Luis Camacho
Nuestro propósito es exponer los aportes de Susan Haack a la lógica y epistemología. Nos interesan en particular sus ideas sobre las lógicas divergentes y alternativas, su relación con el pensamiento de Willard van Orman Quine y sus posiciones sobre el feminismo. En epistemología y filosofía de la ciencia destacamos sus críticas a lo que considera nuevas formas de autoengaño.
Autor/ Author
Luis Camacho Universidad de Costa Rica
Recibido: 16/01/2024 Aprobado: 29/05/2024 Publicado: 08/07/2025
Una de las filósofas más interesantes y destacadas en nuestros días es Susan Haack, profesora de filosofía y derecho en la Universidad de Miami en Coral Gables. Es autora de numerosas obras en lógica y epistemología, y se declara feminista aunque esté en desacuerdo con algunas de las posiciones más radicales de otras feministas, en particular en relación con la ciencia. Llama la atención la claridad con que la profesora Haack expone los problemas y sus opiniones sobre las respectivas soluciones, y la seguridad con la que defiende sus posiciones, así como su disposición para cuestionar mucho de lo dicho por autores aceptados más por autoridad o por moda que por convencimiento. Esto hace que sus ensayos
teóricos sobre lógica sean ejemplo de lógica en la argumentación y que sus análisis epistemológicos de la fundamentación de nuestras creencias a su vez están muy bien fundamentados. De modo que su trabajo es un ejemplo notable de lógica en la discusión sobre lógica, y de epistemología en su investigación epistemológica.
Nacida en 1945 en Inglaterra, se graduó en Oxford y Cambridge. En Oxford estudió a Platón con el profesor Gilbert Ryle y lógica con Michael Dummet. Obtuvo su bachillerato en filosofía con un trabajo sobre la ambigüedad bajo la supervisión de David Pears (este tema aparece en varias de sus obras). Su doctorado en filosofía fue posible gracias a una tesis dirigida por Timothy Smiley. Antes de ser profesora en Miami, Haack fue profesora en la Universidad de Warwick en Inglaterra. Su doble formación, en filosofía y derecho, se nota sobre todo en su libro Defending Science Within Reason (2003), donde encontramos un capítulo dedicado al tema del uso de la ciencia en la decisión de casos penales y civiles. La profesora Haack tiene influencias del pragmatismo de Charles Sanders Peirce, de quien se declara seguidora y con frecuencia lo cita y al que considera el filósofo más importante de Estados Unidos. También tiene muy en cuenta las ideas del lógico Willard van Orman Quine, uno de los autores más mencionados en sus obras, sobre todo en las primeras, y con el cual con frecuencia no está de acuerdo.
Susan Haack ha escrito gran número de artículos y libros, de los que aquí nos
interesan su obra temprana Deviant Logic (Cambridge University Press 1974; Lógica Divergente, Madrid, Paraninfo, 1980) Philosophy of Logics (Cambridge University Press, 1978; Filosofía de las lógicas, Madrid, Cátedra, 1982), y -de las obras más cercanas a nuestro tiempo- las siguientes: Evidence and Inquiry, Towards Reconstruction in Epistemology (Oxford: Blackwell, 1993), Manifesto of a Passionate Moderate (The University of Chicago, 1998) y Defending Science Within Reason, Between Scientism and Cynicism (New York:Prometheus Books, 2003). Más reciente es Poniendo a trabajar a la filosofía: La investigación y su lugar en la cultura (Putting Philosophy to Work: Inquiry and Its Place in Culture, New York:Prometheus, 2013)).
En lo que sigue nos referiremos primero a las dos obras mencionadas dedicadas a la lógica y luego pasamos a sus obras sobre epistemología y filosofía de la ciencia. Antes de terminar, examinaremos brevemente un artículo de 2016 titulado ”La fragmentación de la filosofía, el camino a la reintegración”, aparecido en la revista Elenchos, órgano de la Sociedad Filosófica de Uruguay.
Haack dio a conocer sus principales inclinaciones y su apego al pragmatismo de Charles Sanders Peirce desde Lógica Divergente (Deviant Logic), traducida al español y publicada por la Editorial Paraninfo en 1980, edición descuidada llena de errores (v.g. en vez de escribir Reichenbach, siempre aparece escrito Reichembach). El tema en esta obra son las frecuentes propuestas para un cambio en la lógica, bien sea en el sentido de que tenemos que cambiar toda la estructura de nuestras inferencias y cambiar los cálculos de validez e invalidez, o en el sentido más restringido de crear lógicas particulares para resolver problemas especiales, como por ejemplo los resultados contraintuitivos de la física cuántica, o los problemas de la vaguedad en
el lenguaje ordinario. En el “Prefacio” la autora menciona los antecedentes de la aparición de lógicas no estándar, entre los que cita a Charles Sanders Peirce (1902), MacColl (1906), Lukasiewicz (1920) y Post (1921). La lógica derivada del intuicionismo en matemática, propuesta sobre todo por Brouwer y Heyting, es el tema de un capítulo, y al final del libro dedica otro capítulo a la propuesta de Reichenbach (1944) sobre una lógica para la física cuántica.
