César Octavio Santos Polanco

Ética y narcotráfico: un análisis filosófico de la narco-política en Honduras


RESUMEN

La presente investigación explora la compleja relación entre el narcotráfico y la política, analizando cómo esta intersección afecta los principios éticos en sociedades contemporáneas. La narcopolítica no solo se manifiesta en la corrupción y la violencia, sino que también genera una crisis de valores que compromete la confianza pública en las instituciones. A medida que el narcotráfico influye en las decisiones gubernamentales, se desdibujan los límites éticos, lo que plantea dilemas morales significativos para los actores políticos y sociales.

Desde una perspectiva filosófica, el estudio examina cómo las teorías éticas pueden ofrecer un marco interpretativo para entender esta crisis y su impacto en la vida pública. A través del análisis de casos concretos, se busca identificar las tensiones entre decisiones políticas y principios morales, evaluando las implicaciones sociales de estas dinámicas. Además, se propone fomentar un diálogo sobre la reconstrucción de valores éticos que puedan guiar la acción política.

Autor/ Author

César Octavio Santos Polanco Universidad Nacional Autónoma de Honduras


Ciudad: Tegucigalpa, Honduras


ORCID ID: 0009-0006-

3513-8597

Correo: octavio18polanco@ gmail.com


Recibido: 06/12/2025 Aprobado: 17/08/2025 Publicado: 06/01/2026

Palabras Claves: Ética, narcopolítica, perspectiva filosófica,

política.

Abstract: This research explores the complex relationship between drug trafficking and politics, analyzing how this intersection affects ethical principles in contemporary societies. Narco-politics not only manifests in corruption and violence but also generates a crisis of values that undermines public trust in institutions. As drug trafficking influences governmental decisions, ethical boundaries become blurred, presenting significant moral dilemmas for political and social actors.

From a philosophical perspective, the study examines how ethical theories can provide an interpretative framework for understanding this crisis and its impact on public life. Through the analysis of concrete cases, it seeks to identify the tensions between political decisions and moral principles, evaluating the


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social implications of these dynamics. Additionally, it aims to promote dialogue on the reconstruction of ethical values that can guide political action and foster greater transparency and social justice.

Key words: : Ethics, narcopolitics, philosophical perspective, politics.


  1. Introducción

    La narcopolítica se ha convertido en un fenómeno crítico en el contexto hondureño, donde la intersección entre el narcotráfico y la política genera dinámicas complejas que afectan la gobernanza y la estabilidad social. Este fenómeno no solo se limita a la violencia y la corrupción, sino que plantea serias interrogantes sobre la ética y los valores que deben guiar a los actores políticos. En un mundo cada vez más interconectado, las implicaciones de la narcopolítica trascienden fronteras, revelando cómo el crimen organizado puede influir en las decisiones gubernamentales y en la vida cotidiana de los ciudadanos.

    En este marco, la crisis ética que enfrenta nuestra sociedad se torna evidente. La degradación de los principios morales en la esfera pública, alimentada por la corrupción y la impunidad, plantea un desafío para la legitimidad de las instituciones y la confianza de los ciudadanos. La relación entre la política y el narcotráfico, marcada por la complicidad y el clientelismo, desdibuja los límites de la ética, generando dilemas que requieren un análisis profundo.

    Desde una perspectiva académica, la ética no debe entenderse únicamente como un juicio normativo externo sobre la realidad política, sino como una herramienta analítica capaz de esclarecer las condiciones de posibilidad del orden social. En este sentido, abordar la narcopolítica desde la ética filosófica permite desplazar el análisis del plano meramente descriptivo o jurídico hacia una reflexión crítica sobre los fundamentos morales que sostienen o erosionan la legitimidad del poder. La filosofía, por su vocación crítica y su distancia respecto de intereses inmediatos, se encuentra en una posición privilegiada para inaugurar este campo de reflexión, articulando categorías que permitan comprender el fenómeno sin reducirlo a una acusación, sino orientándolo hacia la reconstrucción racional de la vida pública.

    Este artículo busca abordar estas cuestiones desde un enfoque ético y filosófico, explorando cómo la narcopolítica no solo desestabiliza el orden social, sino que también provoca una reflexión crítica sobre los valores que deben sustentar la vida pública. A través de esta exploración, se pretende identificar y analizar los dilemas éticos que surgen en el contexto hondureño marcado por la narcopolítica, con el objetivo de contribuir a la construcción de un marco ético que pueda guiar a la sociedad hacia un futuro más justo y transparente.


