Jorge Alberto Villeda Bojorque
La religión, la moral y la estética son parte del declive y decadencia de la inserción del nihilismo en la sociedad occidental, su superación según Nietzsche tendrá como consecuencia una experiencia mas vital y suprema de la existencia. La ocupación radica en la comprensión filosófica.
Autor/ Author
Jorge Alberto Villeda Bojorque Universidad Nacional Autónoma de Honduras
Recibido: 08/06/2024 Aprobado: 12/11/2024 Publicado: 08/07/2025
La religión ha degradado el concepto del hombre; su
consecuencia es la noción de que todo lo bueno, grande y verdadero es de naturaleza suprahumana y sólo se alcanza por obra
de la gracia
Friedrich Nietzsche. La voluntad de poder.
La pérdida de la validez de los valores, mediante el reconocimiento del nihilismo pasivo, conlleva claramente a un sin entido axiológico. Los principios en que reposa la sociedad occidental son el residuo de lo que la convención y costumbre establecieron como lo verdadero.
La determinación de lo correcto e incorrecto tiene, como rubrica, una ideología plasmada de una visión de lo positivo y negativo acorde a los valores tradicionales, lo cual
necesariamente se hace equivalente a una moral de esclavos. La moral de los esclavos es la moral del rebaño que la tradición socrática y judeocristiana establecieron como paradigma occidental.
Según Nietzsche, le debemos a Sócrates y a su discípulo más famoso, Platón, la errónea fijación de la moral. Pero sería Jesucristo quien encarnaría esos valores y los establecería como divinos, intachables para él ser humano y, por tanto, necesariamente elevados a un carácter divino y por tanto emulados.
Por su parte, en la estética el ser humano puede despojarse de la carga que involucra la vida y, por tanto, soportar la errónea percepción de los valores. La estética define lo bello en las artes y eleva al ser humano a la obtención de una tranquilidad en el espíritu. Es sumamente necesaria para la cultura y la construcción del superhombre. El espíritu dionisiaco se eleva por el apolíneo, con el fin de demostrar una forma más acorde con la teoría estética. La dualidad de estas figuras demuestra que la literatura y las artes poseen rangos distintivos en relación con tales figuras. Por un lado, aquello bueno, elevado y racional que es lo apolíneo y por otro lo terrenal y
contrario a lo apolíneo que es lo dionisiaco.
La moral, desde su fundamento más básico tiene su explicación para muchos filósofos en el pensamiento religioso; pero también desde el pensamiento secular se ha fundamentado gran parte de las reglas de la moral. La ética es una ciencia moral que conduce a la normatividad de la conducta del ser humano. La ética está viciada con una percepción errónea, pues su estructura básica es socrática y judeocristiana. Por eso es Nietzsche aclara que la historia de la moral surge de un gran error de interpretación de lo bueno y lo malo.
Hazlitt (1964) en su texto” fundamentos de la moral” explica que desde el inicio de la ciencia moral el absolutismo y el relativismo se han encontrado subsumidos en la obligatoriedad y opcionalidad de la ejecución de las acciones morales. En los problemas de la ética siempre se encuentra el problema del valor, por ello la axiología versa sobre la fundamentación subjetiva u objetiva del valor como tal.
Por su parte, el intuicionismo, como doctrina ética, fundamenta la naturaleza de la moral en el sentido común. La intuición moral se manifiesta e incorpora siempre en el idioma y se basa en el precedente de la costumbre. La costumbre también exige el respeto al contrato social y moral que se construyen en las máximas de la ética.
La moral se condiciona según la vocación y la circunstancia del agente activo; por ello la responsabilidad y su dilema se limitan a la individualidad del ser humano, de ahí la importancia de las máximas.
El ascetismo como doctrina ética niega la existencia como tal del placer; sin embargo, es el fundamento de las éticas contemporáneas. Para Nietzsche el ascetismo involucra la perpetuación de una doctrina que va en contra de la naturaleza y sustento de la vida, pues se niega la voluntad y lo más natural e inherente del ser humano y sus instintos. El escepticismo ético es resultado del devenir del nihilismo pasivo, en el cual no hay moralidad ni rubrica de entendimiento que denote los valores.