No sorprende que una de las alternativas que más le interesa a Haack sea la así llamada lógica cuántica, propuesta para aclarar las paradojas y dificultades de esa teoría de la física. La autora examina varias propuestas, que coinciden en introducir más de dos valores de verdad, bien sea porque incluyen un valor llamado “indeterminado” o porque introducen vacíos o huecos en la semántica, es decir, situaciones en las que la proposición podría ser verdadera o falsa pero no lo sabemos. Las conclusiones sobre este tema cierran la obra, y son muy sencillas: (a) Es posible que las dificultades de comprensión presentadas por los desarrollos de la física den lugar a la necesidad de cambiar la lógica con la que intentamos entender esas teorías.
(b) El cambio de lógica no tiene por qué ser metodológicamente vicioso , es decir, se puede evitar el engaño de usar el cambio de lógica para apoyar una teoría que a su vez motiva el cambio de lógica, de modo que la lógica apoya a la teoría y la teoría a la lógica, sin salirse del círculo, que se vuelve irrefutable pero vicioso. (c) No se ha demostrado concluyentemente, sin embargo, que los desarrollos de la física obliguen a un cambio en la lógica, a pesar de los esfuerzos de Hans Reichenbach y otros autores por demostrarlo. En el cálculo lógico propuesto por dicho autor los enunciados contraintuitivos que expresan el comportamiento tan extraño de las partículas subatómicas no tienen valor veritativo. Sin embargo, considera Haack que Reichenbach no logra probar que su lógica resuelva los problemas de comprensión de la física cuántica.
De la lectura cuidadosa de esta obra se puede inferir que conclusiones parecidas se pueden obtener en el caso de otras lógicas que se presentan como alternativas a la clásica, bien sea que se propongan como cambios globales, o parciales. En general, algunos de estos sistemas podrían ser alternativos a la lógica clásica en sentido fuerte, pero no han demostrado que lo sean. De todas las propuestas de lógica alternativa analizadas por Haack en este libro, ninguna le parece satisfactoria para el propósito que las motiva. Puesto que cada cierto tiempo han aparecido supuestas lógicas alternativas a la lógica clásica que luego caen en el olvido, podemos suponer que en el futuro aparecerán más, y que serán necesarios otros análisis parecidos a los que hace la autora en este libro.
Uno de los capítulos más interesantes es el que se ocupa de la vaguedad o ambigüedad de las proposiciones, una característica del lenguaje natural que ha llevado a muchos autores a proponer lógicas con más de dos valores, o con huecos de verdad, para resolver situaciones en las que un predicado asignado a un sujeto es impreciso o la asignación misma es indeterminada. En nuestra vida cotidiana nos encontramos con situaciones semejantes, cuando nos resulta difícil responder afirmativa o negativamente a una pregunta. “Llueve”, por ejemplo, es claramente verdadero si caen miles de gotas por metro cuadrado en un segundo, y claramente falso si no cae ninguna gota. Pero, ¿qué decir si apenas caen unas pocas? Un aguacero
es una colección de gotas de agua que caen sobre un espacio determinado al mismo ritmo temporal, pero cada gota ciertamente no es un aguacero. ¿En qué momento o con qué número de gotas tenemos un aguacero? Este es un ejemplo de toda una serie de paradojas conocidas en lógica desde tiempos inmemoriales: si un grano de arena no es un montón, pero un montón de arena es una colección de granos, ¿ qué número de granos se requiere para tener un montón? Si la caída de un cabello no hace que alguien sea calvo, pero una persona calva es la que ha perdido la mayoría de su cabellera, ¿qué número de cabellos tienen que caer para que alguien se considere calvo? La pregunta que surge es: ¿Debemos entonces crear una lógica para proposiciones ambiguas, que parecen indeterminadas, o más bien debemos tratar primero de eliminar la ambigüedad? Si escogemos lo primero, tendremos consecuencias no deseadas, pues podría ser que con el cambio de lógica perdamos posibilidades . Si preferimos resolver antes el problema de la ambigüedad, nos encontramos con el hecho de que hay variadas maneras de hacerlo.
Un problema semejante se presenta con las proposiciones contingentes de futuro.
