Jorge Alberto Monge Ortiz

Lectura socio discursiva de la novela costarricense Sin voz ni techo de Nacer Wabeau


RESUMEN

El presente artículo establece una lectura analítico discursiva de la novela Sin voz ni techo del autor argelino-costarricense Nacer Wabeau con el fin de deconstruir mediante el sentido cómo la novela aglutina ideas sociales, culturales y de creencias que constituyen parte de la ideología social..

Palabras Claves: literatura, discurso, sociedad, ideología.

Abstract: This article presents an analytical and discursive reading of the novel *Sin voz ni techo* (Without Voice or Roof) by the Algerian-Costa Rican author Nacer Wabeau, aiming to deconstruct, through meaning, how the novel brings together social, cultural, and belief-based ideas that constitute part of social ideology.

Key words: : literature, discourse, society, ideology.

  1. La novela costarricense Sin voz ni techo como proceso socio discursivo



    Autor/ Author

    Jorge Alberto Monge Ortiz Universidad de Costa Rica San José, Costa Rica


    ORCID: 0000-0002-

    0888-4184

    Correo: orgealberto. monge@ucr.ac.cr


    Recibido: 18/08/25 Aprobado: 15/10/25 Publicado: 20/07/2026

    Existe en el discurso literario una estructura inmanente que trasciende el texto mismo y que subyace en una red de apropiaciones semánticas que se dan en el acto de leer y que, a su vez, funcionan como génesis de una red ideológica dentro de la propuesta del mismo discurso; esto se conceptualiza como la polifonía del discurso.

    A su vez, el discurso literario funciona como una herramienta epistemológica que tienen la capacidad de funcionar como génesis analítica de las diversas preocupaciones sociales que permean la sociedad costarricense.

    El objetivo central del presente artículo es plantear la novela Sin voz ni techo como una herramienta de conocimiento social que deviene en una lectura contextual que supera el lenguaje en el cual se configuró y que ,como un espejo, refleja posibles lecturas de situaciones sociales que se presentan en el texto y que se puedan mejorar haciendo conciencia de ellas.

    […] de hecho, ingresamos ahora en un ámbito más próximo al de las ciencias sociales: el de la acción y la interacción. Esto es, los discursos no sólo consisten en (estructuras de) sonidos e imágenes, y en formas abstractas de oraciones (sintaxis) o estructuras complejas de sentido local o global o formas esquemáticas. También es posible describirlos en términos de las acciones sociales que llevan a cabo los usuarios del lenguaje cuando se comunican entre sí en situaciones sociales y dentro de la sociedad y la cultura en general […]” ( Van Dijk, 2006, 38).

    Este tipo de relaciones interdiscusivas literarias son las que más colaboran con el proceso interdisciplinario de las ciencias sociales según Teun Van Dijk, especialista del discurso :

    En el caso de la literatura costarricense, esta característica del discurso literario fue palpable, por ejemplo, en la manera en la cual influyó en Costa Rica la percepción que se tuvo de los trabajadores de la Standard Fruit Company a partir de la obra de Carlos Luis Fallas Mamita Yunai.

    Estas redes de sentido literario sociales son las mismas que llevan a concientizar al lector de Única mirando al mar sobre la vida de los buzos que viven de la basura en San José o en la manera en que la novela de Fernando Contreras Los Peor se propone como un texto que exponen la marginación cultural y social en el centro de la ciudad. Estas tres obras literarias plantean tal y como lo hace la novela de Nacer Wabeau

    Sin voz ni techo, en sus redes de significado, lo que Van Dijk entiende como la tríada analítica discurso, cognición y sociedad.

    El análisis crítico del discurso como se observa refleja una problemática social concomitante con las realidades sociales tal y como afirma el analista Van Dijk.

    El discurso se construye con la lectura, debe contextualizarse y obliga al análisis social. Ello distingue por ejemplo a la literatura clásica en su poder referencial y social puesto que su hilo narrativo trasciende el hilo argumental de la historia.

    Es decir, que la problemática que presenta Sin voz ni techo se entrelaza conceptualmente con la problemática puesto que plantea la segregación como temática a partir de la lectura de sus personajes dentro del contexto social.

    El análisis socio discursivo se encuentra implícito en la polifonía discursiva de la novela y se reafirma en el sentido que emplea Van Dijk y relaciona el autor, la acción y la interacción.

    En todo caso, sería la acción y la interacción del investigador con el texto como fenómeno cultural y a partir de lo que sostiene el mismo Van Dijk sobre la interacción del discurso con su contexto cultural: “No sólo las características del contexto influyen sobre el discurso; lo inverso también es cierto: el discurso asimismo define o modifica las características del contexto” (Van Dijk, 2006,45).

    La fenomenología de leer deviene en la construcción del discurso y como se puede observar en la cita anterior, con el devenir social, es decir , con el texto y a partir de él. La novela puede deconstruir la fenomenología social. Es por ello la relación dialéctica entre lo que se vive en algún momento histórico y la historia es lo que bien puede transformarse en literatura.

    La novela, como instrumento de investigación funciona como un espejo la realidad contextual de su tiempo y también se propone como un juego significativo

    […] Interrogado el texto literario como se interroga el discurso producido en la situación analítica, se sabe de antemano que su “verdad” está precisamente en lo que calla, en el lapsus, en el juego de los significantes, en el revés de una trama cuyo “derecho” es un pre-texto. La “verdad” del texto sería únicamente producto de la lectura del crítico quien, iluminado por la teoría científica, está en condiciones de sortear todas las trampas que la lectura tiende a sus lectores profanos (Amoretti, 1992, 65).

    con la persona que lee, tal y como sostiene Amoretti en cuanto a la verdad textual:

    La novela Sin voz ni techo constituye una aglutinamiento polifónico cuya trama plantea la realidad socio económica y cultural en la cual subyace la presencia de factores discursivos históricos que determinan y reflejan el devenir social.