Existe en la ética un problema de suma importancia: el libre albedrio y el determinismo; la tradición los ha asumido como contradictorios.
La muerte de Dios trae el verdadero libre albedrio y mediante la transición hacia el nihilismo activo el ser humano se convierte en forjador de su propio sistema moral,
Jorge Alberto Villeda Bojorque
en un animal envisto de libertad y por tanto en un hombre más allá del bien y del mal. Pero por ahora, la libertad se manifiesta en derechos legales establecidos por el ordenamiento positivo y supuestos derechos naturales en donde ambos tienen a la especificación del problema moral. También hay pseudoderechos que no son más que consecuencias inexactas de derechos legales y derechos prima facie.
Nietzsche fundamenta la moral tradicional bajo el espíritu socrático y cristiano. La decadencia occidental se debe a la irrealidad de esta moral, por lo que es preciso cambiar los valores tradicionales. Lo valores se deben someter a juicio para decidir si son obsoletos o no. Erigir nuevos valores es el enfoque de la inversión de los valores, es la destrucción necesaria para crear y modificar una nueva fundamentación de la axiología, […] ya que la cuestión de la que tenemos derecho a hablar los espíritus libres es el problema de la jerarquía, y que este constituye nuestros problemas, hoy […] (Nietzsche, 2007B, 15).
Lo axiológico es la esencia del ser del humano, su naturaleza recalca la necesidad de valorar pues desde el principio hasta el final de su existencia “El hombre se designaba como el ser que mide valores, que valora y mide, como el animal tasador en sí.” ( Nietzsche, 2016, 87). Su dispositivo de acción se basa en la inserción de valores y con ello en la fundamentación de lo que es. Siempre desde la subjetividad de la individualidad dado que “Al hablar de valores, lo hacemos bajo la inspiración y la óptica de la vida; es la propia vida quien nos impele a establecer valores, quien valora a través de nosotros cuando establecemos valores […]” (Nietzsche, 2012, 574).
No quiere decir, por tanto, que lo bueno se debe de hacer malo o viceversa, sino que es necesaria la revisión de todos los valores para imponer un nuevo sistema. La conversión hacia la nueva axiología reside en la voluntad de poder que se crea mediante la transición del nihilismo activo al pasivo que tiene como consecuencia la creación del superhombre. Los valores empobrecedores de la vida deben de ser suprimidos.
La relación axiológica con el nihilismo es la fundamentación más íntima en que se circunscribe la transvaloración, ya que ella no puede ser sin que antes no se prepare el terreno de la inscripción de la nueva valoración y se despoje, por tanto, de la moral tradicional. Por ende, desde el punto de vista epistemológico “Todas las ciencias tienen que preparar ahora el terreno para la tarea futura de que el filósofo tiene que solucionar el problema del valor, tiene que determinan la jerarquía de los valores.”( Nietzsche, 2016, 65).
La ética es la rama de la filosofía que tiene como objeto de estudio la moral y la clarificación del bien y del mal; por ello del sustento racional del deber ser. Desde los antiguos hasta lo modernos, la clarificación moral es un problema central de la ciencia y la filosofía.
Nietzsche es un moralista en cuanto su filosofía exclama una intrínseca preocupación por detallar una genealogía y filología de la categorización de los conceptos de la ética.
La desvalorización de los valores religiosos, morales y estéticos en Friedrich Nietzsche
El análisis de la moral de Nietzsche se basa en una minuciosa génesis de las categorías morales más notables. “[…] e l concepto de bien y el mal tiene la doble prehistoria siguiente: primera, en el alma de las tribus y de la castas señoriales, se llama bueno a quien pueda pagar con la misma moneda, bien por bien, mal por mal […]” (Nietzsche, 2007B, 52)”.
La moral denota una estructura que tiene su principio en el sometimiento del hombre con poder económico por sobre otro que no lo tiene. Eso se desenvuelve, a la vez, en la inserción moral en relación con el poder. Pues “[…] cuando el hombre esta con sentimiento de poder, se siente y se llama así mismo bueno”. (Nietzsche, 2016B, 226). El derecho es consecuencia de la necesidad de regular el poder equitativo entre los económicamente superiores, y por tanto, no es en sí una necesidad de regulación moral, al menos desde que se fundamentó el origen.
