Randall Carrera Umaña
RESUMEN
Esta investigación parte de la premisa de que la realidad histórica, concebida como el aporte más original de la filosofía de Ignacio Ellacuría, es construida con elementos de orden zubiriano, esbozados a lo largo de las diferentes etapas de su pensamiento filosófico.
Autor/ Author
Randall Carrera Umaña Universidad de Costa Rica
Correo: carrera1526@ gmail.com
Recibido: 25/11/2024 Aprobado: 06/03/2025 Publicado: 08/07/2025
Se defiende la tesis de que para comprender esta noción es necesario, en primer momento, un conocimiento de la metafísica intramundana de Xavier Zubiri, particularmente de su reflexión sobre la dimensión histórica del ser humano. En segundo momento, de la necesidad de revisar los textos ellacurianos dedicados al pensamiento de su maestro, desde una óptica diferente, ya que desde la perspectiva de esta investigación, no se trata de simples comentarios o sistematizaciones, sino de momentos a partir de los cuales Ellacuría desarrollará gradualmente su filosofía de madurez, ya que son la plataforma metafísica sobre la que realizará su propuesta original. Por esta razón se estudian temáticas que Ellacuría desarrolla de la mano de Zubiri, tales como las posibilidades, la temporeidad, la transmisión tradente y el proceso de capacitación. El abordaje realizado permite concluir que el desconocimiento de la filosofía zubiriana incide en una incorrecta interpretación de la realidad histórica
Palabras Claves: filosofía, filosofía de la historia, historia social, capacitación.
Abstract: This research starts from the premise that historical reality, conceived as the most original contribution of Ignacio Ellacuría's philosophy, is constructed with elements of Zubirian order, outlined throughout the different stages of his philosophical thought.
The thesis is defended that in order to understand this notion it is necessary, first, a knowledge of the intramundane metaphysics of Xavier Zubiri, particularly of his reflection on the historical
dimension of the human being. Secondly, the need to review the Ellacurian texts dedicated to the thought of his teacher, from a different perspective, since from the perspective of this research, they are not simple commentaries or systematizations, but moments from which Ellacuría will gradually develop his philosophy of maturity, since they are the metaphysical platform on which he will carry out his original proposal. For this reason, we study themes that Ellacuría develops hand in hand with Zubiri, such as the possibilities, temporeity, transitive transmission and the process of training. The approach allows us to conclude that the lack of knowledge of Zubirian philosophy leads to an incorrect interpretation of historical reality
Key words: philosophy, philosophy of history, social history, training.
Introducción: la realidad histórica como categoría fundamental
Los comentaristas del pensamiento de Ignacio Ellacuría (1930-1989) coinciden en la importancia que cumple la noción de realidad histórica en la construcción de su proyecto filosófico (Brito, 2021; González, 2010; Samour, 2006; Martínez-Vásquez, 2021). Además de destacar los fundamentos zubirianos con los cuales el Rector de la UCA elabora su propuesta, enmarcada en el ámbito de las filosofías de la liberación (Nicolás, 2010; Romero-Cuevas, 2022, Carrera, 2021). Estos aspectos son de vital importancia para la comprensión de las intenciones filosóficas de Ellacuría, ya que una lectura que omita estos elementos adolecería de profundidad y correría el riesgo de fragmentar la amplitud de sus ideas.
Ante estas premisas el lector no especializado en la obra de este autor enfrenta dos dificultades: primero, la categoría de realidad histórica no es de fácil comprensión, pues aunque Ellacuría (2005) la desarrolla a profundidad en su artículo El objeto de la filosofía2, es necesario, tal como lo ha señalado Brito (2018), recurrir a otros textos elaborados a lo largo de sus diversos estadios de pensamiento. En segundo momento, e íntimamente ligado a lo anterior, debe enfatizarse que el estudio de estos textos posee alta dificultad, pues se elaboran sobre la base de la metafísica zubiriana, cuya comprensión apela a un horizonte filosófico novedoso, pletórico de neologismos y con intenciones intelectuales claramente definidas3.
Estos insumos se encuentran sistematizados a lo largo de sus escritos filosóficos, especialmente en el tomo II, donde Ellacuría centra su atención en el estudio del pensamiento zubiriano. Pero también en otros textos clasificados como teológicos o políticos4.
Con la finalidad de facilitar el acceso al estudio de la realidad histórica, en esta investigación se realiza una profundización de cuatro categorías claves para su comprensión: las posibilidades, la temporeidad, la transmisión tradente y el proceso de capacitación. Las cuales se analizan en relación directa con la metafísica zubiriana, a lo largo de diversos períodos de la obra ellacuriana.