    Se trata entonces de una hermenéutica discursiva y polifónica que evidencia la fenomenología de las estructuras socio discursivas del poder social en un determinado momento histórico en Costa Rica y cómo se aglutinan para configurar un texto crítico social que evidencia la relación histórica con el texto en la manera más inmediata de la definición de discurso en el sentido que define la sociocrítica: “Para la sociocrítica el discurso es la mediación fundamental entre el texto y la realidad”. (Amoretti, 1992, 34).

    Desborda el análisis textual la definición ontológica de realidad; no obstante se plantea analíticamente como las referencias históricas intertextuales con el objetivo de que “dialoguen” con el texto literario que propone el autor en el hilo narrativo.

    La metodología del artículo es cualitativa puesto que se trata de explorar la genealogía novelística a partir de la lectura de sucesos que han ocurrido o de situaciones sociales que son evidentes en un contexto social.

    Se parte del concepto de literatura como práctica social en el sentido de que la novela constituye un aparato lingüístico por leer como práctica social tal y como lo define María Amoretti en su diccionario: “Es práctica social en tanto es el resultado de una serie de selecciones operadas por diversos filtros sociales, económicos y culturales en los proyectos que los escritores han llevado a la etapa de la escritura”. ( Amoretti, 1992, 77).

    Se trata de una lectura de diversas lecturas, una propuesta de redes semánticas en la polifonía de sentidos que el texto propone tal y como lo afirma a propósito del texto literario Manuel Picado: “El tercer nivel puede denominarse histórico-coyuntural. En él interesan las representaciones que se asocian al significante textual y lo cargan, lo saturan al ponerlo en circulación”. ( Picado, 1983, 26).

    La metodología es la lectura crítica discursiva en el nivel semiótico; en otras palabras “[…] como una semiosis, es decir como un proceso por medio del cual se relaciona un contenido con una expresión. Vistas así las cosas, toda lectura implica una competencia del lector, comparable, aunque no idéntica, a la del productor del texto” ( Amoretti, 1992,75).

    Es lo que se podría conceptualizar como “volver a decir la expresión literaria” desde un punto de vista crítico que analice la génesis de la producción literaria y asimismo la novela como instrumento de crítica social tanto de la cultura como de la sociedad costarricense, en un momento dado.

    Se parte de dos conceptos fundamentales que se plantean con el fin de trabajar la fenomenología investigativa en el texto: fenotexto y genotexto, que se definen como sigue:

    Fenotexto: es la superficie y estructura significada. Realiza lo que está programado en el genotexto. Es decir, deconstruye y recombina el genotexto en función de la especificidad del nivel que él representa.

    El fenotexto es lo que se percibe, el texto tal y como aparece. (Amoretti,1992, 53). El genotexto programa para la producción de sentido pero es producto de las estructuras de la sociedad y por eso es necesario relacionarlo con ellas. Sin embargo, entre el fenotexto y el genotexto existen fenómenos discursivos como la crítica social

    que puede devenir en la lectura misma.

    La novela Sin voz ni techo tiene como un objetivo visibilizar problemas que aquejan a la sociedad costarricense y parte de lo que Nacer Wabeau, como autor, investigó. La dialéctica intertextual sí se da y se plantea como necesaria en el texto en sí.

    Este fenómeno no es extraño y se da sobre todo en la novela histórica, por ejemplo. Se combina entonces la problemática social en la ficción; se trata, en todo momento de la idea que plantea Mijail Bajtin del signo y de una lectura investigativa del mismo en el que la novela funge como discurso de enunciación y en relación con los diversos fenómenos sociales que lo constituyen, tal y como se entiende el discurso:

    Las condiciones de producción del enunciado constituyen la situación en la que se genera el enunciado. Esta idea es muy acorde con la idea bajtiniana del signo. Para este teórico ruso, el signo nace y se aprende en situación y él guarda dentro de su memoria las condiciones de la situación que lo produjo ( Amoretti, 1992, 34).

    Se trata de elaborar un discurso crítico que visibilice las posibilidades significativas en relación con la fenomenología socio cultural que proveyó su génesis textual.

    Trabajar en la novela Sin voz ni techo es develar la intertextualidad de la génesis literaria que promueve el autor como la “realidad” tal y como lo presenta Roland Barthes en su libro El grado cero de la escritura: “He aquí el ejemplo de una escritura cuya función ya no es sólo comunicar o expresar, sino imponer un más allá del lenguaje que es a la vez Historia y la posición que se toma frente a ella.” (Barthes, Roland. El grado cero de la escritura, 11)

    Sin voz ni techo es una novela inspirada en varios hechos reales. Además existe una enorme cantidad de textos sobre el tema, informes de organismos no gubernamentales, sentencias de los tribunales de justicia, estudios universitarios, un sinnúmero de artículos periodísticos, páginas de Internet que no precisa señalar aquí […] (Wabeau, 2006, 197).

    A partir de este comentario de Barthes sobre el lenguaje escrito, se puede tomar la novela Sin voz ni techo como un lenguaje que tiene o se proyecta hacia un “más allá” en el sentido que propone Barthes, puesto que tiene acicate en la historia de algunos eventos en la historia costarricense tal y como afirma el mismo autor hacia el final del texto:

    Es decir, que la novela tiene en su estructura semántica e ideológica un punto de partida en la historia y de esta forma se relaciona de manera dialéctica con su contexto y funge como voz del mismo.

    La temática urbana es especialmente corroborable en la literatura costarricense a partir de la década de los setenta. Predomina las connotaciones negativas como una lectura de una cultura excluyente en donde el otro se ve invisibilizado por políticas sociales y de consumo que prácticamente anulan al individuo como persona y afectan su nivel de inserción social tal y como afirma Alvarado: “En medio de ese universo se tejen las más diversas manifestaciones identitarias y conductuales, en las cuales la violencia, la marginalidad y el desamparo, la soledad, la miseria, la prostitución, el desempleo, la decadencia, el aumento de círculos de pobreza, las carencias sociales, son algunos de los principales elementos que se desprenden de ese maremágnum social.” (Alvarado, 2010,188).