La moral se sustenta en una profunda transgiversacion desde el plano etimológico y filológico, su sustento es la negación de la realidad y por ende una consecuencia nihilista que se nutre de la profunda ignorancia, pero el verdadero problema reside en que “[…]el animal que hay en nosotros quiere ser engañado; la moral es una mentira necesaria, para no sentirnos desgarrados interiormente. Sin lo errores que residen en los supuestos de la moral, el hombre habría seguido siendo animal, pero de este modo se considera algo superior y se impone las leyes más estrictas.” (Nietzsche, 2007, 50).
El ser humano es el animal moral, pues dispone de eticidad a todo aquello que la naturaleza le otorga, su error más esencial es creer que toda gira en torno a él, la arrogancia constituye su esencia.
Desde el plano de las virtudes correspondientes a la axiología también el problema se suscita como un grave error, “[…] así llegamos a admitir que la historia de las valoraciones morales es también la historia de un error. El error de la responsabilidad, basándose en el error de la voluntad libre.” (Nietzsche, 2007B, 49). Ética y axiología se sustentan en el cimiento de la gran mentira.
Los filósofos y los moralistas se engañan a sí mismos cuando creen que combatir la decadencia es ya superarla. Pero superarla es algo que está por encima de sus fuerzas: el remedio y la salvación a la que recurren no es sino una manifestación más de decadencia: cambian la expresión de la decadencia, pero no la eliminan. Sócrates fue la personificación de un malentendido: toda la moral que predica el perfeccionamiento, incluida la cristiana, ha sido un malentendido [...] (Nietzsche, 2012, 563).
La moral occidental estableció sus bases sobre un error de interpretación, sobre un sistema de castas, bajo una doctrina del amo y del esclavo que tiene como consecuencia el nihilismo. Pero los filósofos a lo largo del tiempo han buscado clarificar el bien, denotar una jerarquía de valores y designar una eticidad de costumbres.
La tarea del filósofo se debe de sustentar en una profunda critica reflexiva a los juicios morales decadentes patrocinadas por aquellos que le han hecho daño a la humanidad desde una visión trascendente, cómica, metafísica espiritual conllevo al nihilismo por un error histórico. “Pero todo lo que el filósofo dice sobre el hombre no es en el fondo más que un testimonio sobre el hombre de un espacio temporal muy limitado. El pecado original de todos los filósofos es la falta de sentido histórico.”( Nietzsche, 2007B, 18).
El filósofo que renuncie a las burdas consecuencias decadentes establecidas por
Jorge Alberto Villeda Bojorque
Como es sabido, exijo al filósofo que se sitúe más allá del bien y del mal, que ponga por debajo de sí la ilusión del juicio moral. Esta exigencia deriva de una intuición que yo he sido el primero en formular: la de que no hay hechos morales. El juicio moral tiene en común con el religioso el creer en realidades que no son tales. La moral no es más que una interpretación de determinados fenómenos, o, por decirlo con más exactitud, una interpretación errónea. Al igual que el religioso, el juicio moral corresponde a un nivel de ignorancia en el que todavía no ha aparecido el concepto de lo real, la distinción entre lo real y lo imaginario; de forma que en dicho nivel la palabra «verdad» designa cosas que hoy llamaríamos “imaginaciones” (Nietzsche, 2012, 585).
el canon y paradigma de lo equivoco, tiene la ardua tarea de sustentar la moral en una armónica y acorde distinción de lo que es y no
Enumérese una a una todas las pulsiones y virtudes del filósofo: su pulsión dubitativa, su pulsión negadora, su pulsión expectativa, su pulsión analítica su pulsión investigadora, atrevida, su pulsión comparativa, compensadora, su voluntad de neutralidad y objetividad, su voluntad de actuar siempre sin ira ni parcialidad (Nietzsche, 2016, 150).