Aunque no se realiza un estudio directo de la categoría de la realidad histórica, el abordaje de estas nociones permitirá una mayor comprensión de algunos de sus aspectos fundamentales. Ya que la apropiación de posibilidades será la base de la dimensión histórica del ser humano, la cual se realiza en un marco de impersonalización (Ellacuría, 2009a y 2009b). Mientras que la temporeidad permitirá comprender la tesis
de que la realidad histórica no es algo estático, sino que se realiza mientras se va manifestando en la historia misma, al dar cada vez más de sí, en su apertura propia del orden trascendental (Ellacuría, 2001). Además, el horizonte de posibilidades es entregado a los individuos y grupos colectivos en transmisión tradente (Ellacuría, 2009a), por lo que la realidad histórica puede considerarse como un amplio proceso metafísico y trascendental de capacitación (Ellacuría, 2009b).
Las posibilidades históricas
A partir de lo enunciado por Zubiri (2017), Ellacuría afirma que es un error confundir la historia natural con la historia humana, además de enfatizar que es insuficiente limitar el estudio de los actos humanos a los planteamientos tradicionales de acto y potencia (Ellacuría, 2007a) o visualizar la historia desde las vicisitudes, testimonios o sentidos (Ellacuría, 1991), tal como erróneamente se ha pretendido. Para Ellacuría la historia debe analizarse desde el marco de la inteligencia sentiente5 y desde sus parámetros interpretar los diversos elementos que la componen.
En consecuencia, el hombre al no limitarse a la mera acción estimúlica posee la capacidad, gracias a su proceso de hiperformalización, de dar una respuesta no determinada biológicamente, debido a que a pesar de estar instalado impresivamente en las cosas, se encuentra abierto a una dimensión trascendental, que le permite superar lo que se le ofrece como inmediatez. “La historicidad radical del hombre es la expresión metafísica del carácter de esencia abierta que le compete por ser inteligencia sentiente” (Ellacuría, 2007b, 347), de forma que el hombre no es histórico por el conocimiento adquirido a lo largo de los años, sino por lo que es como realidad en cuanto inteligencia sentiente.
Es aquí donde Ellacuría coloca el tema de las posibilidades humanas, como el principal eje para comprender la historia, su estudio se realiza en relación directa con las potencias humanas, los sucesos, la situación y la libertad, tal como se detalla a continuación.
Posibilidades y potencias
Según Ellacuría la historia va más allá de la mera actualización de potencias, desde su perspectiva el ser humano a diferencia de los animales, entre la potencia y el acto coloca el esbozo de sus posibilidades, aspecto que no comprendieron los griegos, al identificar lo posible con lo meramente potencial, sin realizar ningún abordaje del respecto formal de las posibilidades (Ellacuría, 2007a). Desde el marco de la metafísica zubiriana, Ellacuría afirma que las potencias aplican solamente para las esencias cerradas, mientras que el hombre por su apertura, puede encontrar en unas mismas potencias distintas posibilidades.
Es importante tener presente que las esencias cerradas operan por lo que son en sí mismas, de modo que sus potencias se actualizan por su conexión con otras cosas, mientras que las abiertas prefijan sus notas por su carácter de realidad, de forma que su apertura modifica el en sí, de manera que en ellas las potencias son actualizadas más allá de la simple conexión, sino también por medio de su carácter personal, inteligente y libre (Ellacuría, 2007a), es decir, por aceptación o aprobación.
Ellacuría desarrolla las diferencias entre las potencias y posibilidades, a partir de un ejemplo previamente expuesto por Zubiri en torno al hombre de Cromañón. Afirma que aunque sus potencias psicológicas pueden ser las mismas que las del ser humano actual, sus posibilidades varían, ya que su historia es distinta (Ellacuría, 1991).
Hay que tomar en cuenta que las tesis anteriores no presentan ningún tipo de dualismo, debido a que las posibilidades apelan al uso de las potencias. La idea fundamental radica en que desde su esencia el hombre es histórico, de manera que naturaleza e historia se encuentran principiadas y cobran su carácter de realidad de la esencia. Porque la vida es vida no por sus contenidos, sino por el autoposeerse, por ser reactualización de algo que se posee en acto primero. “El hombre se posee así mismo transcurrentemente, pero este transcurso es vida solo porque es posesión de sí mismo” (Ellacuría, 2007a, 237).
Por tanto, la vida humana es natural e histórica, en términos de Ellacuría, por ser mía, como una reactualización del carácter personal, pues lo histórico se apoya en la actualización de unas potencias naturales. Además, es de vital importancia determinar que en su análisis Ellacuría se ubica en el plano trascendental, dado que la apertura pertenece al en sí de la esencia abierta (Zubiri, 1962).