    […* se abordará la literatura como práctica discursiva. Por tal se entenderá no tanto la posibilidad de una actividad consciente, cuanto la realización material en el discurso de un cierto tipo de relaciones conscientes e inconscientes del sujeto y del mundo; relaciones que, por otra parte, no solo se marcan en el lenguaje, sino también gracias a él. […] la literatura nos aparece como una entidad funcional a la cual no corresponde necesariamente una entidad estructural. De este modo, la literatura no existe en virtud de una supuesta “literariedad” que ella manifestaría, sino gracias a la clasificación que una determinada sociedad efectúa sobre la masa de sus prácticas de lenguaje.” ( Picado, 1983, 21). Aunque se parte de la obra literaria como expresión, se establecerá necesariamente los elementos de la sociedad y la cultura que esta expresión literaria permita. Es decir, y valga la aclaración, que aunque uno de los pilares fundamentales del análisis es la novela, no se trata de un examen eminentemente literario, sino más bien de la dialéctica del texto literario con su contexto, con su discursividad.

    Se parte de la definición de literatura que aborda Manuel Picado en su libro Literatura, ideología y crítica que, aunque publicado en la época de los ochenta, plantea los fundamentos de la lectura que se plantea:


  2. Análisis socio discursivo


    1. Fenotexto. Lectura semántica de los elementos sociales en el argumento de la novela


      Sin voz ni techo es un relato en primera persona que narra el personaje Beto que nace en un barrio simbólico llamado Paria. El padre de Beto cultiva frutas tropicales para una compañía multinacional que lo hace trabajar durante 12 horas diarias y que no le da seguro, ni vacaciones o feriados.

      Se observa en esta primera parte la explotación de las personas por medio de un trabajo que se hace necesario para sobrevivir. El protagonista del relato describe un contexto de pobreza y precariedad.

      El nombre completo del protagonista es Roberto Manchaca Zamori y la prensa lo

      describe como un criminal fuera de lo normal. Por su parte, los tribunales lo califican de monstruo rebelde. Incluso afirman que él no debería existir. Da una descripción de los olores de la cárcel y de su misma identidad como un tipo peligroso.

      Se confiesa privado de libertad debido a una falla en el debido proceso y acusado de homicidio calificado por el cual es condenado a 35 años de prisión por el homicidio de un hombre llamado Thomas W. Filibustier. Además se le condena por deteriorar la imagen del país debido a su crimen. El daño por el cual lo condenan es motivado por la perpetración de varios delitos, a saber, treinta y cinco años por un homicidio, veinte años por el deterioro de la imagen del país y su industria turística, un año por lesiones leves a un pastor eclesiástico y ocho años por atentar contra la vida del agente David García.

      Más adelante se nota la inserción de Beto en su vida en la cárcel. Se intenta suicidar pero, como no lo logra, le ponen una inyección para calmar su estado de ánimo. Describe, dentro de la situación carcelaria, el hambre que sufre en el lugar.

      Aparece Beto como un condenado “ejemplar” al que deberían condenar a cien años de reclusión por atentar contra la ciudadanía. Los medios de comunicación propagan una falsa tranquilidad una vez que agarran a Beto puesto que comunican el hecho como el fin del mal. No obstante, el personaje recalca que, mientras no haya pan, educación y justicia social, no habrá paz ni seguridad para nadie en el ambiente costarricense.

      Luego de que se intenta matar, le asignan a Beto un psiquiatra y mientras la policía lo trata a golpes, el médico psiquiatra lo atiende una vez por semana. En esta parte de la novela, el protagonista hace ver que los medios hablan por él y que inventan cualquier ficción con un fin meramente mercadológico. Aquí se observa que la realidad de la delincuencia es construida por los medios. Además se visibiliza que las condiciones estructurales sociales hacen que aumente la delincuencia en el país que, a su vez, no logra resolver el problema de la delincuencia que siempre es incipiente. Se observa a la institucionalidad atentando contra el individuo.

      Se da la llegada de un profesor universitario que hace una investigación sobre los niños de la calle. Este profesor llega con el subdirector del centro carcelario. Debido a que Beto se encuentra cansado de contar su historia y que no le hagan caso, amenaza al profesor con matarlo si no hace honor a la verdad. Lo condiciona de esta forma. Se observa en esta parte que el sistema social es el que tiene la verdad en sus representantes: el profesor, el psiquiatra, el director de la cárcel.

      En el segundo capítulo, Beto narra cómo se encuentra excluido en sociedad debido a su estado de pobreza. Recuerda cómo su padre construye casas bonitas para otras personas pero la de él se hunde en la miseria. Recuerda Beto que él se propone hacer algo con el fin de mejorar su ambiente. Recuerda también los problemas de alcoholismo que tiene su padre y la convicción que tiene de vivir de una manera “indecente”.

      Beto hace notar que Paria crece cada vez más. La madre de Beto, en esas circunstancias, culpa al niño de su pobreza, a pesar de que ella misma cuida niños. La situación precaria es tal que la madre agrede a Beto quien, a pesar de ello, echa de menos a su mamá puesto debido a su trabajo ella casi no está con él. Se observa cómo las relaciones familiares se supeditan a la carencia que padecen los personajes debido a su situación social.

      Está de más decir que el papá se encuentra ausente todo el tiempo que él se cría porque supuestamente el padre tenía un plan para salir adelante.

      En este momento de la novela matan al papá de Beto en un bar. Le dan dos balazos, y nunca se arresta al asesino.

      Se observa, en el asesinato del papá de Beto, el mecanismo de visibilización en la justicia costarricense mediante el cual los delitos que ocurren tardan mucho tiempo en aclararse y generalmente el asesino, o tiene ventajas legales, o queda libre.

      Además, un crimen no pasa de ser un suceso pasajero que no tiene mayor importancia a menos que los medios de comunicación lo saquen a la luz. La invisibilización social de los individuos se plantea en la novela y en relación con la realidad social como una victimización de las condiciones de los excluidos, de lo que llamaría Fanon los condenados de la tierra.