Ya Aristóteles, fundador de la lógica, se plantea en su obra De la interpretación,cap.9 (18b-19a) si las proposiciones contingentes de futuro son verdaderas, y plantea el asunto con el ejemplo famoso de la proposición “mañana habrá una batalla naval”. Si esta proposición es verdadera-argumenta Aristóteles-entonces tiene que ser necesaria, contra la suposición de que es contingente. Aristóteles concluye que en este momento no es verdadera ni falsa, y solo será una u otra cosa cuando llegue mañana. “Mañana habrá una batalla naval” es entonces verdadera si y solo si mañana hay una batalla naval”. Si es así, entonces Aristóteles propugna una lógica de tres valores para el futuro. Obviamente hay otras soluciones para este acertijo, y la conclusión de Haack es semejante a la que propone en otros casos: un cambio de lógica para resolver un problema particular puede traer consigo un precio demasiado alto.
Así pues, las preguntas que motivan a Haack en esta obra son profundas:
¿Son posibles las lógicas realmente rivales de la lógica clásica? Se entiende por lógica clásica la que tiene dos valores para toda proposición, verdadero o falso, y en la que funciona el principio de tercero excluido, es decir p v -p.
¿ Qué quiere decir que un sistema es rival de otro?
Si es posible crear lógicas alternativas, ¿existen razones para preferir una sobre otras?
¿Qué consecuencias tiene la adopción de una lógica para la teoría de la verdad en epistemología?
En todo caso, la discusión sobre lógicas alternativas sirve para hacer distinciones. Al aclarar en qué sentido una lógica pueda ser alternativa a la lógica clásica, la autora distingue entre los sistemas que se presentan como ampliación de la lógica estándar, como por ejemplo las lógicas modales, la deóntica, la de contrafácticos, la lógica temporal, la de preguntas y la imperativa, y aquellas que se presentan como rivales, que coinciden en tener más de dos valores para las proposiciones. Mientras las primeras son extensiones y complemento de la lógica clásica, las rivales se postulan
como alternativas. También hay que distinguir entre un cambio total y otro parcial de la lógica, pues una lógica que se presente como alternativa a la lógica estándar puede pretender sustituirla completamente o solamente en parte. Generalmente se presentan como solución a algún problema particular de comprensión, como por ejemplo la ambigüedad, la vaguedad o los resultados sorprendentes derivados de experimentos y observaciones científicas.
Por otra parte, la autora distingue entre realismo y pragmatismo en lógica. Según el primero la lógica puede ser refutada o verificada. Según el segundo, la escogencia de un sistema en lógica se basa en la conveniencia, no en la verdad o falsedad del sistema. A su vez, también considera Haack la relación entre lógica y matemáticas. Autores como Frege y Russell nos dicen que la lógica es más básica y sirve de fundamento para la matemática, mientras los intuicionistas como Brouwer y Heyting consideran que las matemáticas son más básicas que la lógica. El pragmatismo de Haack no es relativista ni meramente utilitarista, sino que tiene las dimensiones de mayor amplitud y profundidad que le dio su fundador, Charles Sanders Peirce, y que llevaron a éste a distanciarse de seguidores que simplificaron sus posiciones, como por ejemplo la identificación sin matices de la verdad con la utilidad. Rechaza Haack la idea de algunos de que la lógica no es más que una colección de cálculos abstractos sin ninguna interpretación, y podemos añadir que si la lógica se convierte en ese tipo de abstracción, no tiene nada que ver con lo que originó su aparición, cuando Platón en el diálogo Fedón señala la necesidad de una técnica para distinguir entre argumentos válidos e inválidos, del mismo modo que necesitamos algún criterio para distinguir entre amigos confiables y amigos que dejan de serlo. Puesto que la lógica tiene que ver con validez o invalidez de argumentos, y la mayoría de estos se dan en el lenguaje natural informal, la relación entre cálculos lógicos formales y lenguaje natural ha sido uno de los temas repetidos en filosofía de la lógica. La posición de Haack es moderada: la lógica tiene sus problemas propios y la formalización no se limita a simbolizar argumentos en lenguaje natural, pero tampoco los deja de lado. Al buscar la interpretación de cálculos formales en el lenguaje ordinario, se escogen fragmentos idealizados del lenguaje natural.
Susan Haack enfatiza su orientación pragmatista en esta obra, orientación que
aparece también en libros y artículos posteriores. Los pragmatistas rechazan tanto el verificacionismo como el falsacionismo de Popper, tanto la idea kantiana de que la lógica es la forma universal, vacía e inalterable del pensamiento, como la de Frege de que la lógica es evidente por sí misma y no necesita fundamentación. Al proponer los criterios de simplicidad y economía como los principios básicos que hay que seguir en el momento de escoger una teoría, tanto científica como lógica, Haack se da cuenta de las objeciones que se le pueden hacer al pragmatismo. Una de ellas es la falta de coherencia -es decir, la presencia de contradicciones- la otra es que el pragmatismo no estaría a veces en capacidad de decidir entre dos teorías sobre la base de simplicidad y economía. Podría ocurrir que dos teorías diferentes puedan ser igualmente simples y económicas, o que haya otro criterio adicional que nos haga preferir una teoría a pesar de ser menos simple o económica que otra. En la historia de la ciencia encontramos la investigación que busca resolver un problema y descubrir cómo son las cosas, pero no es obvio que siempre la simplicidad y la economía sean los criterios para preferir una teoría sobre otra.