Posibilidades y sucesos
Estas ideas le permiten a Ellacuría afirmar que la mera actualización de potencias da lugar a los hechos, pero la actualización de posibilidades permite los sucesos. Los primeros si bien es cierto son producidos por el hombre, se ubican en la ejecución y resultado de lo meramente potencial, mientras que los segundos se encuentran en relación directa con el proyecto (Ellacuría, 1991), en el marco de la realización de posibilidades, al ejecutarse aquello por lo que se ha optado. Dicho proyecto se realiza a través del rodeo de la irrealidad (Zubiri, 2018; Ellacuría, 2007c), pero siempre apoyado en las cosas reales, pues “[…] el hombre es aquel ser que, para seguir siendo real, tiene que dar el rodeo de la irrealidad con los proyectos de su fantasía” (Ellacuría, 2007d, 548). Esto se comprende a partir del presupuesto zubiriano de que las cosas reales se encuentran en respectividad, aspecto que permite visualizar en ellas, las más variadas posibilidades por parte del hombre. Es decir, las cosas, no ofrecen propiedades, sino que por ser cosas sentido para el hombre, le abren todo un abanico de posibilidades. Ellacuría desea enfatizar que las posibilidades no están determinadas por la esencia humana, pues las cosas reales le remiten a la inteligencia multiplicidad de posibilidades, de ahí que el hecho de que las propiedades que posee la sustantividad humana no emergen de sí misma, sino de aquello que ha sido apropiado en virtud de lo que ella es. Esto permite afirmar que en Ellacuría no hay extremismos, pues “[…] el hombre es hecho y suceso, naturaleza e historia, donde ambos términos no están yuxtapuestos, sino que están intrínsecamente estructurados” (Ellacuría, 2007c, 533).
Posibilidades y situación
Ellacuría da un paso más en su análisis al expresar que las posibilidades se dan en una situación concreta, por lo que no se tratan de algo meramente subjetivo, debido a
que se encuentran apoyadas en las cosas mismas. El ejemplo propuesto es el del aire, el cual ha sido siempre el mismo, pero la situación para poder volar es diferente en la actualidad respecto al pasado (Zubiri, 2017). “La situación es por lo pronto, la radical condición para que puedan haber cosas para el hombre, y para que las cosas descubran al hombre sus potencias, y le ofrezcan sus posibilidades” (Ellacuría, 2007a, 241).
Esta situación afecta no solamente al hombre, sino también a las cosas en su realidad, dada su respectividad en la inteligencia, por lo que Ellacuría alude a la tesis de que el viviente se encuentra colocado y situado entre las cosas, donde una misma colocación puede dar paso a diversas situaciones (Zubiri,1982; 2016). Esto significa que la situación humana está condicionada por su momento biológico, “[…] en efecto, no puede ser independiente de lo que el hombre mismo es y de lo que son las cosas entre las que se halla” (Ellacuría, 2007a, 244). De modo que el carácter de realidad le da una nueva dimensión a la situación biológica, en razón de que la impresión de realidad muestra el papel que juega la situación biológica, ya que el enfrentamiento con la realidad se realiza desde una situación biológica situacional.
Para Ellacuría, esta situacionalidad es parte del hombre, por ser una realidad biológica e inteligente, por lo que puede hablarse de un fundamento biológico de la historicidad, ya que se trata de algo forzoso y biológicamente determinado. La cual aunque no es completamente determinante, circunscribe el ámbito de las problemáticas humanas. Esto le facilita dar el paso hacia la noción de experiencia, debido a que el hombre se encuentra con las cosas desde su inteligencia sentiente, obligándolo a una apertura a la realidad desde cosas concretas impresivamente inteligidas. De modo que su apertura universal queda limitada por las cosas impresivamente presentes, desde las cuales la realidad se le presenta de un modo determinado y delimitado.
En este sentido, el Rector de la UCA sigue la noción de experiencia trazada por Zubiri en Naturaleza, Historia, Dios: “Si llamamos experiencia a este modo de contacto con la realidad, se puede afirmar que toda experiencia tiene un perfil propio y particular y este este perfil es el correlato objetivo de la situación en que se halla instalado el hombre. Según este situado, así se sitúan las cosas en su experiencia” (Zubiri, 2017, 246). De esta manera, la inteligencia se encuentra modulada por la situación, la cual limita su universal apertura.
Esta situacionalidad se relaciona de manera directa con el proyecto, en consecuencia “[…] el hombre está siempre en una situación, pero de modo que se ve forzado a salir de su situación. A través del proyecto, sale de cada una de sus situaciones” (Ellacuría, 2017c, 548).
En síntesis, las situaciones en las que se encuentra el hombre son distintas, ya que su conjunto de posibilidades es diverso y se encuentra en un horizonte concreto. La clave está en que el cambio histórico se realiza por las decisiones humanas, las cuales modifican el sistema de posibilidades y se ejecutan en el plano de la libertad.
