2025, 35).
El reconocimiento de la “Q” al lgbt+, incorpora un espacio de indeterminación que hace patente que los conceptos siguen abiertos y no están cerrados, que todo el catálogo que hemos construido podría cambiar y principalmente: que no agota el fenómeno de la diversidad y la disidencia sexual. Por eso las letras LGBTQ… no dejan de crecer, porque cada vez hay más grupos, más personas que forman nuevos grupos que piden reconocimiento:
La teoría Queer permite dar espacio a las experiencias marginalizadas a vivencias plurales que no encajan con lo establecido. El Museo Q, manifiesta esta apertura en este poema:
Queer es cuerpo y sexualidad.
Queer es acción, movimiento y tránsito. Queer resiste identificaciones. Es eso, es él, Es ella, es elle, es algo, es
Queer es variado y variable. Es efímero.
Una acción finita, a veces autoaniquilada.
Queer es insulto. Queer es rarito.
Queer es Cuir, Kuir, Cuyr y Qüir.
Queer es traspasar límites umbrales, fronteras, márgenes, vigilancias.
Queer molesta, rasga, tuerce. Queer es desvío, es otro final. Queer es fábula, utopía y fantasía.
Queer es un desafío, es una intersección.
Queer es economíaarquitecturapolítica. (Museo Q, 2020 8).
Lo Queer conlleva no estancarse, no asociarse directamente con una agenda, no detenerse en una manera específica de ser que deba mantenerse invariable, incluso ir más allá de lo que los colectivos mismos han elegido para definirse:
Ser una persona de sexo y género diverso significa más de lo que le han otorgado. Solo conocemos nuestra historia, medio borrada por nosotros mismos, por la voz a voz; porque entre la persecución que hemos vivido y el deseo de la sociedad de eliminarnos de la tierra, no tuvimos tiempo de preservarla. (Museo Q, 2020, 109).
Es importante detenernos en la construcción y preservación de la memoria de las disidencias Queer y lgbt+, pues durante muchos momentos de la historia ya se difería en lo qué significaba para las comunidades ser mujer u hombre, en cómo vivir la sexualidad y la identidad, incluso de manera no binaria. Desafortunadamente esta memoria no se preservó y hasta muy recientemente se han empezado a hacer esfuerzos para ir haciendo una colección de centros de memoria. Parte de la tarea que se está haciendo desde la teoría Queer es recuperar la memoria histórica de diversos colectivoxs y agrupaciones.
También a los grupos de la diversidad cultural, como veremos más adelante, se les ha “borrado” la memoria colectiva, no se les ha permitido documentar su pasado, de dónde vienen. Por ejemplo, las personas afrodescendientes de nuestro país todavía se preguntan ¿de qué países vinieron?, ¿qué lenguas hablaban sus ancestros?, ¿qué comían?, ¿cómo se vestían? No lo sabemos con certeza, esa memoria también está en construcción.
Hay muchas similitudes entre diversos grupos de la diversidad cultural y los grupos de la disidencia sexual que están luchando por preservar su memoria, por acordarse quiénes fueron los que construyeron sus espacios de resistencia, de pervivencia
identitaria. Así también lo mencionan en uno de los esfuerzos de memoria que hemos encontrado: «Identificar cuáles son aquellos lugares que podrían contener nuestra memoria marica -o memoria cuir-, entre los que podríamos contar ahora los cinemas rotativos que marcaron generaciones previas al internet, […] en el reconocimiento de lo de lo patrimonial, […] la movilización, el trabajo colectivo.” (Museo Q, 2020: 82). El Museo Q se está documentando el arte transformista, comúnmente llamado drag, que fue visto por siglos como una práctica cultural marginalizada, algo que estaba al margen de las buenas costumbres, de los buenos lugares, un arte que pasaba en una trastienda.
“No se le ha reconocido a ciertas comunidades una serie de experiencias, saberes, corporalidades, no normativas, que también implican un cierto tipo de belleza, de glamur, de espectacularidad y de construcción de espacios.” (Museo Q, 2020, 124) En ese sentido, lo Queer se concentra en la diferencia, frente a un discurso normalizante, binario y colonial. Esto no para volver a subrayar una normalidad y una anormalidad, sino para ampliar el concepto de normalidad: “La diferencia en lo Queer es tanta como la que podría haber entre cada sujeto. Nosotros no somos anormales, somos personas común y corrientes” (Museo Q 2020, 131). Se trata, en suma, de poner a la diversidad como norma.
¿Qué es la interculturalidad? Las sociedades están constituidas por grupos diversos. Podríamos decir que prácticamente todas las sociedades humanas, son multiculturales. La interculturalidad, sin embargo, no hace referencia a la presencia de las culturas, sino a una manera en que las culturas se relacionan entre ellas, reconociéndose unas a otras en igualdad de valor, pero sin mezclarse. Es importante remarcar que el ideal de la interculturalidad no es hacer una sociedad donde las diferencias, se junten y surja algo nuevo, y donde se tenga que abandonar la propia identidad para poder participar en una colectividad humana. Así, no se tiene que renunciar a una identidad o cultura para ser reconocido dentro de un grupo.