Que la lógica ocupe un lugar privilegiado dentro del conjunto de nuestras habilidades mentales se presupone hasta en los argumentos de Haack a favor del pragmatismo. Por ejemplo, cuando ella afirma que no sería posible defender dos teorías contradictorias, nos podemos preguntar por qué. Si la lógica no es evidente por sí misma -como ella afirma- entonces aceptar una contradicción podría ser tan permisible como rechazarla, y una lógica que tolere la contradicción no nos permitiría sobrevivir en un mundo en el que saber el saldo de la cuenta de ahorros, o de qué puerta sale un vuelo de avión, son asuntos importantes en los que no cabe la contradicción.
El siguiente libro sobre la lógica escrito por Susan Haack se llama Filosofía de las lógicas y consiste en una exposición sistematizada de los problemas que plantea el gran desarrollo de la lógica a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Haack considera a Gottlob Frege el iniciador de esta corriente de investigación, debate y aplicación, aunque alguna vez menciona la obra anterior de George Boole, quien en 1847 publicó su Análisis matemático de la lógica, donde se muestra cómo se puede probar la validez o invalidez de los silogismos mediante procedimientos matemáticos. En Filosofía de las lógicas encontramos una amplia discusión sobre varios de los problemas que plantea la lógica, tales como la relación o falta de ella entre la lógica formal y el lenguaje ordinario, la diferencia en la interpretación de los cuantificadores, la relación entre proposiciones o sentencias y enunciados, la relación entre validez y verdad, etc.
En el Prefacio de Filosofía de las lógicas la autora distingue cuatro áreas principales en la evolución de los sistemas lógicos: (a) El desarrollo del aparato lógico estándar usado en los cálculos formales, tarea en la que menciona a Frege, Russell, Wittgenstein, Löwenheim , Henkin, Church y Goedel, y se le escapa Leibniz, quien en el siglo XVII desarrolló los primeros cálculos lógicos mediante aplicación de procedimientos matemáticos a esquemas de argumentos, mucho antes que Boole. (b) El desarrollo de los cálculos no estándar, como las lógicas modales de Lewis y otros, las lógicas plurivalentes de Lukasiewicz y Post, y la lógica intuicionista de Brouwer. (c) El estudio filosófico de la aplicación de estos sistemas al argumento informal, y (d) El estudio de los fines y capacidades de la formalización. Sobre este último punto encontramos tres posiciones: (a) La de los optimistas en relación con la significación filosófica de los lenguajes formales, como Quine y Carnap , quienes ven en la formalización lógica el instrumento para resolver problemas filosóficos. (b) La de los escépticos respecto de las pretensiones de relevancia filosófica de la lógica simbólica, como F.C. Schiller y Strawson, y (c) la de los reformadores, que propugnan una concepción de la lógica más psicológica que la reinante, como es el caso de Dewey.
Dos son los temas filosóficos vitales que Haack encuentra en la lógica y que se
analizan en filosofía de la lógica: la pluralidad de los sistemas lógicos y los modos en que los cálculos tienen que ver con la valoración de argumentos informales. En relación con el primer tema, la autora nos recomienda prudencia en el momento de proponer y utilizar lógicas suplementarias o alternativas a la lógica clásica. Aquí mantiene la misma posición cautelosa que muestra en Lógica Divergente. En cuanto al segundo tema, su recomendación es atender con cuidado a los propósitos de la formalización. Una separación exagerada y artificial entre cálculos formales y argumentos en lenguaje ordinario ha llevado a algunos autores hasta el extremo
de decir que ambas cosas no tienen ninguna relación, y que un argumento en lenguaje ordinario puede ser válido mientras no lo es en un cálculo formal, o al revés. Hasta donde conozco, Susan Haack no cae en la tentación de sostener posiciones tan extremas. Su idea de que los cálculos lógicos son idealizaciones del lenguaje ordinario hechas con propósitos específicos, nos parece notablemente sensata. Una de las secciones más interesantes del libro es la dedicada a distinguir entre lo que los medievales llamaban en latín logica utens (lógica aplicada) y logica docens (lógica teórica).