El filósofo está encomendado de participar en la conversión hacia el super hombre y debe de renunciar a la forma tradicional de pensar, su andamiaje teórico debe de sustentarse en la superación del dualismo platónico, los postulados de la metafísica tradicional, los lineamientos de la moral ascética y cristiana, la filosofía del camello y superar el nihilismo para crear un nuevo orden. Para Nietzsche el filósofo de be de sustentarse en las siguientes virtudes:
El filósofo es el ser que implementa su racionalidad en la voluntad y en la superación de sí mismo. Su impulso debe radicar en la inversión de todos los valores; los cuales solo son posibles mediante la conversión hacia una filosofía contraria a la tradicional. El filósofo es, en esencia, la crítica y reflexión permanente que debe imperar dentro del espíritu del ser humano. Su cuestionamiento por la vida y también su introspección del valor de la existencia debe regir su funcionamiento, ya que “[…] el que un filósofo considere que el valor de la vida constituye un problema no deja, pues, de ser hasta una crítica a él, un signo de interrogación que se abre sobre su sabiduría, una carencia de ésta.” (Nietzsche, 2012, 560).
Llegar a ser filósofo es un reto, es un camino y estilo de vida propio de pocas personas, porque representa una transición hacia una forma nueva de ver y vivir la existencia. El filósofo, mediante el análisis de la existencia y la correcta lectura de la realidad, se debe de volver inmoral y a disposición del cambio que genera la moral occidental. El sentido de la existencia esta subsumido dentro de la nada por lo que es necesario determinar cuál es papel de cada individuo dentro de la realidad.
Sartre (2018, 34) en referencia al problema del sentido de la vida expone lo siguiente: “[…] antes de que ustedes vivan, la vida no es nada: les corresponde a ustedes darle un sentido, y el valor no es otra cosa que este sentido que ustedes eligen”. El valor de la vida es lo que determinaros mediante vivimos y somos la consecuencia de los actos que realizamos. Por eso es que el ser humano tiende a la moralidad; ella rige su forma de ver el
La desvalorización de los valores religiosos, morales y estéticos en Friedrich Nietzsche
mundo. El ser humano está vacío sin la moral, sin modelo de vida y comportamiento, por lo que en su desesperación busca avalar su estatus mediante cualquier código ético que le ofrezca satisfacción. El individuo es un ser moral porque necesita fielmente vivir el engaño que le permite dotar de sentido a su existencia, en vista que “[…] basta decir que vivo y que la vida no es, en última instancia, un invento de la moral, sino que busca el engaño y vive de él [...]” (Nietzsche, 2007B, 10).
La religión constituye una forma de pensamiento que se consolida mediante la fe y la creencia de una entidad supraterrenal que otorga al ser humano los lineamientos de la ética y la axiología. “En lo ético el cristianismo solo conoce el milagro: el cambio repentino de todos los juicios de valor, el abandono repentino de todas las costumbres, la irresistible inclinación repentina a nuevos objetos y personas” (Nietzsche, 2016B, 136).
El ataque frontal de Nietzsche contra el cristianismo se fundamenta en una base moral y axiológica que deviene de la tesis que Dios es el centro de la existencia y por tanto forjador de la eticidad.
El cristianismo es la inversión de todos los valores arios, el triunfo de los valores chandalas, el evangelio dirigido a los pobres e inferiores, la rebelión general de todos los oprimidos, miserables, malogrados y fracasados dirigida contra la «raza»; la venganza eterna de los chandalas convertida en religión del amor (Nietzsche, 2012, 587).
EL cristianismo es el principal culpable de la supremacía de los valores decadentes, ya que consolida una moral basada en tradiciones judías esclavas, las cuales apremian una forma de ver la vida alejada de ella misma, por tanto, es una religión contra natura. Según lo expone Nietzsche
Resulta evidente, por tanto, que según la analítica etimológica e histórica del devenir de los valores el cristianismo es la esencia de equivoco más grande de la moralidad, una interpretación errónea de la realidad que desemboca en el nihilismo, “[…] el cristianismo es nihilista en el sentido más profundo […]” (Nietzsche, 2004, 60).