Posibilidades y libertad
Desde esta perspectiva toma sentido la libertad en su profunda e íntima relación con las posibilidades, “[…] cuando la actualización de posibilidades es fruto de una
decisión propia, no solamente hay estado de movimientos, sino acontecimientos […] verdadero acontecer” (Ellacuría, 2007a, 250). Significa que el cambio en sí mismo no es suficiente, se necesita el acontecer, comprendido como la posibilidad que pasa a ser realidad por apropiación y por medio de una libertad intelectiva. Puede hablarse entonces del hombre como una realidad que acontece y este acontecimiento es la historia y es en este acontecer donde el hombre construye la figura de su ser, el cual si bien es cierto no depende totalmente de su libertad, es gracias a ella que es histórico, por lo que la libertad es la raíz de la historia. Esto quiere decir que la libertad histórica necesita de posibilidades reales para realizar sus opciones (Ellacuría, 1991)6.
Por tanto, la apropiación de posibilidades se realiza en el contexto de la autodeterminación, pues el hombre forzosamente tiene que apropiarse, ya que la realidad humana se encuentra inserta en situaciones que tiene resolver por decisión, por lo que en el marco de su libertad posee la obligación de justificar la posibilidad preferida (Ellacuría, 2007c).
Solamente por la libertad es posible llegar a la historia, es acontecer histórico asumiendo las potencias y las posibilidades ofrecidas, por lo que la historia patentiza la dimensión cuasi-creadora del hombre, de modo que entre menos condicionamientos existan en la sociedad, mayor libertad poseerá el hombre para su ejercicio creador. Todo lo anteriormente dicho en torno a las posibilidades permite comprender que su principal condición metafísica radica en que su realización efectiva se realiza por medio de una opción humana, realizada en libertad. Se trata de una infinidad de posibilidades de la realidad de las cosas, “[…] nunca se acabará de descubrir el conjunto sistemático de posibilidades que los hombres y las cosas son capaces de alumbrar […]” (Ellacuría, 1991, 413). Esto implica entonces la apertura, pero también la obturación de nuevas realidades, a partir de las opciones asumidas por el hombre. Ellacuría afirma además que la posibilidad posee dos elementos distintos: algo real y que realmente puede llegar a ser lo que todavía no es y algo que haga que lo posible sea actualmente real. “Aquí entendemos materialmente por posibilidad histórica aquello que pretendemos que ocurra en la historia por anticipación y opción nuestra” (Ellacuría, 2009a, 314). Dejando claro que la posibilidad posee tanto condiciones objetivas como subjetivas, además, de que procesualmente tiene que
integrarse a lo que sucede en la historia.
Temporeidad e historia
La apropiación de posibilidades como elemento histórico, realizada a través de un proyecto en el que la opción humana es la clave, permite comprender que la historicidad humana se desarrolla en un marco temporal. Por ende, el estudio de la metafísica zubiriana, asumida por Ellacuría en esta temática es de suma importancia para la asimilación de sus tesis sobre la historia, por tal razón se estudiará de manera particular la relación existente entre la temporeidad y la autoposesión, para luego profundizar el vínculo existente entre el pasado, el presente y el futuro en Ellacuría.
Temporeidad y autoposesión
Ellacuría aborda el tema del tiempo a partir de la distinción entre realidad y ser7, donde la primera posee un carácter absoluto y la segunda un matiz de orden respectivo. “El ser es, por lo tanto, la intrínseca reactualidad de lo real en su respectividad” (Ellacuría, 2007a, 253), pues la cosa real tiene ser, pero en su actualidad, por lo que el tiempo ha de considerarse como el modo de ser (Zubiri, 1962; 2008). De acuerdo con Ellacuría “[…] la realidad en función trascendental, por su intrínseca respectividad, determina esa propiedad trascendental, que es el ser y el ser queda determinado, por lo que es aquella realidad” (Ellacuría, 2007a, 254).
Esto facilita comprender como el tiempo alude a un modo que refleja el cambio real, pues representa un carácter físico del estar siendo, de un estar actualizándose en la realidad de sus notas. Para Ellacuría esta actualidad debe comprenderse desde la dimensión de efectividad de la verdad real, la cual permite dar el paso posterior a la constatación. Esta idea se comprende plenamente desde la afirmación de Zubiri de que estar siendo es duración, por lo que “[…] duración no es ni retener el ser, ni retener la realidad, sino ser duradero” (Zubiri, 1962, 497), aspecto que le permite a Ellacuría afirmar que las nociones de tiempo y duración son insuficientes para comprender el tiempo humano, de forma que la clave radica en la temporeidad.
