Leda Cavallini Solano
El Dossier que a continuación se presenta, reúne 16 poemas que viajan desde Beirut hasta Costa Rica con dos muestras de México. Quienes escriben son: Maya Abu Al-Hayyat, Edgar Roy Ramírez, Gustavo Corella, Claire de Mezerville, Carmen Nozal, Laura Vázquez Calderón, Grissel Gómez Estrada, Ronulfo Morera y Javier Tapia.
Al término de la lectura, Leda Cavallini medita en una frase que puede acompañarla: Será que quienes viven en Gaza, no son seres humanos? La reflexión hace ir a una humanidad que respira muerte, y la muerte toma los espacios entre escombros revolcados para tal vez encontrar algo de vida…
Los llantos ensordecen el oído y lo tapan con bombas, gritos, sollozos y balas. Gaza, una franja con kilómetros de desdicha, infamia, usurpación, genocidio, terrorismo, mutilaciones, dolor, locura, podredumbre e impotencia. Niños y niñas semidesnudos que miran a las cámaras preguntándose acaso sobre la incertidumbre de haber nacido ahí.
El blanco del ojo se ha hecho gris y cegado por el odio y el poder no da respuesta.
Ruinas, pena, oscuras guadañas raspan la sangre seca ahora más muerta. Acaba el ciclo de vida frente a horrorosos escenarios.
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Recibido: 31/01/2025 Aprobado: 15/03/2025 Publicado: 08/07/2025
El grupo de poetas compilados en la estructura semántica del dossier refiere a un pedazo del mundo sin utopías, donde el arte se canjea por contrabando de elegidos, cuya risa ya no da felicidad, sino muecas del canibalismo.
Quienes deambulan entre la masacre ya no tienen sueños. Y el paisaje me vuelve a interrogar: Será que quienes habitan ahí no son seres humanos.
Maya Abu Al-Hayyat
(Beirut-Jerusalén)
(Traducción de Luis Esteban Rodríguez Romero)
El arte es una amarga reparación por amor y sabiduría, perdida y prospecto,
la misma arte que ha destruido
a la mente y yemas en los dedos de su creador que fundó todo lo demás en lugar nuestro
y nos abandonó hambrientos. El arte que nos enseña dolor deja una marca, pero la felicidad sigue su curso habitual.
Arte que convierte la orfandad en una señal y oscuridad en una ruta,
escúchame: soy consciente de toda la clase de máquinas que te pasan por encima,
todo tipo de cables arriba y debajo del suelo, tuberías y conductos, tecnologías
arteriales que te privan del aire.
Pero no nos abandones incluso si nosotros te dejamos, no nos des la espalda.
Ya nos hemos comportado de esa forma antes,
abandonamos la vida para recibirte, pero nada sucedió.
Nos animaste,
te convertiste en una aliada en guerra y exilio, nuestra compañera de noches tibias y frías cuando estábamos solos
o hicimos a otros estar solos.
Así que no lo hagas
si nuestras voces disminuyen o fluyen
en tu modesta tenacidad,
no te sientas apenada de tu belleza
y no nos abandones en su monstruosidad.
Todo lo demás nos regresa a nuestros acantilados
donde la vida en su máxima elegancia se extiende entre nosotros y la muerte.
Solo tú puedes mentir mientras nos dices la verdad y hacerlo posible.
Igual a como los enemigos intercambian cuchilladas: él toma una palabra del vocabulario de ella
y ella una del libro de él.
Así es como son hechos los poemas al igual que los discursos intolerantes.
Y cuando los amantes y enemigos duermen, el éter lleva un murmullo cálido
que el universo digiere sin verse afectado.
Estoy exhausta de contrabandear mi risa desde mi psicología, contrabandear mi risa desde las caras de aquellos que amo, desde videos de niños masacrados
y niños que serán secuestrados mañana desde sus mágicas sonrisas, exhausta de contrabandear mi risa desde mis pecados, oscuros secretos, y medias ropas: mi estridente risa que rompe mis costillas
y exuda
decencia pública.
O tras una prolongada enfermedad que hace que los demás deseen que muramos.
Podríamos dejar de respirar: ya hay demasiados de nosotros en el planeta. O durante una hambruna nuestros conyugues nos devoren.
Y hasta que las arterias se nos obstruyan. Fumar mata.
La falta de placer. Demasiado sexo.
Un incendio por una vela perfumada. Un conductor deprimido.
Un esposo celoso. Un maleante novato.
Y podríamos morir de esperar por la muerte. No hay nada nuevo en ello,
sin perspectivas o lecciones aprendidas.
Solo hechos
en acciones presentes y continuas.
A aquellos que murieron en guerras que no les concernían, ellos manejaban a través de atajos
o fumaban sus cigarros en los techos, veían comedias románticas
o algún programa de cocina,
ellos pasaban a través de la guerra equivocada
para convertirse en números y mártires.