En el comienzo del género humano, en el progenitor de éste, al que ahora se maldice(Adán, pecado original, falta de libertad de la voluntad), o en la naturaleza, de cuyo seno surge el hombre y en la que ahora se sitúa el principiomalo(simbolización de la naturaleza), o en la existencia, en general, que queda como no valiosa en si (alejamiento nihilista de la existencia, deseo de la nada o deseo de su opuesto, de su otro budismo y similares}, hasta que de pronto nos encontramos frente al paradójico y espantoso recurso en el que la martirizada humanidad encontró un momento de alivio, frente aquel golpe de genio del cristianismo: Dios mismo sacrificándose por la culpa del hombr […] ( Nietzsche, 2016, 119).
El cristianismo tiene como sustento la culpa por lo que impregna al ser humano de una visión indigna y perversa de la vida y le atribuye desde el principio de su existencia un pecado natural, innato e inherente a su naturaleza.
Jorge Alberto Villeda Bojorque
La ausencia del sufrimiento: a los que sufren, a los destemplados de raíz, le es licito considerar esto ya como el bien supremo, como el valor de los valores, tienen que apreciarlo como algo positivo, sentirlo como lo positivo. Según esta misma lógica del sentimiento, la nada es llamada, en todas las religiones pesimista, Dios. (Nietzsche, 2016B, 183).”
El éxito del cristianismo reside en otorgar la salvación a costa de la culpa de la humanidad. Ese sacrificio es la oportunidad del ser humano para emancipar su trágica existencia. Aliviar el sufrimiento de la existencia solo es posible mediante la muerte, pues ella es el encuentro con Dios. El sufrimiento es una condición necesaria del existir que involucra siempre lo que somos y lo que seremos, pero al postular una existencia supraterrenal es posible superar ese sufrimiento, pero a costa de no enfocarse en el día a día, por ello el cristianismo es la religión nihilista por excelencia.
La fórmula más general que sirve de base a toda religión y a toda moral dice: Haz esto y aquello, no hagas esto ni aquello, y así serás feliz. De lo contrario […] Toda moral y toda religión consiste en ese imperativo, al que yo llamo el gran pecado original de la razón, la sinrazón inmortal. En mi boca esta fórmula se transforma en su opuesta; primer ejemplo de mi
«inversión de todos los valores»: un hombre bien constituido feliz, debe realizar ciertos actos y rechazar instintivamente otros; así proyecta el orden que representa fisiológicamente a sus relaciones con los hombres y con las cosas. Dicho con pocas palabras: su virtud es un efecto de su felicidad (Nietzsche, 2012, 577-578).
El cristianismo al ser una religión nihilista precisa de ser olvidada. Condenada hacia el olvido, es que la religión necesita con urgencia una transvaloración de sus más básicos lineamientos, por ello es que
La superación del nihilismo en la religión solo es posible mediante el abandono de Dios y sus ideales más encarnados en el cristianismo, ya que “Dios es una respuesta burda, una falta de consideración para lo que nos dedicamos a pensar; en el fondo no es nada más que una burda prohibición que se nos hace: no debéis pensar” (Nietzsche, 2004, 31).
[…] el cristianismo es la doctrina que afirma que el hombre es profundamente culpable solo por el hecho de nacer; y al mismo tiempo enseña que le corazón debe de desligarse del mundo, lo cual no se puede conseguir sino a costa de los más penosos sacrificios, por la dejación voluntaria, por la dejación voluntaria, por el anonadamiento de sí mismo, es decir, por una total transformación humana”. (Schopenhauer, 2018, 133).
El cristianismo es el conformismo más radical que se posiciona baja la dogmática figura de poseer la última y esencial verdad de todo en cuanto existe, pero como indagación sustenta su proceder en la fe. Como continuación de la Filosofía de Sócrates, el cristianismo huye de la vida, de la existencia, del aquí y el ahora para esconderse bajo lo trascendente, no afronta la realidad, sino que la enmascara. En palabras de Schopenhauer:
La desvalorización de los valores religiosos, morales y estéticos en Friedrich Nietzsche
La concepción de Dios es una contradicción en sí misma, un chiste mal contado pues “[…] la única disculpa de Dios es que no existe […] también yo lo he dicho en otro lugar: ¿cuál ha sido hasta ahora la mayor objeción contra la existencia? La idea de Dios” (Nietzsche, 2004, 38).