El libro profundiza muchas de las ideas presentes ya en Lógica Divergente, como por ejemplo la negativa a considerar que la lógica es evidente por sí misma y que no necesita cambios. De hecho, al final de Filosofía de las lógicas hay un capítulo en el que se retoma el tema de las lógicas divergentes.
Pasemos ahora a los libros sobre epistemología y filosofía de la ciencia. En 1998 Haack publicó un libro muy controversial, titulado Manifesto of a Passionate Moderate. Eran los años del desenfreno relativista, en los que las posiciones exageradas de muchos filósofos coincidían en rechazar como conservadurismo ingenuo o como complicidad con el poder a quienes defendieran la búsqueda de la verdad como objetivo de la investigación y tarea de la filosofía. Eran los años en los que la idea de Thomas S. Kuhn de que científicos con diferentes paradigmas viven en mundos diferentes llevaron a muchos a la conclusión lógica de negar la realidad objetiva, opinión reforzada con la idea de autores como Stephen Stich de que la verdad no es más que una versión de la utilidad, y que con frecuencia ni siquiera es útil. Richard Rorty proclamaba por aquella época que decir de una proposición que es verdadera equivale a darle una palmadita en la espalda, y el psicólogo Kenneth Gergen anunciaba que la ciencia no tiene nada que ver con los hechos. Varias feministas habían asumido la posición de que no existe verdad sino únicamente poder, y que las diferencias en posiciones científicas y filosóficas se explican por la sociología, pues la investigación científica no nos dará una visión desinteresada de un mundo natural con leyes ajenas a la voluntad humana. Esas mismas feministas, entre las que destacan Helen Longino y Sandra Harding, rechazaron la objetividad y universalidad de la ciencia sobre la base del argumento de que se trata de un producto de hombres para reforzar el patriarcado, como instrumentos de opresión contra las mujeres.
En la “Introducción” a este libro, la autora plantea claramente la visión que
rechaza y critica: por una parte, todos estamos acostumbrados a investigar para descubrir la verdad, aunque sea en asuntos que pueden parecer triviales como el horario de buses y trenes o el saldo de nuestras cuentas bancarias. Podía haber añadido la tecnología, ya que los aparatos que nos rodean, que hacen la vida menos difícil, y sin los cuales difícilmente podríamos existir, funcionan o no según leyes físicas cognoscibles, de modo que sabemos por qué funcionan cuando funcionan y por qué no funcionan cuando no funcionan. Las leyes que hacen posible el funcionamiento de máquinas y aparatos son universales, pues operan de igual modo en cualquier lugar. Lo mismo ocurre en la investigación científica y matemática: los investigadores quieren
ser los primeros en descubrir cómo son las cosas, aunque eso signifique cambiar sus opiniones previas y reconocer errores. Estos descubrimientos se sostienen por sus propios méritos, con independencia de las personas.
Sin embargo, en la década de los ochentas del siglo pasado se puso de moda, incluso entre filósofos de quienes uno esperaría más sensatez, la idea de que no existe la verdad o de que esta es relativa a las circunstancias subjetivas y la idea de que la investigación científica no es más que una negociación entre grupos con poder. A lo largo de las páginas de esta obra, Susan Haack arremete con gran energía y conocimiento contra las opiniones de quienes dicen que toda teoría está subdeterminada por los datos, de modo que para cualquier evento hay infinitud de teorías explicativas, así como contra quienes consideran que toda la ciencia, incluso la lógica y las matemáticas, están subordinadas a la sociología. La idea de que es la sociología la que destapa las relaciones de poder que llevan a los supuestos descubrimientos de la ciencia natural no ha tenido consecuencias en la actividad científica, entre otras razones porque sin estos descubrimientos no hubiera aparecido la tecnología actual, que permite a unos y otros difundir sus ideas.
En las reacciones favorables a este libro autores famosos (entre ellos Mary
Midgely, Ruth Barcan Marcus, Alan Sokal) se refirieron a las opiniones analizadas por Haack y que ella califica en esta obra como sinsentido académico, tonterías disfrazadas de sofisticación, dogmas de moda y extremismo retórico. Susan Haack con frecuencia se refiere a las posturas radicales como nuevas formas de autoengaño. También este libro está inspirado en Charles Sanders Peirce, a quien Haack considera el filósofo norteamericano más importante, que presenta aquí con énfasis en textos de Peirce afines a otras escuelas realistas, y es una defensa de la objetividad de la verdad, de los logros de la ciencia, de la necesidad de investigar para conocer la verdad y no para reforzar los prejuicios del investigador. La autora defiende en este libro la honestidad intelectual, que lleva a admitir que una investigación pueda concluir en un camino sin salida.