Imagino su dolor mientras cruzo un puesto de control, espero a mis hijos después de la escuela,
pelo un ajo y huelo mis dedos,
o miro por la ventana para espantar unas palomas.
Y por la noche en mi cama sueño con una guerra
que no tenga nada de guerra en ella.
Edgar Roy Ramírez Briceño
(Costa Rica)
1
franja polvorienta rodeada de muros
y fronteras cerradas
360 quilómetros cuadrados
por la desgracia el dolor
la desesperanza la falta de comida
360 quilómetros vigilados celosamente por ángeles exterminadores
2
a recoger escombros
a recordar los muertos a esperar que la tregua dure más que el rocío 3
esta franja
no la podía imaginar Dante
con ese sofocante olor a plomo ese tremor de tanques
con aviones desde un cielo sin aves
este infierno del abandono donde se vuelven a castigar las víctimas del olvido
4
regresan a construir un presente con los restos de la destrucción del naufragio más reciente
en busca de los trozos de alma esparcidos por los escombros para juntarlos en un futuro con menos temores
y sin tantos descensos a los infiernos
5
En ese Mediterráneo
que los ha visto crecer y sufrir no tienen permitido navegar y ya no saben pescar
los quieren expulsar
de esa tierra polvorienta de toda la vida donde ahora buscan algunos recuerdos y siempre han enterrado sus muertos
6
entre los escombros secas ya las lágrimas entre los escombros
la esperanza hecha jirones entre los escombros multiplicada la tristeza entre los escombros
los futuros y la sangre de los amigos entre los escombros
perdidos los recuerdos entre los escombros pálidos los arcoíris entre los escombros
las huellas que quedaban de Dios 7
soñemos una Palestina como un vuelo de gaviotas como olivares florecidos
como el mejor café de la mañana con cielos claros
con caminos que llevan al hogar con naranjas y limoneros refugio de mariposas
con interminables amaneceres nuevos
Gustavo Adolfo Corella
bajo una tarde polvorienta de plumas grises y azules; cuando el viento descuelga vidas y dátiles
e invoca Efrits en el horizonte turbio,
nublado
y tembloroso
de los ojos tristes y ciegos de un anciano seco
que olisquea el futuro en el paso errático, rumiante
y nervioso
de sus siete cabras…
Al subir una duna en sepia, la niña ha perdido
su sonriente sandalia blanca de pedrerías
y se detiene;
y un canto oloroso a incienso le adormece,
le hace flotar
sobre una alfombra voladora y le lleva
lejos
¡muy lejos! más allá
del humo y las paredes
que arden y sangran como papiros;
al sueño subterráneo
de una cueva prodigiosa, donde Sherezade encontrará su sandalia.
Claire de Mezerville López
(Costa Rica)
El cielo calmo huele a sangre.
Hiede el encanto del café, el murmullo del tráfico,
el suspenso cotidiano de que todo sigue mientras se nos amputa el otro brazo.
El silencio cruje en las ventanas del horror donde las palabras ya no aguantan, donde lo humano se arrastra, se arrastra, se arrastra.
Y la guerra habla en otro idioma.
Nos mira desde arriba y se burla en trazos gruesos. El cielo calmo huele a sangre.
El cielo del que respiramos todos. El hedor nos llena el plexo.
Y así caminamos con el genocidio aquí en el pecho. Gaza
Soy los ojos del niño fragmentado que vio escapar su ángel en la guerra
y no corrió tras él. Se quedó en el dolor,
pan de panes proscritos
que desayuna y cena en el exilio.
Soy un poco sus pies que ya no crecen, cruz de bala y bandera
los zapatos heridos,
dedos de sangre desvelados en el ritual inútil de la noche y el fuego.
Soy también su juguete imaginado:
Un balón de mentira
para patear soldados incoherentes, una muñeca rota en la trinchera, huérfana de caricias y vestido.
La tregua nunca es tregua,
Es suicidio
Carmen Nozal
(Española-mexicana)
Pido la paz y la palabra. He dicho «silencio», «sombra»,
«vacío» etcétera. Digo «del hombre y su justicia».
Blas de Otero
No me hablen de paz si hay desasosiego, si no hay comida en el plato
ni agua caudalosa que llegue como río hasta el estómago ni combustible para ayudar a los enfermos
ni luz que se alce como Lázaro y camine.
No me hablen de paz si dan sólo unas horas para salir a ninguna parte.
¿A dónde irán los mutilados, los agonizantes, los que sufren alguna enfermedad terminal?
¿A dónde irán los huérfanos?
No me hablen de paz si por la calle
te prohíben el paso por ser de alguna tierra, de algún color morisco, incombinable,
de alguna manera distinta de pensar.
(La humillación es el detonante de la guerra.)
No me hablen de paz porque la paz empieza cuando se hace justicia.