Mientras que la teoría Queer hace patente la porosidad de las categorías y las identidades, y pone énfasis en la liquidez que tienen las subjetividades; la interculturalidad, sin embargo, intenta definir muy claramente los núcleos culturales, como el punto de partida para a partir de ahí establecer un diálogo con los demás grupos. Parecería, por lo tanto, que hay una tensión y que estas teorías se limitan una a la otra. La teoría Queer borraría cada vez más las identidades fuertes, mientras que la interculturalidad necesita que existan para garantizar el verdadero reconocimiento a los grupos culturales.
Esta tensión, sin embargo, enfrenta importantes retos teóricos, cuando tomamos conciencia de que en los grupos indígenas también existe la diversidad sexual y otras disidencias. El reconocimiento de la diversidad sexual en los pueblos originarios a veces toma por sorpresa a los tomadores de decisiones e incluso a personas dentro de las propias comunidades que piensan que este es un fenómeno urbano, occidental o colonial que es ajeno con los ideales de familia o de género que se reproduce culturalmente en estas comunidades. En otros casos, las comunidades
rebasan todas nuestras ideas o preconcepciones sobre los géneros, y poseen una multiplicidad de maneras de vivir la identidad asemejándose a los postulados de la teoría Queer. No clausuran lo que significa ser hombre o ser mujer, sino que admiten matices importantes. Hay pueblos indígenas en México, como los tseltales, donde hay personas que se refieren a sí mismas como hombre-mujer (ansil winik) ¿es esto lo no-binario?
Cuando estudiamos la diversidad sexual en el marco de la diversidad cultural es importante observar cómo dentro de las culturas están presentes las diferentes expresiones de la disidencia sexual y en muchas ocasiones las propias culturas han encontrado maneras para incorporarlas dentro de sus propias prácticas, en otros casos, estas personas sufren discriminación y son expulsadas de la comunidad. A pesar de las resistencias, la relación identitaria de ser simultáneamente indígena y parte de la diversidad sexual cada vez está más presente, dentro de las comunidades empieza a cuestionarse, si ser indígena significa ser necesariamente heterosexual, casarse, y tener hijos.
Las personas LGBTQ+ indígenas en ocasiones alzan la voz a contracorriente de los deseos de su propia comunidad. Y sería muy fácil que dentro de estos mismos grupos les llamaran a estas personas raras o indeseables… Queer. La lucha de estas personas busca poder afirmarse de una manera diferente a lo solicitado por su colectivo: “yo quiero seguir siendo Tzotzil y además ser una persona homosexual, no quiero renunciar a mi identidad Tzotzil o, “no quiero renunciar a ser rarámuri o, no quiero tener que salir de mi comunidad para poder vivir mi identidad”.
Hay muchas maneras en que la teoría Queer nos ayuda a entender lo que significa ser diferente, incluso cuando ya se forma parte de un grupo que es diferente, porque como es sabido, los pueblos indígenas en México han vivido una marginalidad histórica en la que han sido discriminados. Por ejemplo, podemos observar desde lo Queer como en diversos pueblos indígenas no hay un lenguaje binario que distinga entre femenino y masculinoy por lo tanto no requieren de hablar de lenguaje inclusivo que tenga que adquirirse. Y hay grupos que han logrado ir transformando la tradición para ir incorporando a las personas que expresan la diversidad y la disidencia sexual dentro de las comunidades.
Las personas muxes, por ejemplo, tal vez sean la expresión de diversidad identitaria que conocemos más, porque aparecen en series, documentales, y hay una presencia amplia de las personas muxes en diversas manifestaciones culturales. Hay grandes discusiones si se trata de un tercer sexo o un tercer género. Los muxes hablan de sí mismos en masculino, pero en otras ocasiones en femenino, no han llegado a un acuerdo específicamente de qué significa ser una persona muxe, y tal vez no requieren una definición última. Este grupo cultural ha logrado ir construyendo identidades alternativas, que bien podríamos identificar como Queer, pues las propias personas muxes podrían decir, que está en construcción lo que significa ser muxe. Se sigue descubriendo qué significa esta identidad que todavía está rodeada y atravesada de modelos patriarcales.
Actualmente incluso es posible ver organizaciones de grupos indígenas dentro de las marchas, no solo sujetos aislados, que reivindican la diversidad sexual (CBTV, 2022). Esto muestra cómo la participación de la diversidad ha crecido con el tiempo:
si hasta antes del siglo XX las manifestaciones LGBTQ+ tenían que participar en el marco de marchas y causas sociales con otros fines, como las estudiantiles o aquellas conmemorativas del 2 de octubre en México (García, 2025), ahora tienen sus propios espacios y su propia voz en la organización y movilización.