Particularmente interesante es su rechazo a la idea de que cada grupo humano tiene una manera de pensar inconmensurable con las de otros grupos, de manera que se pueda hablar con propiedad de una epistemología femenina, u homosexual, o afroamericana. Haack rechaza la idea de que nuestra percepción esté determinada por el paradigma que seguimos, como si no pudiéramos poner en entredicho nuestras propias opiniones y revisar nuestras percepciones. Ante su mirada crítica desfilan muchas de las opiniones o quizá más bien ocurrencias de una época a la que siguió más recientemente la lucha entre distintas facciones de la izquierda, y la apropiación por parte de la derecha política de los pronunciamientos de autores de izquierda como Foucault, cuyo rechazo a las políticas públicas en tiempos de la crisis del sida han sido retomadas por los anti-vacunas y anti-ciencia de la extrema derecha en nuestros días.
Detengámonos ahora en la relación entre conocimiento y evidencia. En Evidence
and Inquiry la autora defiende lo que llama en inglés “foundherentism” , combinación de las palabras “foundationalism” y “coherentism”. El término ha sido traducido al español como funderentismo y expresa la idea de reconocer la relevancia de la experiencia para la justificación empírica sin postular ninguna clase privilegiada de
opiniones o creencias. Como su nombre lo indica, toma del fundacionalismo la idea de que las opiniones tienen que estar basadas en o derivadas de la experiencia del sujeto, y toma del coherentismo la idea de que una creencia justificada tiene que acomodarse en un conjunto coherente de creencias. Fundamentos y coherencia son igualmente necesarios pero ninguno de ellos por si solo es suficiente para justificar nuestro conocimiento. La metáfora preferida de Haack para explicar su posición es el crucigrama: cada entrada del crucigrama se justifica según el significado de una palabra (digamos, corresponde a un hecho: la descripción que se ofrece), pero cada palabra tiene que encajar con otras palabras tanto horizontal como verticalmente.
Conocemos la diferencia entre una investigación cuyos resultados se reportan sin falsificación -aunque la motivación del investigador no tenga nada que ver con el progreso de la ciencia- y la que se distorsiona para que parezca confirmar lo que al investigador le interesa propagar como verdad, a sabiendas de que no lo es. En esto la ciencia no difiere de otras actividades humanas.
Según Haack, la diferencia entre evidencia o prueba empírica y falta de evidencia es lo que explica que finalmente las teorías y opiniones falsas desaparezcan, independientemente de los condicionamientos sociales. Más bien serían estos los que favorecen o entorpecen la búsqueda de pruebas empíricas, sin constituirlas. Cuando Haack escribió estas líneas estaban de moda filósofos que proclamaron a todos los vientos que no existen hechos, sino solo interpretaciones (Nietzsche), o que la ciencia no tiene nada que ver con los hechos de la realidad (Kenneth Gergens)
, o que los científicos se encuentran encerrados en paradigmas cuyas diferencias son “irreconciliables” (Thomas S. Kuhn), o que lo único que muestra la prevalencia de una teoría es quién tiene el poder político (Sandra Harding), o que nunca existe paso de la ignorancia al conocimiento en la ciencia, sino únicamente paso de una manera de hacer ciencia a otra diferente (Thomas S. Kuhn en el discurso inaugural del XVII Congreso Internacional de Historia de la Ciencia, en Berkeley, 1985). Entre las muchas cosas dichas hasta por filósofos de quienes uno espera sabiduría está la idea de que lo que llamamos conocimiento es solo la ignorancia de moda, mientras otros nos han dicho que la verdad es solo una forma de utilidad, y que tener creencias verdaderas no es ninguna ventaja. No faltan quienes repiten que toda traducción es indeterminada, aun cuando es evidente que los contratos, manuales de operación de equipos delicados y procedimientos peligrosos, leyes, pronunciamientos diplomáticos y otros ejemplos de uso de lenguajes naturales se suelen traducir con suficiente precisión como para que no haya perjuicio físico o económico ( o se inicie una guerra) a consecuencia de una traducción defectuosa.
Este numeroso grupo de autores influyentes, entre los que se cuentan feministas
radicales, multiculturalistas, sociólogos, críticos literarios y filósofos, niegan la distinción entre enunciados basados en la evidencia fáctica y enunciados sin apoyo en la evidencia, con la opinión de que toda investigación es una negociación entre poderes. Lo que llamamos evidencia para ellos no es más que una cortina para ocultar las operaciones del poder, la política, la negociación social o la retórica. Puesto que toda ciencia de acuerdo con esta visión obedece a condicionamientos sociales, la sociología se postula como la ciencia más importante.