  2. La influencia de la narco-política en el deterioro ético en Honduras modelo político: Narco-oligarquía

    Aristóteles (1988) clasifica los gobiernos en tres justos (monarquía, aristocracia y democracia) y sus correspondientes corruptos (tiranía, oligarquía y demagogia). La

    narcopolítica podría ser analizada como una forma de tiranía o de oligarquía corrupta, donde el poder se concentra en manos de unos pocos (narcotraficantes) que utilizan el miedo y la violencia para controlar a la población, deslegitimando así las formas de gobierno justas. Según Wendy Funes (2022)1 hoy, la narco-política domina a Honduras, y debido a la elite política entremezclada con el crimen organizado, especialmente, el narcotráfico, podemos considerarle una narco-tiranía.

    Según Aristóteles (1988) el objetivo de la política es alcanzar el bien común y la justicia, mientras que, en la narcopolítica, los grupos del narcotráfico pueden influir en las instituciones para su beneficio propio, a menudo en detrimento del bien común. La narcopolítica puede ser vista como una corrupción del ideal aristotélico, donde la búsqueda de poder y riqueza se antepone a la justicia social.

    Reporteros de investigación (2022) nos aclaran que en una tarde conversando con el defensor privado de Mata Ballesteros2, basta para entender la facilidad con que las estructuras gubernamentales de Honduras son fáciles de infiltrar mediante el soborno. Hannah Arendt (2016) nos expresa sobre la corrupción del poder y la violencia política. En la narcopolítica, estos se asimilan, y en ella las organizaciones criminales utilizan la violencia no solo como un medio para dominar, sino como un fin en sí mismo para mantener su poder. Las estructuras de narcotráfico que operan en muchos países no solo dependen de la violencia para consolidar su control territorial, sino que también emplean la violencia sistemática para corromper las instituciones del Estado (policía, fuerzas armadas, justicia) y desarticular cualquier forma de oposición. Al igual que en una revolución que pierde su rumbo, la narcopolítica transforma el poder político en un régimen de violencia y control, en el que las instituciones democráticas o republicanas se ven vaciadas de su significado y reemplazadas por

    la ley del narcotráfico.


  3. Ambición y Narcopolítica

    Según Maquiavelo (2012) los gobernantes deben estar dispuestos a usar cualquier medio necesario para adquirir y mantener el poder, incluidas la manipulación, el engaño y la violencia. Maquiavelo defiende que el príncipe debe estar preparado para usar tanto el vicio como la virtud y para preservar el orden y su dominio. Esta visión pragmática y realista de la política, alejada de consideraciones éticas, se conecta directamente con la narcopolítica, donde las organizaciones de narcotráfico también emplean una combinación de violencia, corrupción, cooptación institucional y manipulación para adquirir y mantener el control territorial y político.

    En el contexto de la narcopolítica, las mafias narcotraficantes no solo se dedican a actividades ilegales como el narcotráfico, sino que también establecen alianzas con funcionarios corruptos, políticos y otras instituciones del poder. Esto les permite protegerse de la justicia, expandir su influencia y garantizar la impunidad, tal como Maquiavelo aconsejaría a un príncipe: crear relaciones de poder que fortalezcan su posición.

    Nos explica Wendy Funes (2022) sobre la influencia que ejerció el Chapo, Joaquín Guzmán desde inicios del presente siglo, encabezando él la creciente proliferación del narco local y como, de a poco, comenzaba a infiltrarse dentro de la estructura política hondureña, impactando importantemente sobre las elecciones presidenciales

    de 2009, 2013 y 2017, al grado de manipularlas y ubicar él mismo a los representantes del poder ejecutivo hondureño.

    Lo cierto es que, al tomar el poder Juan Orlando Hernández3, les proporcionaría un severo revés, traicionando paulatinamente a sus aliados narcotraficantes, apéndices del cartel de Sinaloa, para quedarse así con un monopolio del propio “negocio”. Estos son los alcances que tiene la ambición y avaricia desmesurada, y como consecuencia inclusive la traición, cosa que luego le costaría caro al exmandatario.

    En La Política, Aristóteles (Aristoteles, 1988) examina cómo se forman las comunidades y las relaciones de poder dentro de ellas. La narcopolítica se puede analizar en términos de cómo los narcotraficantes crean estructuras de poder paralelas que desafían o cooptan al estado. Esto permite explorar la relación entre el poder legítimo y el poder coercitivo que ejercen los carteles, irradiándose así, desde el aparato gubernamental hacia la población, esas facciones de ambición y traición comunes en “la alta esfera”, lo que se asimila en la población como algo “digno” de alcanzar.