En consecuencia, el hombre por su inteligencia sentiente tiene que cargar con la realidad, a partir de su presentación como duración, es decir, tiene que hacerse cargo porque la cosa está presente. “La temporalidad presupone el tiempo, es decir, una realidad que cambia y cuyo cambio en función trascendental hace que su ser sea flexivo” (Ellacuría, 2007a, 56). Por lo que el hombre en la aprehensión reasume el tiempo como condición suya y esto se denomina temporeidad. Según Ellacuría, la temporeidad se debe a la anterioridad de la realidad, pues el darse de algo, implica que ese algo ya este dado como realidad, “[…] al enfrentarme intelectivamente con la cosa no solo estoy en la cosa, sino que co-estoy en la realidad. En este co-estar, el hombre puede re-asumirse como realidad que dura (duración), pero que durar de un modo determinado: transcurriendo” (Ellacuría, 2007a, 256).
Por ende, la temporeidad necesita de una realidad transcurrente, donde el transcurso se reasume de manera intelectiva por una realidad que al estar en cada cosa y consigo misma co-está con la realidad. Por lo que el tiempo queda, en el pensamiento de Ellacuría, reasumido y la trascendentalidad tomada como condición del hombre. En otros términos, “[…] la temporalidad personalizada eleva el decurso a inquietud, en la autopresencia y autoposesión de la inteligencia sentiente” (Ellacuría, 2007c, 532).
Esto es comprensible desde los parámetros de la inteligencia sentiente, donde se visualiza aún más fácilmente el carácter de posesión tempóreo que posee la suidad personal, ya que poseerse en acto segundo es vida (Zubiri, 1989). En otras palabras, por la inteligencia se pasa del tiempo a la temporeidad, debido a que la vida es poseerse en acto segundo de un modo transcurrente.
Esta posesión es la clave para la apropiación de posibilidades que se realiza desde la inteligencia y la libertad, debido a que esta posesión transcurrente es la que ilumina la historicidad humana, la cual añade a la temporeidad las notas propias de las posibilidades apropiadas. Tal como sucede en el proyecto, el cual es forjado por medio de las decisiones del hombre, como un continuo crear y descrear la propia realidad, razón por la que su estructura es la temporeidad (Ellacuría, 2007).
Pasado, presente y futuro
Según Ellacuría, cada presente es distinto por sus posibilidades, en vista de que cada decisión puede alterar el cuadro de posibilidades. “Lo que diferencia, pues, el presente humano es la presencia en él de posibilidades humanas y son éstas las que hacen que un presente meramente tempóreo sea un presente humano” (Ellacuría, 2007a, 258). Quiere decir que las posibilidades son un legado del pasado histórico, al desaparecer la realidad queda la posibilidad que fue legada, la posibilidad es la que convierte el pasado temporal en tempóreo histórico, pues como ya lo había afirmado Zubiri el pasado sobrevive bajo la forma de posibilidad (Zubiri, 2017). Por su parte, el futuro está dado en un conjunto de posibilidades8.
Quiere decir que solamente desde las posibilidades se puede distinguir verdaderamente entre el pasado y el futuro, como la incardinación de la preterición y futurición en el presente. De lo contrario, se trataría de un futuro meramente proyectado, que no ata el presente humano, pues son las posibilidades en su alumbramiento u obturación, las que actúan como un sistema de acciones no prefijado las que permiten conectar con el futuro, ya que el hombre se orienta proyectivamente por las posibilidades que se le ofrecen.
La historia como transmisión tradente
Una vez analizado el papel que cumplen las posibilidades humanas en la comprensión de la historia y profundizado en su temporeidad, es posible dar el paso al análisis de la historia como transmisión tradente.
Ellacuría retoma la tesis de Zubiri de que la historia no es simplemente transmisión de vida, sino que se trata de la transmisión de una vida que exige ser vivida en distintas formas de estar en la realidad. Donde el medio biológico es solamente un apoyo, el cual facilita la entrega de un modo concreto de estar en la realidad, aspecto que permite comprender la tradición como una entrega que es eminentemente proceso histórico (Zubiri, 1982). Es de vital importancia tener presente que esta entrega es realizada no solamente en el plano biológico, sino también en el contexto de un cuerpo social en el cual se desarrollará la apertura propia de la inteligencia sentiente (Carrera, 2022).
Si el phylum9 posee un carácter pluralizante, continuante y prospectivo, la tradición estructuralmente posee también un momento constituyente de la forma de estar en la realidad, pues sobre lo recibido todos los pueblos constituyen su tradición, a partir de sus propias modulaciones, las cuales son más importantes que los mismos contenidos. También un momento continuante, ya que la entrega se realiza a una esencia sentientemente abierta que la impulsa hacia adelante, permitiendo el cambio y no la simple repetición. Finalmente, tiene un momento progrediente, pues apoyado en lo recibido el hombre debe realizar su vida, haciéndose cargo de ella y de todas sus implicaciones, con ello quiere decir que la tradición impulsa el cambio, el cual se encuentra íntimamente ligado al momento prospectivo de la especie. Dicho en otros
términos, la tradición es principio de dinamismo histórico, ya que la historia se mueve al poseer un momento de tradición tradente (Ellacuría, 1991).