Cuando se piensa en lo Queer en los pueblos originarios observamos que para comprender sus identidades no bastan muchas veces las categorías “hombre” y “mujer”, pero tampoco las definiciones de lesbiana, gay. Pues recordemos que los pueblos originarios viven identidades construidas en la disidencia, interna y externa a las comunidades. En la que se suman condiciones que históricamente se han marginalizado.
Cuando hablamos de diversidad sexual y diversidad cultural, se trata entonces de un nuevo juego, un cambio en las reglas que desafía la antropología tradicional, pero también la visión histórica de los pueblos con los consecuentes cambios en sus estructuras normativas. Se rechazan las generalizaciones y los modelos clausurados, como pasaba en la teoría Queer, justamente en una visión no esencialista de la identidad e incluso del cuerpo, como pasa con las personas muxes, se articulan nuevas luchas identitarias que implican no sólo la identidad de la diversidad cultural, sino también de la disidencia sexual.
La perspectiva interseccional nos ha ayudado a explicar cómo se suman factores que pueden hacer que una persona sufra discriminación o tenga mayores oportunidades porque conjunta una serie de elementos: ser mujer, ser indígena, ser pobre o tener estudios universitarios. Todo eso define quienes somos en la sociedad. La teoría Queer aporta al reconocimiento de una diversidad mucho más amplia que se encuentra en construcción y por supuesto, también lucha contra modelos coloniales e impuestos, pues la idea de ser hombre o ser mujer que se reproduce en las comunidades viene en gran medida desde la colonización española. Pero existen varias expresiones artísticas previas a la conquista que podrían considerarse Queer pues sus representaciones no se ajustan a los cánones binarios de género.
Para concluir, me gustaría partir de una crítica hecha desde Ecuador a la cuestión Queer:
Y yo preguntaría a la autoridad Queer y aquellos que la sustentan. ¿El hecho de eliminar las categorías de hombre y mujer elimina la injusticia en la realidad social? Dudo mucho que eliminar dichas categorías cambien el sistema, porque más bien tendríamos que modificar todo el sistema (cosa de la que no hablan los Queer e implicaría una organización colectiva importante) para eliminar la injusticia y violencia que por sexo se ejerce hacia la mujer, eliminar los términos no cambia la realidad de los hechos. ¿Acaso por dejar de sentirme mujer no seré violentada, golpeada, secuestrada, violada o explotada sexualmente? (Nxu Zänä, 2010).
Habría que reflexionar estas palabras con mucho cuidado. Si bien puede matizarse cómo se está categorizando aquí la teoría Queer, claramente hay un reclamo que habría que atender al poner el diálogo a la teoría Queer y la interculturalidad con el objetivo de articular todos aquellos dispositivos teóricos que tenemos a nuestra
disposición para construir una sociedad más justa donde nadie sea excluido de sus derechos, ni por ser lgbtq+ ni por ser parte de los grupos que conforman la diversidad cultural.
La memoria, como dijimos, es un espacio en disputa, no solamente las personas lgbtq+ están intentando guardar un espacio de la memoria para su propio trabajo colectivo, historia de lucha, sino muchos otros grupos están también trabajando en estos procesos de memoria y de reivindicación que se traduzca en derechos. Con la perspectiva intercultural, pero también la Queer, tenemos el reto de transformar nuestra manera de pensar la historia, nuestro presente y atender nuestro futuro. Afirmarse como Queer desde mi punto de vista no es dejar de poner atención a necesidades históricas, sino de hacer justicia a otras identidades y procesos que no habían sido ni siquiera nombrados.
Todxs somos un poco raros en alguna medida. Algo hacemos que no cumple con los ideales que se nos han puesto para ser hombres o para ser mujeres, algo es raro en nosotros. Estamos educados para limar esas rarezas y ser lo más homogéneos posibles, evitar la exclusión, evitar ser disonantes en los grupos. La teoría Queer y la interculturalidad logran trabajar juntas para romper la expectativa de una total homogeneización de la sociedad.
Recordemos, finalmente, que La teoría Queer es un espacio en construcción, no solo por el poco tiempo que lleva en desarrollo comparada con otras teorías; sino también porque en su mismo espíritu se esconde un sentido de construcción perpetua. Sus principios incitan constantemente al cuestionamiento del mundo, cuestionamiento que se aplica sobre la misma teoría; lo Queer es pues, el espacio de duda a partir del cual se irá construyendo el futuro de nuestra sociedad, si logramos que trabaje todavía de una manera más amplia con la interculturalidad, puede preverse nuevas rutas para el trabajo con identidades complejas que no pueden soslayarse en el reconocimiento de los derechos fundamentales.
1 Agradezco a Ángel Fernando Molina Castro por su ayuda en la realización de este artículo.
2 En nuestra opinión un argumento biologicista corre el riesgo de estar estandarizando, categorizando o clausurando qué significa ser hombre y qué significa ser mujer con argumentos que provienen de la normalización médica. No ahondaré sobre las discusiones sobre la biología en estas teorías, pues excede los fines de este artículo.
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