En este contexto digamos algo sobre las relaciones entre Haack y Willard van
Orman Quine, en quien se encuentran algunas de las ideas que hemos mencionado antes. De las numerosas referencias a Willard van Orman Quine señalemos el artículo de Haack titulado “The Two Faces of Quine’s Naturalism” aparecido en la revista Synthese 94, 1993. Aquí la autora se refiere a la idea de Quine de que la epistemología debería convertirse en una ciencia. El punto de vista defendido en el artículo es que, aunque la posición de Quine sobre la epistemología naturalizada contiene elementos de verdad, sin embargo está basado en una serie de confusiones y equivocaciones. Parafraseando la argumentación de Haack, si la epistemología debe convertirse en una ciencia, o bien existe ya o no existe todavía. Pero ninguna de las ciencias actuales tiene respuestas a las preguntas tradicionales de la epistemología, por lo que habría que crear una. Sin embargo, es difícil pensar en una ciencia que tenga respuestas a esas preguntas y no se parezca más bien a la filosofía.
Mientras la discusión de las ideas de Quine en Evidence and Inquiry se sitúa en el
contexto de la presentación del funderentismo, en cambio en el Manifesto la lucha contra el irracionalismo y relativismo en epistemología es la preocupación principal. Hay una diferencia importante: mientras en Evidence and Inquiry las referencias a Quine son más frecuentes y variadas, en el Manifesto son menos numerosas y se limitan a la relatividad ontológica, la relatividad de la noción de verdad y la indeterminación de las teorías en relación con los datos, la famosa tesis de Pierre Duhem y W. V. Quine, según la cual los mismos datos pueden servir de evidencia para innumerables teorías e hipótesis pues ninguna de ellas se puede verificar o refutar conclusivamente. De aquí se seguiría que no podemos verificar ni refutar ninguna teoría. Esta posición, que no encuentra sustento en la historia de la ciencia, se suele presentar con otra que lleva a consecuencias igualmente relativistas, la idea de que no podemos verificar o refutar ninguna teoría aislada de las demás, puesto que nuestras percepciones funcionan en conjuntos, no separadamente.
Sin embargo, no hemos encontrado ningún pasaje en el que Quine sea incluido
dentro de los partidarios más radicales del relativismo, pues el mismo Quine con frecuencia atempera la interpretación de sus ideas (1981, 24-30). Ni siquiera se apega demasiado a lo que se conoce en filosofía de la ciencia como la tesis Duhem-Quine, según la cual la evidencia empírica a favor de una teoría nunca llega a ser suficiente como para declararla coherente únicamente con dicha teoría, pues también podría ser usada para probar otras muchas teorías.
Digamos ahora algo sobre el feminismo de Susan Haack. En el capítulo 7 de su libro Manifiesto de una moderada apasionada nos dice que ha sido feminista desde que tenía 12 años, cuando obtuvo la nota más alta en su primer examen de química. El segundo lugar lo obtuvo un muchacho, quien rechazó como injustas las calificaciones con el argumento de que “todo el mundo sabe que las niñas no pueden estudiar química”. Como epistemóloga (así se define en este libro), Haack se pregunta si no debería estar de acuerdo con lo que algunas feministas llaman “epistemología feminista” , y su respuesta es que no está de acuerdo con que existan epistemologías relativas al género, o a la etnia, o a cualquiera diferencia social. Según ella, en los
años en que escribía este texto, se pasó de una filosofía feminista que enfatizaba la humanidad común de hombres y mujeres, enfocada en la justicia y la oportunidad, preocupada y activa en asuntos sociales y políticos, a otro proyecto muy diferente, un feminismo imperialista y ambicioso, que recalca el “punto de vista de las mujeres” y que busca relevancia revolucionaria en todas las áreas de filosofía y de las ciencias sociales, y persigue con saña a quienes considera que se apartan de la ortodoxia. El panorama le parece confuso, pues entre las feministas de esta nueva generación encontramos una gran variedad de perspectivas, desde las que proclaman que el conocimiento debe ser generado únicamente por mujeres, hasta las que intentan adaptar algunas de las escuelas filosóficas a una perspectiva de género. Si nos limitamos a la epistemología, la idea de una epistemología reducida a un grupo de personas para las que sería válida con exclusión de otros grupos, que a su vez tendrían sus propias epistemologías, haría imposible el avance del conocimiento científico y la comunicación entre personas de diferentes lenguajes y culturas. Esto da lugar obviamente a contradicciones que no se intenta resolver, y con las que más bien se busca convivir. En particular analiza la obra titulada Women’s Way of Knowing de Mary Field Belenky, Blythe McVicker Clinchy, Nancy Rule Goldenberger y Gill McGill Tarule, que se supone se basa en evidencia empírica obtenida mediante encuestas. Sin embargo, las encuestas ya estaban prejuiciadas a favor de la posición según la cual las mujeres conocen de manera diferente a los hombres, pues a las mujeres entrevistadas se les decía de antemano que las preguntas iban dirigidas a descubrir las maneras de conocer propias, diferentes y exclusivas de las mujeres. Como señala Haack respecto de la lógica, muchas de las objeciones en contra de la lógica clásica hechas por las feministas radicales ya habían sido hechas por autores que propusieron nuevos cálculos como los de la lógica modal o propuestas de lógicas alternativas. Por lo demás, los resultados de la aplicación de la epistemología feminista a la investigación científica no han sido diferentes a los que se hubieran obtenido con una epistemología común a todos los seres humanos.