      Los asesinatos sirven sólo para llenar las páginas de los periódicos y no interesa la identidad de las personas implicadas en los hechos sino la venta del suceso. El fenómeno socio comunicativo en relación con la publicidad se evidencia en esta parte del relato. La policía interroga a la mamá de Beto pero esta no les puede decir nada puesto que nada sabe. Se observa también que la falta de conocimiento deja sin voz a las personas debido a su posición social. Es decir que la necesidad también los lleva a perder la voz.

      El hecho anterior visibiliza la forma en que se revictimiza a los personajes que obviamente se encuentran en situación de desventaja muchas veces debido a su falta de educación.

      Se revela que el padre de Beto no tiene ninguna relación de paternidad con él. Se da entonces en Beto una crisis de identidad que lo convierte en un despojo de sí mismo. Se revela asimismo a través del relato que también existe en los personajes también una pobreza identitaria que los lleva a una autopercepción de exclusión. Esto hace referencia a la invisibilización social de los individuos que bien puede ser autoinducida.

      Beto reconoce que su madre es pobre pero es bella como si esta cualidad fuera un factor exclusivo de la riqueza lo cual vuelve sobre el tema de la relación semántica entre lo bello y la riqueza material. En el argumento, a su vez, la madre no le revela a Beto quién es su padre.

      Despiden a la madre de Beto del trabajo y lo hacen porque ella roba en la casa en la cual trabaja. Aquí es el mismo Beto quien observa que

      “[…] una cosa es hablar de la miseria, otra es investigar desde lejos sus efectos sobre la sociedad, otra es vivir en la miseria y verla desde adentro […]”. ( Wabeau, 2006, 31).

      Aquí la red semántica se da entre la pobreza y el delito puesto que el mismo texto con el cual se expresan los personajes relacionan de manera implícita que los dos elementos se relacionan lo cual forma parte de la cotidianeidad de los personajes de la novela que no hablan o analizan sino que viven en la pobreza.

      Nace la hermana de Beto, Floranda. En esta parte del texto, Beto se da cuenta de que la madre se prostituye en la casa de los ricos con los cuales trabaja. Cuando sus amigos se dan cuenta se lo hacen saber y lo humillan. Como se observa los vínculos

      familiares son susceptibles de destruirse debido a las circunstancias adversas puesto que no encuentran la solución a los mismo pero tampoco la buscan.

      Se plantea la madre de Beto como un personaje que sólo pasa viendo televisión y trata de imponerse ante su hijo aludiendo que ella tiene autoridad simplemente porque ella es la madre. El hecho de que se pase viendo televisión la madre da cuenta de una carencia de objetivos, de trabajo y de alternativas socio económicas que encierran a los personajes en una situación de pobreza no sólo material sino también educativa y de enajenación.

      En el texto de la novela el personaje de la madre de Beto habla con una amiga y se observa que tienden a valorarse por su belleza. La soledad en los personajes femeninos se ve como una condena y la dependencia del varón es prácticamente el objetivo de ellas.

      Por su parte, los niños de la novela Sin voz ni techo salen a pedir limosna. A lo largo de la novela se observa la difícil situación económica que obliga a los personajes a poner a los niños a trabajar con el fin de sobrevivir

      Cuando Beto inicia su etapa escolar se da cuenta de que su condición es distinta de los compañeros que sí tienen la posibilidad de llevar merienda. Se observa en este pasaje de la novela que los niños tienen problemas graves de analfabetismo.

      Educación y alimentación son los dos factores sociales básicos de desarrollo y de los cuales carecen los infantes de ciudad Paria.

      Llega el momento en que la mamá de Beto se lo lleva a una casa donde trabaja y ve lo que él mismo llama una casa de verdad, con todas las comodidades. Cuando Beto aprovecha y come a cada rato y termina por enfermarse del estómago. Esta visita le hace ver a Beto que su niñez es muy breve. La fragmentación del desarrollo infantil que se presenta en los personajes de Sin voz ni techo se plantea como un rasgo definitorio de los personajes que los define como excluidos.

      En el capítulo III la madre de Beto inicia una unión libre con Julio, un joven que se aprovecha de ella. Cuando la madre se queda sin trabajo, Julio se va. Se observa detenidamente que las relaciones personales se encuentran supeditadas al interés económico.

      En el barrio Paria, los niños se inician desde muy temprano en la venta de lapiceros en la calle. Se observa la forma en la cual los utilizan con el fin de que sean productivos, lo cual obliga a todos a situaciones extremas de trabajo infantil.

      Prácticamente, se obliga a los niños a quitarse la vergüenza de vender en la calle. Se muestra una escena de un taxista que siente lástima por estos al ver su propia infancia reflejada en los niños de la calle que necesitan comer. La pobreza, tal y como se ve en la novela es cíclica y sumerge a los personajes en una tristeza al no tener alternativas.

      En esta parte del relato, desaparece una niña en Paria. Se deduce del hilo argumental que existe con frecuencia el secuestro de niños en Paria. Se hace notar, a partir de este hecho, que los niños son secuestrados con el fin de vender sus órganos y algunos de los niños de Paria se asustan. Al secuestro de la niña el Misterio del Sátiro. A raíz del secuestro inicia el proceso de venta de “casas” en Paria. En este momento también se da la llegada de la iglesia Acción y Amor al barrio y la tía de Beto busca un trabajo en la iglesia. Se observa la forma en que el pastor de la iglesia,

      “Poco a poco la iglesia se llenaba. Pero nuestra vida seguía igual que antes” (Wabeau, 2006, 42). Inician los problemas de Beto en la escuela, donde se pelea con los otros niños y se constituye en un agresor, hasta que finalmente lo expulsan de la escuela. La violencia entre los niños, la religión como elemento de persuasión social y la manipulación de las masas a partir de sus creencias constituyen elementos del fenotexto que lleva a interpretar las realidades costarricenses a partir del fenómeno literario. La tía de Beto trabaja para un profesor universitario y se da cuenta de que su “patrón” lleva una vida muy distinta. No obstante, la tía Lola ve la bondad en el hombre que le da trabajo. La tía Lola lleva a los niños a pedir cerca de la universidad insistiendo en que ellos son “pobres pero honrados”. El dilema de la honradez en frente de la necesidad refleja la problemática social siempre atravesada por los dilemas éticos del individuo tal y como se puede interpretar a través del discurso crítico.