No confisquen sus territorios, si quieren que termine esta tortura
ni saquen el tanque frente a la ambulancia
ni compren a la prensa ni sigan profanando las mezquitas. No me hablen de paz con bombas en las manos
porque en los brazos otros llevan a sus hijos con los ojos abiertos por la guerra
mientras el mundo la mira desde casa en Internet.
No me hablen de paz aunque las calles griten Palestina, aunque escribamos poemas de esta masacre,
aunque los creyentes eleven sus oraciones y negocien con su Dios.
¿De qué sirven las charlas de diván
cuando los hemos dejado solos, sitiados, resistiendo?
A veces, la paz comienza con desasosiego, ojo por ojo, Gaza por Gaza.
Nadie quiere un mártir más. Sólo una tierra para contemplar el cielo
y sentarte, tranquilamente, en la banca de un parque.
Laura Vásquez Calderón
(Costa Rica)
Me duele Palestina, las bombas y las balas,
la sangre a borbollones,
el encierro entre el odio y el mar.
Me enoja la ironía que pasa inadvertida ante todos los ojos.
Me dan asco
los falsos credos, las consignas
y los dioses asesinos.
Me mata el hambre ajena, el sueño perdido,
los niños sin
madres, las madres en luto. La tierra me duele.
Y gritan las voces de los muertos, sus cuerpos vacíos de almas,
los brazos, las piernas,
los pedazos de sueños desperdigados entre el cemento. Siete décadas de muerte,
de llanto, de robo,
siete décadas de mentiras descaradas de silencios cómplices
tan violentos como cañones. Más muertes,
más sangre,
más dioses que reclaman una tierra adormecida.
Lejos,
se levanta un humo espeso donde alguna vez,
hubo vida,
y a cuerpos diminutos la gravedad los llama, ya no lloran,
ya no sienten, ya no son nada.
Me duele Palestina aunque esté lejos, aunque no me toque aunque cierre los ojos
y me distraiga con mi vida fácil, y sonría,
y bese una que otra boca
porque lejos es donde el genocidio duele,
y desgarra, calcina, mata.
Solo le pido a Dios
que la guerra, no me sea
indiferente.
Leda García Pérez
(Costa Rica)
Raíz en podredumbre piel al carbón
lágrima suelta en todos los rincones, bala y cañón jugándose la muerte mientras la muerte goza.
Los cuerpos beben, mutilados
el paisaje insondable de la sangre, Gaza grita su oración de paz,
las palomas huyeron, la guerra continúa... Tierra Nuestra
Tierra nuestra que estás en penumbra
reivindicados sean tus siglos vencidos por el hombre depredador de todas las especies.
Hágase tu voluntad en las tormentas y en las guerras de las serpientes invasoras,
no perdones su ofensa, líbranos de su maldad
y siembra semillas justicieras
en la tierra de Dios que es nuestra tierra.
Grissel Gómez Estrada
(Ciudad de México)
Soñé contigo, Palestina,
con tus calles de arena agitada en el desierto y las casas confundidas con sus montes
y los montes confundidos con los gritos y la sangre y la sangre
y la sangre entre ruinas y los restos de tus hijos hijos de un mar que nació muerto y ondula como notas musicales cantando tu nombre
aunque se borren sus letras de la faz de los mapas cantaremos tu nombre
hasta reventar los muros.
Ronulfo Morera Vargas
(Costa Rica)
Pulmón ensangrentado de la Madretierra, olvido vergonzoso de la esperanza solidaria. Con cada noticia me retuerzo, como un gusano abrazado al carbón candente.
¿Cómo hablar de Palestina sin sus verdugos?
¿Cómo profesar una fe sin escupir la bilis? Tierra de los gritos estrangulados,
de los niños enjaulados,
despojo interminable de toda dignidad.
La Franja de Gaza invade mis noches y una bomba estalla
en la placidez de mi descanso. Todas mis penas, atribuladas, se refugian en la impotencia
y desatan rencores, locuras, amputaciones y venganzas.
Me subsumo en el abandono del mundo a la espera, con añoranza,
de la señora oscura de la guadaña.
Javier Tapia
para exaltar la fuerza de nuestra defensa y demarcar nuestras fronteras
respondió el cretino.
A quien dedicas tu fuerza,
a quién honras con tu defensa qué resguardan tus fronteras preguntó el sabio.
Mi fuerza reside en la sangre derramada para honrar la promesa de una tierra que conserva
el ciego arrebato de lo ajeno.
El sabio confundido dijo: cretino admiro la veraz sinceridad
de tus palabras enigmáticas.
Hemos aprendido a convertir los significados
esta es la fórmula, sabio
usurpar la tierra de otros significa dar un hogar
denigrar es superarnos, despojar es prosperar.
Entonces, cretino, cómo se dice
“asesinamos a Hassan, Noura, Alayán, Fátima, Alma, más de cien mil veces”.
Sabio ¿Acaso eres terrorista?
Cretino, decime, ¿qué significa la infamia?