    Nos aclara Funes que La narcopolítica en Honduras sigue vigente aun con las entregas y las extradiciones hacia Estados Unidos. El mapa está formado por tres actores: el grupo que dirigió el presidente Hernández, la Mara Salvatrucha y enviados del Cartel de Sinaloa. No es, esta, una relación siempre amistosa o funcional. Además, este grupo mantiene una disputa de poder y de control de territorios con narcotraficantes que aspiran a las alcaldías, diputaciones o a la presidencia.


  4. Control y narcopolítica

    Maquiavelo (2012) también subraya que un príncipe debe saber cómo manipular a los funcionarios públicos, ganarse a los aliados adecuados y corromper a los enemigos para neutralizarlos o debilitarlos. El arte de la política, según Maquiavelo, es saber cómo usar a las personas y las instituciones a su favor, incluso si para ello se deben vulnerar normas éticas.

    En la narcopolítica, la corrupción institucional es uno de los mecanismos fundamentales de control. Los narcotraficantes no solo controlan territorios a través de la violencia, sino que también sobornan a policías, jueces, políticos y funcionarios públicos para garantizar que su actividad ilícita no sea perseguida, o incluso para que los ayuden a desarticular a sus competidores. Al igual que un príncipe maquiavélico, los líderes de los cárteles de drogas saben que la lealtad comprada y la corruptibilidad de las instituciones son elementos cruciales para mantener el poder y expandir su influencia.

    Nos señala reporteros de investigación (Funes, 2022) que mientras Matta entraba en declive, los militares que de facto controlaban el tráfico de drogas siguieron inmutables en el negocio y multiplicaron sus operaciones reclutando ciudadanos, y estando los militares, además, vinculados a más actividades ilícitas o delictivas del crimen organizado, tales como el robo o hurto de vehículos, extorsión etc. Nos narran también cómo en 2009 la elite narcopolítica utilizó a la propia policía nacional para ejecutar el asesinato del llamado “Zar antidrogas”, Arístides González, general retirado y director de la lucha contra el narcotráfico.

    En su obra, Los orígenes del totalitarismo, Arendt (1974) explica cómo los regímenes totalitarios se basan en la concentración absoluta del poder, tanto político

    como social, en manos de una élite dominante que somete a la sociedad a un control total. Este poder no solo se ejerce a través de la política convencional, sino mediante el uso de una violencia sistemática que desarticula a las instituciones democráticas, impide la pluralidad y aniquila cualquier forma de oposición.

    La narcopolítica, como fenómeno en muchos países de América Latina y otras regiones del mundo, también se caracteriza por la concentración de poder en manos de organizaciones criminales y de narcotraficantes. En estos contextos, las estructuras de narcotráfico ejercen una influencia directa sobre las instituciones del Estado (como el poder judicial, la policía, los políticos) y someten a la población a su voluntad mediante violencia y corrupción. En algunos casos, las mafias de narcotráfico llegan a reemplazar de facto al Estado en varias áreas, actuando como un sistema paralelo de control.

    Foucault (1975) describe cómo el poder se ejerce a través de diversas instituciones y prácticas. En el contexto de la narco-política, los carteles de narcotráfico ejercen un poder paralelo al del Estado, creando estructuras de control que desafían la autoridad oficial. Esto incluye el uso de la violencia para mantener el control territorial y social. Este autor francés enfatiza la importancia de la vigilancia en la sociedad moderna.

    En el ámbito de la narco-política, el narcotráfico impone un sistema de vigilancia donde los narcotraficantes monitorean y controlan a la población mediante el miedo, creando un ambiente en el que las conductas son reguladas por la amenaza de la violencia.

    Wendy Funes (Funes, 2022) nos explica cómo existe un pacto entre los gobiernos hondureños y la mara salvatrucha, infiltrándose incluso en instituciones como el RNP con falsificación de identidades.

    En el contexto de la narcopolítica, la libertad individual y colectiva de los ciudadanos se ve severamente restringida. Los narcotraficantes, al igual que los regímenes totalitarios que Arendt (1974) describe, buscan eliminar cualquier forma de libertad política genuina, ya que los habitantes de las áreas controladas por el narcotráfico no tienen la libertad de decidir o de participar activamente en la política local. Las decisiones son tomadas por las mafias, no por los representantes democráticos ni por las instituciones del Estado. La coerción, el miedo y la violencia privan a los ciudadanos de sus libertades fundamentales, transformándolos en súbditos de un poder paralelo, opaco y autoritario.