El punto clave radica en que este esquema prospectivo se realiza histórica- mente, según una tradición tradente. Ya que el hombre posee una vida abierta a diversas formas de estar en la realidad, las cuales no se transmiten genéticamente, lo único que es transmitido, es la posibilidad y necesidad de estar en la realidad de una forma concreta. Significa que se transmite un primer estado psíquico con el que el viviente realiza su enfrentamiento con la realidad, por consiguiente lo que es recibido de manera genética, posee un principio de apertura e indeterminación, una inconclusión que en el ser humano aumenta gradualmente. Esta transmisión que se da en el ser humano es diferente, pues “[…] el hombre no solo está entre las cosas y con las cosas como lo pueden estar otros animales, sino que está entre ellas y con ellas realmente; las cosas no son para él cosas -estímulo, esto es meros estímulos, sino cosas-realidad; está en la realidad y realizándose” (Ellacuría, 1991, 389).
En las tesis anteriores se evidencia la influencia en Ellacuría, del curso Tres dimensiones del ser humano: individual, social e histórica, dictado por Zubiri en 1974, particularmente de su última parte, la cual se convierte en el fundamento teórico de gran parte del capítulo quinto de su obra Filosofía de la realidad histórica en torno al estudio de la formalidad de la historia10. El eje de su estudio radica en que el proceso histórico es concretamente tradición, pues los generantes transmiten un esquema replicable, una forma de estar en la realidad en el contexto de un cuerpo social, por lo cual se trata de una instalación recibida, donde la génesis es solamente el vector de la historia. Esto es ir más allá de la pura transmisión y tradición, para concebir la historia como transmisión tradente, de modo que es en ella donde se realiza una entrega de formas de realidad (Ellacuría, 1991).
Comentando a Zubiri, Ellacuría afirmará entonces que el sujeto de la tradi- ción es el phylum, ya que ésta afecta a los individuos que son parte de una misma especie (Zubiri, 1982), de dos posibles maneras, como vectores de la tradición o como aquellos sobre los cuales la tradición refluye. De modo que la tradición pasa por los individuos, en los cuales incide directamente en su decurrencia biográfica, a la vez que es también social en su posesión filética, “[…] por ello el momento de transmisión tradente es constitutivo de la autorrealización personal, en sí misma social y socializante” (Ellacuría, 1991, 396).
Es evidente como para Ellacuría, la tradición afecta a la persona no solamente en su autoposesión, sino también como parte del cuerpo social en el que se encuentra inserto. Este aspecto conlleva una intervención de la dimensión social de los indivi-
duos en la historia, la cual se realiza de manera impersonal, donde se ha de separar lo operado por la acción personal, de la acción personal misma. Ya que lo obrado cobra independencia, de modo que “la acción sigue siendo de la persona, pero ya no es per- sonal, sino impersonal” (Ellacuría, 1991, p.398). Significa entonces que la impersonali- dad de la tradición está hecha por lo que queda de personal en las acciones históricas y por sujetos integrados de suyo en el ámbito social, aspecto que nos permite ob- servar la refluencia existente la persona y la historia social, así como entre la historia biográfica y la social.
La historia como proceso de capacitación
Todos estos aspectos ligados al estudio de la historia como transmisión tradente, permiten dar el paso al análisis de su comprensión como proceso creacional de capacidades.
De la mano de Zubiri, Ellacuría afirma que en la actualización de posibilidades se gesta un enriquecimiento de la realidad, ya que ésta se encuentra fundada en lo posible y ligada al dinamismo de la posibilitación y su respectivo poder. Desde su perspectiva, este poder afecta de manera directa a las potencias y facultades humanas, ya que el sistema de posibilidades no flota sobre sí mismo, sino que se encuentra apoyado tanto en el sujeto como en el medio histórico. Por ello, las posibilidades que han sido apropiadas toman cuerpo en las potencias y facultades, las cuales experimentan un añadido, denominado previamente por Zubiri (1982) como dotes.
Las dotes no pueden identificarse con los hábitos, sino que se trata de algo con lo que se cuenta, pues han sido ofrecidas en el proceso de posibilitación, de forma que son adquiridas en el curso de la historia o biografía personal, haciendo posible lo que antes no era, es decir, una nueva forma de estar en la realidad, ya que las posibilidades configuran al sujeto optante, naturalizándose en sus potencias y capacidades, generando un cambio en aquel que ha sido posibilitado. Por tanto, es necesario acotar que “[…] las dotes no son las potencias o facultades sino que éstas tienen de más por incorporación de posibilidades y por convertirse en principio de posibilitación” (Ellacuría, 1991, 432). Es decir, lo natural no se modifica, sino que cambia su realidad al quedar dotada de un modo nuevo por el poder que ha sido incorporado por medio de la apropiación de posibilidades.