Sobre la fragmentación de la filosofía: en el artículo de 2016 “La fragmentación
de la filosofía, el camino a la reintegración” la autora se queja de que la filosofía en Estados Unidos y en el Reino Unido se haya vuelto exageradamente escolástica y entiende por esto la actividad de exagerada especialización y trivialidad. Mientras los medievales supuestamente se preguntaban cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler, los analíticos de nuestros días están obsesionados con preguntas acerca de otras cuestiones igualmente alejadas de los problemas reales. Nos interesa este artículo porque ofrece una descripción resumida de las posiciones de la autora al detallar su respuesta a la pregunta “¿Sobre qué trabaja Ud.?” que alguien le hace en una reunión. Su respuesta se puede resumir así: la epistemología funderentista le hizo pensar acerca de la prueba con respecto a las afirmaciones científicas, las cuales a su vez la condujeron a la explicación sentido-común-crítica de la prueba científica y la investigación científica y a su explicación Realista Inocente de sus fundamentos metafísicos, de donde pasa a cuestiones sobre la prueba legal general, y acerca del esfuerzo jurídico por domesticar el testimonio científico, y de ahí a cuestiones acerca de la evolución de los sistemas legales.
En este artículo la autora nos muestra cómo el trabajo filosófico puede ser útil
para campos vecinos, y lo ilustra con el ejemplo de cómo la epistemología puede ayudar a entender la prueba legal en un juicio como grados de justificación de creencias en vez de probabilidades matemáticas.
La amplitud, rigor, profundidad y originalidad de los trabajos de Susan Haack en lógica y epistemología justifican su destacada posición en el panorama filosófico contemporáneo. Esperamos que nuestra exposición general sea una invitación a trabajos más especializados sobre su pensamiento. Al terminar, queremos agradecer a Susan Haack su lucha por la racionalidad en un campo como la filosofía, que a veces se ha visto comprometido con la tentación a seguir la moda sin preguntarse antes por los fundamentos y las pruebas.
Belenky,M.F., Clinchy,B.M., Goldenberger,M.R., y Tarule,G.M. (1986). Women’s Way of Knowing. New York: Basic Books.
Boole,G. (1979). El Análisis matemático de la lógica. Madrid: Cátedra.
Gergen,K. (1988). Feminist Critique of Science and the Challenge of Social Epistemology. En Gergen,
M. (ed.). Feminist Thought and the Structure of Knowledge. New York: University Press.
Haack,S. (1974). Deviant Logic. Cambridge: Cambridge University Press Haack,S.(1980). Lógica Divergente. Madrid, Paraninfo.
Haack,S.(1978). Philosophy of Logics. Cambridge: Cambridge University Press. Haack,S. (1982). Filosofía de las lógicas. Madrid, Cátedra.
Haack,S.(1993). Evidence and Inquiry, Towards Reconstruction in Epistemology. Oxford, Blackwell. Haack,S. (1998). Manifesto of a Passionate Moderate. Chicago: The University of Chicago.
Haack, S. (2003.). Defending Science Within Reason, Between Scientism and Cynicism. New York: Prometheus Books.
Haack, S.(2013). Putting Philosophy to Work: Inquiry and Its Place in Culture. New York: Prometheus Books.
Haack, S. (2016). La fragmentación de la filosofía, el camino a la reintegración, en Elenchos (Uruguay), I,1, 7-48.
Harding, S.(1992). Whose Science? Whose Knowledge? Social Research, 59,3, 567-87.
Kuhn,T. (1962). The Structure of Scientific Revolutions. Cambridge: University of Chicago Press. Lukasiewicz, J. (1920). On 3-Valued Logic, en Mc.Call, Polish Logic. O.U.P.
Longino, H. (1990). Science and Social Knowledge. Princeton University Press. McColl, H.(1906). Symbolic Logic and Its Applications. Longmans, Green.
Peirce, C.S. (1902 .) Minute Logic, en Collected Papers, Harvard University Press.
Post, E. (1921). Introduction to the general theory of elementary propositions, en American Journal of Mathematics, 43.
Quine,W.van O. (1981). Theories and Things. Cambridge-London: Belknap Press.
Reichenbach, H. (1944). Philosophical Foundations of Quantum Mechanics. California University Press.