      Edwards, seduce al pueblo con su verbo. De la misma forma se observa también cómo los habitantes de Paria tienen un respeto “incuestionable” por las figuras religiosas y cómo las iglesias empiezan a prosperar en el barrio Paria, pero no el barrio en sí.

      Se elabora una descripción del ambiente en los alrededores de la universidad donde el tiempo pasa y los personajes universitarios se encierran en sus propios asuntos sin tomar en cuenta a los niños que piden a su alrededor. La universidad en cuanto a los personajes son otro mundo social ajeno a los personajes principales.

      Aparece don Mario, un taxista, que le ofrece mucho dinero a Beto y le regala un poco.

      En el capítulo IV , Beto se fuga de la casa y busca trabajo con don Mario. Aduce que se va de la casa porque la madre le pega. Beto ya tiene 15 años pero no encuentra trabajo porque aún no es mayor de edad. Se observa aquí la problemática laboral tan presente en Costa Rica en los jóvenes que sin estudios deben trabajar en cualquier labor con el fin de sobrevivir. Se puede afirmar que la novela refleja la realidad de la sobrevivencia de muchos jóvenes que aún con estudio tienen problemas laborales que los constituye en excluidos.

      Beto busca trabajo en una Corporación de Taxis y Lavacarros. Allí vive por unos días. El guarda de la corporación le revela a Beto que Bryan, un amigo suyo, es el novio de don Mario y le pide regresar a su hogar.

      Se da en este momento el encuentro de Beto con Bryan, un amigo que lo inicia en la pornografía, negocio que se encuentra velado detrás de la Corporación Lavacarros. Beto se asusta por la situación. Bryan le hace ver a Beto que algunos de los clientes que tienen prefieren varones jóvenes y le hace notar que él se va a retirar en cuanto ajuste dinero para hacerlo. Bryan defiende ante Beto su oficio de prostituto. Cabe recordar que Bryan tiene 16 años y siente que tiene “futuro” en el negocio de la prostitución.

      “Yo no quiero vivir esta perra vida pobre […] La vida se vive solamente una vez” (Wabeau, 2006, 47).

      Dentro de la “corporación”, Beto y sus hermanos asisten a “clases” de sexualidad donde se “institucionaliza” el ejercicio de una actividad ilegal. Bryan incluso justifica el uso de drogas porque a veces se siente deprimido.

      Se nota en esta parte del relato que la madre abandona a Bryan y a Gabriela a su suerte; en realidad, se trata en esta parte de menores en abandono. La novela, como se puede observar, funge como un espejo de los problemas sociales recurrentes en la sociedad urbano costarricense.

      En el capítulo V se plantea en la novela el viaje de Bryan a la playa. De igual manera se da el intento de don Mario de violar a Beto, pero él no se deja. A Beto lo culpan por el robo de una radiocasetera de uno de los carros que lava.

      Inicia el relato del primer día de cárcel. Se evidencia el hacinamiento que existe en la cárcel y cómo cae en la presidio un abogado acusado por violencia doméstica.

      Se plantea el interrogatorio de Beto, el cual no confiesa la “verdad” que le quieren sacar.

      A Beto lo trasladan a un Centro de Menores y se da una lucha por la cama con los otros internos en el centro.

      Uno de los funcionarios del Centro de Menores, Adalberto, lo viola.

      A Beto lo llevan al hospital y llegan a visitarlo el pastor de la iglesia Acción y Amor y la tía Lola. Beto se descubre a sí mismo como un personaje de investigación social. Las instituciones de ayuda a los jóvenes aparecen tarde y determinan la violación como un accidente.

      Llega Bryan al hospital y amenaza a Beto para que no acuse a ninguno del robo.

      No obstante, Bryan le niega la amistad a Beto.

      Como se puede ver la marginación y lucha del protagonista por sobrevivir lo mantiene como un personaje excluido. No obstante, prácticamente debe aceptar su destino puesto que no tiene los recursos para pelear contra el sistema.

      En el capítulo VI el pastor Edwards logra sacar a Beto de la cárcel.

      Es en este capítulo cuando Beto empieza a vivir en Casa Esperanza donde le ponen un psicólogo para que lo atienda.

      En Casa Esperanza, Beto inicia su rehabilitación y se mete a estudiar karate.

      Beto no logra acusar a su violador y el mismo queda libre. En cambio, Beto queda culpable del hurto del radiocasete. Meses después, una abogada, la licenciada Bellekis, asume la defensa de Beto y logra que lo dejen libre. Lo sancionan a estar dos años en Casa Esperanza.

      En Casa Esperanza, Beto conoce a Monsieur Douchet que les enseña principios en el lugar y a sembrar la tierra.

      El protagonista tiene un buen recuerdo del señor Douchet.

      Se da la llegada a Casa Esperanza de Bruno Harrison, doctor en Derecho Internacional y fundador de Casa Esperanza. Como se observa el derecho y la religión se conjugan, a veces para ayudar. No obstante queda en el relato un margen a la desconfianza a la falta de ética de algunos de los personajes.

      En esta parte se aclaran los objetivos del señor Harrison, quien lucha contra los flagelos que sufre la población infantil en Centroamérica, específicamente la explotación sexual de menores que tiene tres aristas: la trata y venta de niños, la prostitución y la pornografía.

      El señor Harrison fundó Casa Esperanza para contribuir a mejorar el destino de unos cuantos de los 20.000 niños en Centroamérica que viven en las calles y que son víctimas de todo tipo de vejaciones.

      Bruno Harrison se sienta a almorzar con Beto y sus compañeros y pone a Beto a hacerle una carta al Presidente de la República y otra al Secretario de la ONU.

      Se da en este capítulo también el encuentro de Beto con el psicólogo, la trabajadora social y la mamá. Beto tiene curiosidad y le pregunta a su madre sobre su papá.