Las dotes que favorecen el ejercicio de las potencias y capacidades son denominadas operativas, sin embargo existe otro tipo de dote, de orden constitutivo concebidas como capacidades. Mientras que las capacidades corresponden a otro tipo de naturalización, realizada de un modo más profundo, más allá del mero ejercicio de las potencias y facultades, ya que aluden “[…] a la cualidad misma de su propia realidad en cuanto principio de posibilitación” (Ellacuría, 1991, 434). Ellacuría ejemplifica esta idea con el caso de la medicina, donde el médico de hoy ha incorporado una serie de posibilidades que no existían anteriormente y que lo cualifican para ejercer su profesión de modo distinto, ubicándolo en una condición cualitativamente distinta para cumplir con su oficio. Por tanto, son las capacidades la que permiten el avance histórico, al dar paso a algo cualitativamente nuevo. “Capacidad histórica solo se da cuando unas mismas facultades-potencias pueden hacer
cosas distintas en virtud de su acceso constituyente a un ámbito de posibilidades que se comunican por tradición y se actualizan por apropiación” (Ellacuría, 1991, 435).
Esta categoría le va a permitir a Ellacuría visualizar la historia como un proceso físico y metafísico de capacitación, donde cada estadio encuentra su apoyo en el anterior, permitiendo la producción de algo nuevo, de modo que la novedad radica, no tanto en los contenidos sino en las nuevas capacidades producidas por el cuerpo social en el dinamismo histórico de posibilitación. Particularmente metafísico al tratarse de una capacitación para nuevas formas de estar en la realidad, el cual no se identifica con hacer cosas novedosas, ya que “[…] la capacitación es un proceso metafísico por el cual la realidad, en tanto que realidad aparece en un nivel nuevo” (Ellacuría, 1991, 338).
Conclusiones
El recorrido realizado por el pensamiento de Ellacuría en torno a las posibilidades, temporeidad, transmisión tradente y el proceso de capacitación, permite establecer las siguientes conclusiones.
En Zubiri el abordaje de la historia presenta un in crescendo que le permite dar el paso de su visualización como acontecer humano presente en los textos recopilados en Naturaleza, Historia, Dios, hacia temáticas más complejas como su vínculo directo con el poder de lo real, donde la apropiación refleja el apoderamiento que experimenta el hombre por parte de la realidad, tal como se detalla Estructura dinámica de la realidad. En este curso se encuentra una maduración del pensamiento zubiriano en torno a esta temática, al relacionar el dinamismo de la posibilitación con la dimensión social del ser humano, a partir del vínculo real con los demás a través del phylum. Aspecto que le permite ampliar su visión sobre la historia al ubicarla en un marco social, esto facilita su asimilación como actualización de posibilidades en un cuerpo social, a través de un proceso de impersonalización. Las tesis planteadas en este curso de 1968 serán fundamentales para la comprensión del pensamiento de Ellacuría y su construcción de la categoría de realidad histórica.
Esto debido a que Ellacuría construye su reflexión sobre la historia a partir de
las tesis esbozadas por su maestro Zubiri, planteadas principalmente en Naturaleza, Historia, Dios y posteriormente en Estructura Dinámica de la realidad. Sin embargo, esta reflexión alcanza su punto más alto en la tercera lección del curso Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica, publicada posteriormente bajo el título de Dimensión histórica del ser humano, en el cual Zubiri afirma que las formas de estar en la realidad son entregadas en tradición. Una transmisión tradente estructurada en tres momentos claves: constitutivo, continuante y progrediente, desde este último se comprende la apertura propia de la inteligencia sentiente presente en el animal de realidades. Además, se reconoce al phylum como el sujeto de la historia, más allá de los individuos particulares, pero sin dejar de lado la refluencia existente entre la historia y las biografías personales. Desde esta perspectiva la impersonalidad de la historia se comprende por la reducción operada a través de la vía del operatum.
Por tanto, el texto Dimensión histórica del ser humano, presenta un aporte
significativo a la reflexión sobre la historia, al integrar categorías novedosas como las dotes y las capacidades. Las primeras indican que las facultades y las potencias se convierten en principios posibilitantes, al ser las naturalizadas en ellas las posibilidades, mientras que las segundas, superan lo operativo, para ubicarse en un orden superior, de naturaleza constitutiva y cualificadora. Esto le facilita a Zubiri hablar de la historia como proceso de capacitación, de eminente naturaleza metafísica, aspecto que Ellacuría retomará para la construcción de su categoría de realidad histórica.