    En Estado de excepción, Agamben (2005) argumenta que, en situaciones de emergencia, el gobierno puede declarar un estado de excepción, suspendiendo temporalmente las leyes, los derechos y las libertades fundamentales para enfrentar amenazas percibidas. En esta situación, el soberano (es decir, el gobierno o el líder político) tiene el poder de actuar fuera de las restricciones legales, dando lugar a un vacío normativo que puede ser ocupado por actos arbitrarios de poder.

    En el contexto de la narcopolítica, las autoridades pueden recurrir a la suspensión del estado de derecho para enfrentar el poder de los carteles de narcotráfico. Esto puede manifestarse en medidas extraordinarias como el uso excesivo de la fuerza pública, la violación de derechos humanos (desapariciones forzadas, torturas, asesinatos extrajudiciales) o la implementación de leyes represivas que permiten a las fuerzas de seguridad operar sin la supervisión adecuada, o incluso realizar actividades ilícitas durante estas horas por parte de las narco-autoridades.

  5. Codicia y narcopolítica

    La crematística en Aristóteles (1988), que se refiere al arte de hacer dinero a través de la compra y venta, se diferencia de la economía doméstica (o “oikonomía”), que él considera una forma natural y justa de gestionar los recursos en una casa o comunidad. Para Aristóteles, la crematística implica una acumulación de riqueza que puede ser desproporcionada e insostenible, ya que su fin es el beneficio personal sin tener en cuenta el bienestar de la comunidad. En este sentido, se refiere a una forma de comercio cuyo propósito es la ganancia sin un límite ético o moral, lo que genera desigualdades y corruptelas.

    Cuando relacionamos esta noción con el tema de la narcopolítica, entendemos que ambos conceptos comparten una dinámica de explotación económica y social en donde el poder político o económico se utiliza para mantener el control a través del dinero y las estructuras de poder. En el contexto de la narcopolítica, las organizaciones criminales, como los carteles de drogas, se convierten en actores clave que manipulan la economía, utilizan la crematística para la acumulación ilícita de riqueza y operan bajo un sistema que favorece la ilegalidad y la corrupción para asegurar su supervivencia y expansión. Así como Aristóteles veía en la crematística una actividad que distorsionaba el orden social, en la narcopolítica vemos cómo el dinero proveniente del narcotráfico corrompe las instituciones, desestabiliza los sistemas políticos y perpetúa un modelo de poder que va en detrimento de la justicia social.

    Como anteriormente afirmamos, si la parte política ansía el dinero y se envanece en la materialidad, esta se vuelve pretendida o buscada por la parte baja de la pirámide (la sociedad). Funes nos narra también cómo en muchas zonas de Honduras se forma prácticamente un club de narco-alcaldes, donde solo estos pueden acceder al cargo municipal, gozan de fiestas super lujosas con comida, bebida, músicos, prostitutas internacionales, iniciándose desde los pueblos estas dinámicas de codicia y transvaloración de la virtud al vicio.


  6. Violencia y Narcopolítica

    Zizek (2008) distingue entre violencia subjetiva (actos individuales visibles) y violencia sistémica (estructuras que perpetúan la desigualdad). La narcopolítica puede verse como un ejemplo de violencia sistémica, donde la corrupción y la opresión son normalizadas. El narcotráfico no solo ejerce violencia directa, sino que también crea un ambiente en el que las instituciones estatales son socavadas, perpetuando la violencia estructural en la sociedad.

    Nos expresa Funes (2022) que, en Choloma, existieron al menos 20 asesinatos devenidos directamente por el control y luchas del narcotráfico entre 2005 y 2021, contando también con expropiaciones de inmuebles producto de la narco-alcaldía, señalando también la violencia de genero ejercida por los hombres inmiscuidos en tales actividades relativas al fenómeno narco, tomando cualquier mujer que les gustara para someterla, violarla, e incluso matarlas, conociéndosele a este municipio como una segunda ciudad Juárez. Igual situación se daba en Copan con el clan narco Valle Valle.

    Uno de los aspectos que Arendt identifica como característicos del totalitarismo es el uso de violencia sistemática y desmesurada. En los regímenes totalitarios -en este caso la narcodictadura en Honduras- el terror no solo se usa para eliminar a los enemigos del régimen, sino que se convierte en una herramienta para desintegrar el tejido social, disuadir cualquier intento de rebelión y reforzar el control del poder. La violencia, en este sentido, no es simplemente un medio para un fin, sino que se convierte en una forma de reconstruir y reorganizar la sociedad según la voluntad del régimen totalitario.