      La madre le confiesa que quedó embarazada de su patrón a los 16 años y que después se traslada a vivir con un vecino que reconoce al niño que no es de él, un vecino de apellido Manchaca, el apellido de Beto. La madre finalmente deja de llegar a ver a Beto porque se embaraza de Julián, hermano materno de Beto.

      Finalmente, Beto sale de Casa Esperanza convertido en un mecánico. Regresa a Paria.

      En el capítulo VII se da el primer encuentro de Beto con su barrio y el pastor Edwards. Luego se encuentra con su humilde casa mejorada y con una relación tensa entre su hermana Floranda y su tía Lola.

      Al pasar la primera noche en Paria, Beto escucha un pleito vecino de una pareja por el cual su mamá quedarse sola y evitar meterse en problemas.

      No obstante que le dan una cordial bienvenida, Beto no puede acomodarse al desorden y el psicólogo le recomienda que, apenas pueda, se vaya de Paria. La visión del especialista en psicología equivale a la visión sesgada social de evitar la pobreza con tan solo irse del lugar, una ingenuidad de análisis de los personajes. Aquí se aprecia mediante el discurso crítico que las instituciones muchas veces tienen una solución ingenua para problemas mucho más complejos.

      Se da el inicio de la reinserción social de Beto con la búsqueda de empleo que le proporciona Casa Esperanza a este, el cual empieza a trabajar en un taller. Mientras la madre de Beto sueña con ampliar la casa, él sueña con estudiar.

      En medio de todo esto, se da la agitación política nacional y Beto ve cómo los políticos de turno tratan de incentivar en las barriadas pobres la captación del voto. Se nota aquí la manipulación recurrente de los políticos otro de los problemas de comunicación que tienen los excluidos según el relato.

      Beto opta por llevarse a su hermana del barrio con tal de evitar que ella se meta en problemas.

      En este capítulo, el lector observa que Julián es hijo del pastor Edwards, que a Pablo, amigo de Beto, le quemaron la casa por un problema de drogas y que Anthony, otro amigo de Beto, robó cemento para arreglar la casa de su mamá y que por ello está en problemas, además que Bryan está enfermo por andar con homosexuales y que Gabriela se fue al extranjero. Después Beto se da cuenta de que Bryan está en etapa terminal del SIDA y que en realidad a Gabriela la vendieron en el extranjero por medio de un lugar en Internet que llaman Isla Bonita. Finalmente, se da cuenta el protagonista que a don Mario lo mataron.

      Beto decide en esta parte tomar venganza hacia Adalberto, el hombre que lo había violado.

      Al final de este capítulo Beto apuñala a Adalberto en la calle y la gente ve la pelea y llama a la policía. Se observa en este capítulo de la novela la presencia de la muerte en un ambiente violento. De la misma manera la presencia en el contexto de enfermedades graves como el SIDA y la trata de blancas como uno de los problemas

      sociales que se normalizan en este contexto que se revictimiza una y otra vez.

      En el capítulo VIII arrestan a Beto, por su parte Adalberto se repone de la puñalada que le proporcionó Beto. Beto se encuentra en la cárcel con varios personajes. Al final el que demanda, o sea, Adalberto, pone excusas y sale Beto de la cárcel cuando cumple los 18 años.

      En el capítulo IX se observa que el barrio Paria crece así como lo hace el sector urbano de la ciudad, lo cual evidencia que los problemas de Paria no hacen más que multiplicarse puesto que los barrios marginales aumentan día con día.

      Muere la tía Lola y la iglesia Acción y Amor reparte la casa de ella entre los que la iglesia decide. Beto, por su parte, tiene ganas de reprocharle a su madre el hijo que tuvo ella con el pastor Edwards (Julián). No obstante, decide no hacerlo. Finalmente, Beto decide irse de casa de su mamá. Va donde Carlos, el amigo de él que vive con la novia y los cuales le dan la bienvenida y hospedaje. Les cuenta que se le ha hecho difícil encontrar trabajo por su antecedentes penales. Aquí se observa la discriminación del personaje por el castigo que sigue recibiendo al no encontrar trabajo por ser ex convicto.

      Se da el encuentro de Beto con Pablo, al cual lo nota como una persona adinerada. Pablo, por su parte, le explica cómo hicieron para que Adalberto no insistiera en acusarlo y que él pudiera salir de la cárcel mediante el secuestro express. Finalmente, Pablo trata de convencer a Beto de ganar dinero fácil pero Beto se va no muy convencido de lo que le propone su amigo.

      Pasan dos semanas y Beto se queda con Carlos y la novia. Lo que sucede es que esta se da cuenta de que Beto anda con dinero y sospecha que Beto es un ladrón, este se da cuenta y decide mudarse de apartamento.

      Pablo convence a Beto de que entrene armas con un personaje al cual llaman el Campesino. Lo entrenan para un asalto. Finalmente, Pablo integra a Beto a una organización delictiva y lo llevan a robarse un auto. El Traductor, un personaje de la cárcel, que también está en la organización, elabora un discurso en el cual le da la bienvenida a Beto y le hace saber que está en una mafia. Beto se convence de que de esta manera empieza a robar sin ser ladrón y se integra a la mafia a pesar de sí. Se observa en esta parte del argumento la manera en la cual la delincuencia es el destino lógico de la necesidad y cómo el ambiente contribuye en la inserción de los personajes en problemas cada vez mayores. La exclusión produce exclusión.

      Beto conoce a Luisa y empieza a salir con ella.

      En el capítulo X Beto trata de robarse un carro pero no lo logra y lo atrapan y vuelve a la cárcel. Ya en la cárcel vuelve a imponer respeto por el conocimiento de sus artes marciales. Beto en la cárcel se encuentra con un taxista que le promete contarle la historia de lo que le sucedió a don Mario y el motivo por el cual lo mataron. Pablo logra, dos meses después, sacar a Beto de la cárcel y le celebra una bienvenida nuevamente a la organización.