Desde esta perspectiva la historia es concebida por Ellacuría en el horizonte de la inteligencia sentiente, como expresión metafísica de la esencia abierta propia del animal de realidades. Es necesario mencionar que a pesar de la reiterada alusión a Naturaleza, Historia, Dios, en el abordaje de esta temática, Ellacuría lee e interpreta este texto de los avances que Zubiri ha realizado a finales de los años sesenta e inicios de los setentas.
Por tanto, las posibilidades se diferencian de las simples potencias, las cuales son siempre las mismas, mientras que la actualización de las posibilidades alude a los sucesos y no a simples hechos. Su actualización se vincula con el proyecto, realizando un rodeo por la irrealidad, pero siempre apoyados en las cosas reales y en situaciones concretas, por lo que no pueden limitarse al aspecto subjetivo, ya que conllevan las condiciones necesarias para su realización. En este sentido, cabe mencionar que para Ellacuría, una misma colocación puede dar lugar a diversas situaciones, por lo que existirá una experiencia particular de encuentro con la realidad según la situacionalidad propia de cada ser humano. Dicho en otros términos, por las decisiones humanas puede variar el sistema de posibilidades.
Este aspecto será de vital importancia para comprender las implicaciones que adquirirá la realidad histórica en el pensamiento maduro de Ellacuría, ya que se puede hablar de todo un horizonte de situacionalidad que incide de manera directa en el marco de posibilidades del individuo, donde la experiencia cumplirá un papel fundamental, al encontrarse en relación directa con el proyecto. De esta manera la libertad cumple también un papel de gran relevancia, al facilitar el paso de una realidad a otra y generar el acontecimiento, por medio de la apropiación, misma que se comprende como autodeterminación. Esto convierte la opción humana en una condición metafísica para la realización de la apropiación de posibilidades.
En esta línea, Ellacuría destaca la relación existente entre la dimensión temporal de la historia y la actualidad del ser, siempre en el marco de la función trascendental. Puesto que refleja el carácter físico del estar siendo, desde la efectividad propia de la verdad real, por lo que concibe la temporeidad como el enfrentamiento con una duración que se da transcurriendo. Con este aspecto avizora la edad de la realidad histórica, la cual se da mientras se está haciendo en momentos temporales concretos. Para el Rector de la UCA es de suma importancia la dimensión social de la historia, fundamentada en la socialidad de la especie, bajo la unidad filética de un esquema constitutivo. Éste es el fundamento biológico de la sociedad y es el que le permite afirmar que la versión hacia los demás se encuentra inscrita en nuestro propio esquema filético, por lo que las otras personas no pueden considerarse como un
simple añadido a la vida.
A partir de las tesis zubirianas, Ellacuría afirma que la historia es transmisión tradente y proceso de capacitación. Bajo la influencia de Dimensión histórica del ser humano, enfatiza el carácter prospectivo del phylum, permitiendo la transmisión tradente, en la que se transmite un primer estado para realizar el enfrentamiento con la realidad. En este marco las capacidades, concebidas como dotes constitutivas cualificadoras permitirán la identificación del proceso histórico con la tradición. Este proceso de capacitación, visualizado desde el plano trascendental será clave para comprender las formulaciones posteriores de Ellacuría en torno a la realidad histórica y la verdad.
Todo lo anterior faculta para afirmar que Ellacuría formula su pensamiento desde los fundamentos propios de la metafísica zubiriana, no se comparten en esta investigación las posiciones que promueven una ruptura con las tesis de su maestro, pero tampoco una simple aplicación a la realidad centroamericana. Ellacuría piensa desde una filosofía primera que ha sido asimilada a lo largo de todo un proceso de convivencia académica y filial, a partir de la participación en sus cursos privados, la revisión de sus materiales inéditos y la discusión constante.
Por ello, los textos que reúnen los comentarios y análisis sobre el pensamiento de Zubiri, los cuales en su mayoría han servido de fuente en esta investigación, deben ser leídos con suma atención, pues el descuido en su estudio puede incidir en interpretaciones incorrectas. Es necesario tomar en cuenta las categorías de posibilidad, temporeidad, tradición tradente y proceso de capacitación, son utilizadas posteriormente en la construcción de su pensamiento liberador.
Notas
libertad” (Ellacuría, 2005, 85-86).
El nuevo proyecto de edición de las obras completas de Ignacio Ellacuría elimina la clasificación de escritos filosóficos, políticos, teológicos y universitarios, optando por una estructuración de orden cronológica.
9 Zubiri solamente revisó a profundidad la tercera lección de este curso para su publicación en Realitas I, actualmente el curso se encuentra publicado en su totalidad (Zubiri, 2006). En esta investigación utilizamos la edición de Marquínez-Argote (1982), la cual es la utilizada por Ellacuría en sus estudios.
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