    Reporteros de investigación (2022) nos señala que Catacamas es un lugar en el que se vive con miedo, sobre todo en áreas cercanas a las narco-rutas. Esta ciudad es también el asidero del desplazamiento tawahka, en la cooperación entre alcaldía y terratenientes (a los que también se les vincula con el narcotráfico) que, aparte de sacar y expropiar a tal etnia, deforestaron gran cantidad de acres de tierra.

    Prosigue Funes (2022) narrándonos cómo la narcopolítica se alió con municipalidades y altas autoridades para implementar una política extractivista (explotación de recursos naturales sobre todo en zonas indígenas), para lo cual se aliaron con una cantidad nada despreciable de líderes en la sociedad civil para “comprarles” sus voluntades y poder realizar sus maniobras ilícitas sin obstáculos, reprimiendo así la protesta ciudadana. Es así por lo que observamos cómo la sociedad adopta tanto la violencia sistémica, quedándose sin lugar para defenderse, como la violencia estructural, mediante amenazas y la aceptación de sobornos.


  7. Falsedad y Narcopolítica

En Los orígenes del totalitarismo, Arendt (1974)señala que los regímenes totalitarios son expertos en manipular la verdad y controlar las narrativas sociales. En el caso de la narcopolítica, los narcotraficantes también buscan manipular la información y controlar las narrativas locales. Esto se puede hacer mediante el control de los medios de comunicación, el soborno a periodistas o políticos, o a través de la intimidación para silenciar a quienes intenten exponer la verdad sobre sus actividades. Además, las organizaciones de narcotráfico crean una narrativa que legitima su poder, presentándose a veces como “protectoras” de la comunidad, en un intento por generar un sentimiento de lealtad o dependencia en la población local. En estos territorios, la percepción de la “realidad” es distorsionada, lo que refuerza aún más el control social y político de los narcotraficantes.

Nos habla Wendy Funes (2022) sobre la muerte del general Arístides González, lo que produjo que se investigara a varias autoridades, entre ellas al expresidente Lobo; sin embargo, tales investigaciones nunca llegaron a un término medianamente objetivo, quedando a medias e inconclusas. También es común observar en medios de comunicación, la negación de sus actividades relacionadas con el fenómeno narco, teniendo cierta “relevancia» mediática tales declaraciones.

Prosigue Funes expresando que se suministraron datos, imprecisos, sobre el número y las cantidades de drogas incautadas en los años 2000 y 2001. Esto generó manipulación de la narrativa de control antidrogas, aparentando que se tenía cierta eficacia en este ámbito de la seguridad. Así que no es nada extraño que, controlando

la nación a nivel empresarial (como el caso de los Rosenthal, entre otros muchos empresarios vinculados al fenómeno narco) así como a nivel estatal o gubernamental, tengan la suficiente “pericia” para intervenir en los medios de comunicación, infiltrando así la agenda que consideren pertinente que la población debe creer.


  1. Posible salida al problema

    La obra de Zizek (2008) aborda cómo la globalización ha afectado la violencia y la desigualdad. La narcopolítica a menudo se nutre de las dinámicas de la globalización, donde el tráfico de drogas se convierte en un medio para la acumulación de capital en un contexto de desigualdad extrema. Esto pone de relieve la interconexión entre economía, política y violencia en el mundo contemporáneo.

    Por lo tanto, el índole vicioso (codicia, ambición, violencia, falsedad, autoritarismo) adviene de las relaciones económicas y el modo de producción imperante, que vivifican y perpetúan el eterno debate de clases, donde la clase “alta” vuelve a los más desfavorecidos tan solo apéndices de sus deseos y controles sociales, donde en un efecto recíproco su manipulación se vuelve también contra ellos, debido a la creación de mecanismos “útiles” (como el fenómeno narco) que en su ansia acumulativa deforman la esencialidad de ambos polos opuestos de la lucha de clases y, por lo tanto, convierte a ambos en víctimas, ambos oprimidos, y ninguno tiene auténtica libertad.

    En su obra más conocida, El hombre unidimensional, Marcuse (1964) argumenta que la sociedad moderna, bajo el capitalismo avanzado y la tecnología, ha producido un tipo de ser humano que es unidimensional. Este concepto hace referencia a la reducción de la conciencia y la autonomía del individuo en una sociedad donde la capacidad crítica se ve anulada y persiste una homogeneización cultural, producto de la falta de libertad auténtica y conformismo estructural.