      En el capítulo XI se presenta el secuestro de Floranda, la hermana de Beto, a la que ponen en venta por Internet. Carlos la busca en el lugar llamado Isla Bonita. Llega la novia de Carlos que quiere que Beto se vaya pero se da cuenta del secuestro de su hermana y entonces cambia su actitud para con él. Pablo continúa la búsqueda de Floranda y Luisa, por su parte, busca a Beto. Este busca a un taxista que conoce para

      preguntarle por su hermana y el mismo le dice que Floranda debe tenerla Tommy, que es un norteamericano, veterano de Guerra en un negocio de trata de blancas. Beto contacta nuevamente al Campesino que le da un arma y le da hospedaje. Él se propone encontrar a su hermana y busca en un hotel de playa a Tommy. Una prostituta le confirma a Beto que Floranda se encuentra con Mr. Tommy en un velero; entonces Beto monta vigilancia en la habitación que tiene Mr. Tommy.

      Beto se encuentra con su hermana, con Mr. Tommy y el cliente que va a comprar a su hermana y mata a ambos hombres por lo cual ya es calificado como un criminal peligroso. Cuando el pastor Edwards visita a Beto, este lo quiere ahorcar.

      En el capítulo XII se dan las visitas de Carlos, Pablo y otros amigos de la organización delictiva a la cárcel. Luisa finalmente corta la relación con Beto y el Psiquiatra y el Profesor universitario llegan donde este.

      Se da la entrevista del Profesor con Beto y este último se siente incómodo por contar sus intimidades. Tanto el psiquiatra como el Profesor no quieren ni cierran el caso.

      Beto termina pensando que de algo ayuda el contar su vida con el fin de analizarla y tratar de entenderla y con el objetivo de amar la propia vida.

      Aquí se observa que el personaje valora el relato como un método de reivindicación que funciona precisamente como una manera de hacer conciencia. La novela tiene un cierre en el cual el personaje central funge como voz precisamente de los que no tienen voz en el contexto social que propone la novela. La lectura del fenotexto propone la referencialidad semántica que plantea la novela como un instrumento de investigación social.

    2. Genotexto. Lectura social.


      El genotexto se define según María Amoretti en su Diccionario de Términos asociados en teoría literaria como sigue:

      “Desde este punto de vista, el genotexto está constituido por las condiciones históricas del producto más las condiciones culturales de la sociedad. Inscrita en el momento histórico, esta combinación dinámica de elementos que es el genotexto, programa todo el devenir del texto”. (Amoretti, 1992, 58).

      La cita anterior coadyuva en el análisis en la medida que plantea la relación historia-ficción. Es decir, la génesis de la producción significativa en el acto de lectura o interpretación desde el punto de vista significativo y desde la lectura investigativa que hace tanto el autor Nacer Wabeau como el eventual lector. Es a partir de aquí que el análisis discursivo se puede concluir y desglosar de la siguiente forma:


      1. El contrato de veredicción o cómo el discurso literario se plantea como términos reales, la forma en la cual el discurso se puede asumir en su relación con su propio contexto. Cabe notar que el análisis discursivo se centra en el intertexto como ya se ha dicho. Es decir, de la forma en la polifonía discursiva literaria tiene relación con otros discursos en su propia lectura. Se trata de enfocarse en los fenómenos identitarios y culturales a

        partir de la novela misma y como una fenomenología artística en cuanto novela y la fenomenología social en cuanto discurso de un contexto y, por supuesto, la relación entre ambos.

      2. El planteamiento del abandono infantil como temática central de la novela. La problemática de la niñez abandonada constituye un eje de sentido en la literatura costarricense de los últimos lustros. Sin voz ni techo se constituye como la ejemplificación de lo mismo a partir de su protagonista.

      3. Carencia del hogar en la infancia. La causa de otra problemática social es el abandono de los niños en el mismo hogar, generalmente por motivos de violencia doméstica o diversos problemas económicos que se puede englobar en el problema que la violencia estructural que se construye a partir de la condición de pobreza que es uno de los temas esenciales en la novela.

      4. Abandono del hogar por parte de los padres. Se conceptualiza el abandono del hogar como la negligencia, por parte de los padres, con respecto de la crianza y cuido de los hijos en Costa Rica, y producto de una educación deficiente que conduce a deficiencias en la planificación familiar, lo que, a su vez, conlleva a problemas sociales como los que se plantean en la novela Sin voz ni techo. El análisis crítico del discurso social de la novela se plantea como la ruptura de la célula familiar y sus consecuencias. Los problemas laborales, de cuido, de abandono, de violencia y de una cotidianeidad de soledad de los personajes constituyen la producción de sentido continua en la novela como planteamiento semiótico y en consecuencia discursivo.

      5. La ambición desmedida que se puede basar en la carencia. Este conflicto se propone como una problemática compleja en la medida que la sociedad constituye un manojo de redes económicas causales de la pobreza de una sociedad que luego desembocan en lo que la filósofa Adela Cortina conceptualiza como aporofobia y que afecta directamente a los personajes implicados y que se visibilizan de manera contundente en la novela.

      6. De la misma forma, los factores que se observan en la lectura de la novela Sin voz ni techo bien pueden relacionarse con factores que interfieren con la problemática del consumo desmedido social y la carencia de políticas que inserten de buena manera a los adolescentes al mundo laboral.

      7. Se deduce entonces la novela como un punto discursivo de encuentro semántico de un mundo heterogéneo de significados donde se pueden leer las transformaciones socio económicas en las cuales se ve inmerso el sujeto ficcional que aglutina al sujeto dentro de la sociedad y los diversos problemas que devienen de su desarrollo.