    De nuevo observamos que ambos (dueño del capital y proletario) terminan siendo unidimensionales, sin conciencia crítica, libertad o autonomía. Reestructurar los sistemas políticos y modelos económicos se vuelve esencial para provocar un cambio, el cómo realizar tal tarea se vuelve un periplo teorético y nos concentraremos en ello más adelante.


  2. Conclusiones

La narcopolítica hoy se percibe como la mayor herramienta de control social, tal si fuese un monstruo de siete cabezas que, infiltrado en el sistema público y privado, garantiza el arraigo del antivalor y su consecuente proliferación a todos los sectores de la sociedad (clases sociales, profesiones, áreas geográficas, culturas, etc) siendo prácticamente la madre de las desdichas y la consumación del triunfo del mal (si fuésemos (meta-teleológicos pesimistas).

El cómo abordar esta dinámica para producir un cambio social parece imposible hoy. Al observar que la acumulación de capital puede comprar voluntades y organizaciones civiles para perpetrar los actos ilícitos, nos revela el severo problema de esta cuestión.

Los hechos nos dan siempre una pauta de lo que ha ocurrido y cómo ha sucedido, mostrándonos el camino que se debe tomar en caso de estar errados. En la civilización hemos medianamente aprendido a encontrar una objetividad en los actos y rumbos que, como conjunto o tejido social, establecemos. Por tanto, sabemos fehacientemente que el mecanismo del traslado ilegal de sustancias ilícitas siempre ha terminado en más violencia, ambición, luchas y controles o gastos innecesarios en las naciones,

Es necesario que, a nivel jurídico internacional, se dé una discusión seria para promover la legalización mundial de todas las sustancias para evitar un porcentaje amplio de los males que la misma produce en su tráfico; luego de llegar a esa etapa se determinará qué cambios deben continuar.

Hemos visto algunos esbozos del daño que estas estructuras narcopolíticas causan en nuestra patria, por tanto, debemos dar un paso adelante en la implementación de mecanismos jurídicos que desregulen y permitan un ambiente sin violencia; luego procederemos y se llevarán a casbo más cambios.

Al legalizar parte de estas sustancias, se impedirá el fetiche de lo prohibido en la población, logrando ser menos atractivo, al contrario de lo que se piensa y, por lo tanto, lo más ético y responsable en este momento es actuar y ser pragmáticos: ensayo y error, y luego se definirá el paso subsiguiente y lo que se tendrá que modificar.

La ética, entendida filosóficamente, no ofrece soluciones técnicas inmediatas, pero sí establece los criterios desde los cuales una sociedad puede evaluar racionalmente sus prácticas y estructuras de poder. En este marco, resulta necesario que la filosofía asuma un papel pionero en el análisis de la narcopolítica, no como instancia moralizante, sino como disciplina capaz de clarificar conceptos, revelar contradicciones y proponer horizontes normativos alternativos. Solo desde esta reflexión rigurosa es posible abrir un espacio académico que permita pensar transformaciones estructurales sin caer en reduccionismos punitivos o denuncialistas. Así, la ética se convierte en un punto de partida indispensable para cualquier proyecto serio de reconstrucción institucional y social.


Bibliografía


Agamben, G. (2005). Estado de excepción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora. Arendt, H. (1974). Los Origenes del Totalitarismo. Madrid: Taurus.

Arendt, H. (2016). Sobre la Revolución. Madrid: Alianza Editorial. Aristoteles. (1988). Política. Madrid: Gredos.

Foucault, M. (1975). Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Gallimard.


Funes, W. (24 de Junio de 2022). reporterosdeinvestigacion. Obtenido de reporterosdeinvestigacion: www.reporterosdeinvestigacion.com


Maquiavelo, N. (2012). philosophia.cl. Obtenido de philosophia.cl: www.philosophia.cl

Marcuse, H. (1964). EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL. Madrid: Planeta-Agostini. Zizek, S. (2008). Sobre la Violencia. Seis Reflexiones Marginales. Barcelona: Paídos. Para cita este artículo:

Santos Polanco, César Octavio. (2026). Ética y narcotráfico: un análisis filosófico de la narco-política

en honduras. En Azur. Revista Centroamericana de Filosofía. Vol. 7 (14), enero-junio 2026: . Accesible en: https://azurrevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Ética-y-narcotráfico.pdf