      8. El poder del dinero y a partir de este, la necesidad de consumo.

      9. Un aspecto que se toca en la novela Sin voz ni techo es el destino que tienen las personas a partir de la idea del consumo a ultranza debido al desconocimiento del proceso de los factores económicos y publicitarios implicados en él y que afectan al individuo al someterlo a necesidades

        creadas. De esta forma, los jóvenes, con el objetivo de consumir, se introducen en ámbitos incluso antisociales, con el objetivo de obtener el dinero para satisfacer sus gustos. A partir de ahí se plantea una pérdida paulatina de valores ético sociales para la obtención de dinero. Por ejemplo, se da la prostitución por parte de Bryan, el amigo del protagonista de la novela, con el fin de obtener lo que él quiera. No obstante, se observa en la novela que existe un sistema social que favorece la inserción en la delincuencia de los jóvenes. A partir de la pobreza de los personajes, la prostitución se ve entonces como una opción o salida fácil que permita la solución rápida de los problemas económico. En el camino, la violación de las reglas sociales da como resultado el estigma social que envuelve a los personajes a partir de su accionar.

      10. El laberinto en el cual se ha convertido la sociedad, más exactamente en

        las grandes concentraciones urbanas, donde confluyen unos y otros, y que caracteriza la apropiación no solo de lo urbano, sino de los sujetos mismos, víctimas de un entorno en donde la diferencia se torna la característica predominante […] ( Alvarado, 2010,169).

      11. Es decir, que se puede inferir la exclusión social de los individuos a partir de la hostilidad que configura su entorno para ellos. El análisis de lo narrado lo puede expresar de esa manera.

      12. La pobreza como un fenómeno de propiedad pero también como un fenómeno de exclusión social. La pobreza es el eje de sentido omnisciente en todo el relato que plantea Sin voz ni techo. Se puede afirmar que constituye su macroestructura semántica puesto que se encuentra presente en todo el discurrir narrativo de significados y constituye el leit motiv de los personajes.

      13. La desesperanza. Presente en todos los personajes que no logran su inserción social en el discurrir de la narración, tal y como sucede en la referencialidad social e histórica de la novela.

      14. La cultura del tener para ser. Relacionada con la cultura del consumo. Este aspecto es el que construye las diferencias sociales que se observan en los personajes y acontecimientos de la novela. Constituye un eje de sentido en el devenir narrativo propuesto.

      15. La carencia de vivienda. La vivienda como factor de exclusión social a partir del cual se construye la identidad de los personajes y de su accionar. La materialidad, sobre todo en el factor vivienda, constituye una carencia fundamental que da cuenta de un problema social recurrente tanto en la comunidad que propone la novela como en la sociedad costarricense.

      16. La Casa Esperanza como refugio y solución. Esta institución representa las instituciones de ayuda social en el sistema costarricense. En este caso se hace referencia a ella como una institución que salvaguarda y logra ayudar a los niños de la calle en Costa Rica.

      17. La religión como falsedad ideológica. Este aspecto se nota sobre todo en la figura de uno de los personajes: el pastor Edwards, que tiene elementos de gran poder social. Incluso llega a sacar al protagonista de la cárcel.

      18. La cárcel como vivienda u hogar. Se da una recurrencia al factor de la cárcel como destino en el personaje central de la novela Sin voz ni techo en la medida en que delinque casi de manera constante. De tal forma que la cárcel, como aparato de castigo que tiene la sociedad para “mejorarse a sí misma”, se convierte en un látigo que tiene como fin solucionar una problemática social que no tiene una respuesta sencilla. Se relaciona la cárcel con la pobreza, de manera tal que los personajes menos favorecidos se encuentran en la novela destinados a delinquir y el delito se mueve como un peso que agobia a toda la población urbana que presenta la novela. Este eje de sentido se convierte en un punto crítico, no sólo de la novela, sino también de una problemática social que aún en los mejores sistemas democráticos actuales, no se ha logrado resolver del todo.

      19. El crimen como opción. Este punto de referencialidad es crítica también

        de los aspectos sociales que le dan fluidez y funcionan como el intertexto de la novela, pues apunta como un factor complejo social que se muestra como una opción para los jóvenes protagonistas de la historia. De la misma forma se plantea en el contexto nacional y se plantea como un punto de análisis a resolver, no sólo como recurrencia en los discursos novelísticos sino como realidades sociales que requieren de un examen sociocultural con el objetivo de mejorar.

      20. La exclusión, social, económica y psicológica. Este aspecto constituye otro eje de sentido fundamental en la exégesis literario social porque es recurrente también en todo el relato, tal y como apunta Óscar Alvarado en su libro Literatura e identidad costarricense:

      21. En otras palabras, la presión del ambiente social represivo en las urbes y megaurbes ( aun cuando estas no pertenezcan a nuestro país) tienden a afectar a quienes no logran adecuarse a las reglas impuestas. Quienes no cumplen con ello, terminan en la marginalidad o la exclusión social. (Alvarado, 2009, 170).

      22. La exclusión se da en todo sentido e incluye, por supuesto, lo económico, lo social y tiene consecuencias económicas nefastas para los excluidos y marginales.


  3. Conclusiones


Como se puede observar en la novela Sin voz ni techo se produce, de acuerdo con su genotexto y su fenotexto, una mirada a la realidad costarricense desde la perspectiva literaria.

Es en este sentido como el análisis discursivo deviene en el paradigma de un aparato sociocrítico que funciona como génesis del umbral de las soluciones de las distintas problemáticas que aquejan desde hace mucho a la sociedad costarricense y que se vuelven perennes a partir de que no se visibilizan.

El encuentro de una lectura en la novela de un discurso crítico que coadyuve en este sentido es el objetivo propuesto que funciona como cierre de esta propuesta y que visibiliza la utilidad de la teoría y la literatura como un instrumento de investigación

tanto en las ciencias sociales así como en las humanidades y por supuesto dentro de la lectura socio discursiva que se planteó al inicio del presente artículo y que amplía, con la mirada semiótica, el análisis crítico discursivo de la novela Sin voz ni techo.


Referencias


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Amoretti, María. (1989). Introducción al socio texto: A propósito de Cachaza. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.


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Foucault, Michel. (1980). Vigilar y castigar. México D.F. :: Siglo XXI Editores.


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Van Dijk, Teun (2006). El discurso como estructura y proceso: Estudios sobre el discurso I. Una introducción multidisciplinaria. Barcelona: Gedisa.


Wabeau, Nacer. (2016). Sin voz ni techo. San José: Ediciones Perro Azul.