[…] mi tarea es preparar a la humanidad un instante de autoconocimiento supremo, un gran mediodía en el que mire hacia atrás y hacia adelante, en el que se libere del dominio del azar y de los sacerdotes, y se platee por primera vez, en su conjunto, la cuestión del porque y del para qué. Esta misión es una consecuencia necesaria de quien esta convenido de que la humanidad no va por el camino recto, que no está gobernado por Dios, sino, mas bien, por el instinto de la negación, de la corrupción y de la decadencia, que ha imperado con su seducción, escondiéndose bajo la capa de los conceptos valorativos más sagrado de la humanidad”. (Nietzsche, 2004, 78).
Con la tesis estipulada por Zaratustra “Dios ha Muerto” y con el advenimiento del super hombre como resultado de la transvaloración, Nietzsche se fija un propósito:
[…] el instante en que la fe en Dios del ideal ascético es negada, hay también un nuevo problema: el del valor de la verdad. La voluntad de la verdad necesita una crítica – con esto definimos nuestra propia tarea-, el valor de la verdad debe ser puesto entredicho alguna vez por la vía experimental. (Nietzsche, 2016, 208.)
La muerte de Dios involucra un traspaso a la racionalidad y, por tanto, a la renuncia de los valores tradicionales ascéticos que son contrarios a la naturaleza y a la vida. La religión cristiana es nihilista, pues niega el mundo terrenal y se enfoca en el supra terral perpetuando, mediante un ascetismo, un olvido de vivir la existencia lo que crea a un ser humano que dispone de su vida misma. Los supuestos en que se valida la teología cristiana residen un error y por tanto Desde:
Al negar los antiguos valores de verdad que predica el cristianismo estaríamos ante la presencia de un nuevo sistema que busque la superación del nihilismo. El ascetismo se convierte por tanto en una forma contra natura de ser, pues el ideal ascético es la voluntad hacia la nada.
[…] o que yo busco es el antagonista natural del ideal ascético. Ni de lejos se apoya la ciencia lo suficiente para poder ser esto, ella necesita primero, en todos los sentidos, un ideal de valor, un poder creador de valores, al servicio de cual le es licito creer en ella misma, ella como tal no es nunca creadora de valores. (Nietzsche, 2016, 209).
La necesidad de suprimir el ascetismo de los cristiananos y reformar todos los valores mediante una inversión, es lo que necesita la humanidad para liberarse de las cadenas que someten su libertad, pues la esclavitud es hacer del ser humano un animal que valora de forma errónea mediante un concepto de verdad equivoco la existencia, lo que Nietzsche busca, por tanto, es:
Para cambiar la ciencia es necesario cambiar el andamiaje conceptual de la fundamentación de los valores tradicionales; y es así también para lograr la
Jorge Alberto Villeda Bojorque
transición hacia el superhombre. La filosofía tiene la necesidad de cambiar su fundamento primitivo, su ideal socrático y proclamar su autonomía de la racionalidad e intelectualismo que fecunda en las más retrogradas mentes. La transición hacia el renacer de la filosofía debe de obedecer a una nueva jerarquía de valores, es decir a una modificación de su esencia más básica y tradicional. La filosofía tiene la misión de ser un análisis reflexivo que trascienda toda religión y que valide esquemas morales apegados a la naturaleza del ser humano en vista que: “[…] en realidad toda religión positiva es la usurpadora del trono que pertenece a la filosofía. Por eso los filósofos siempre serán hostiles a la religión; aun considerándola como un mal necesario para la debilidad del espíritu de la mayor parte de los hombres”. (Schopenhauer,2018, 142).
Si la religión es necesaria para seguir con patrones de conductas y rubricas morales de comportamiento, se debe a que el ser humano prefiere vivir una mentira y no escuchar una verdad que lo ofenda, ya que su naturaleza es aferrarse al orden y a la mediocridad de negarse a pensar por sí mismo.
La religión es percibida, históricamente, como rubrica axiológica y moral de los parámetros de comportamiento de la humanidad. Su función de ser una guía y estilo de vida que se fundamenta en los trascedente y lo ascético consolida y fomenta en la sociedad el espíritu de decadencia que se valida en el seguimiento acrítico, mediocre y no reflexivo de la vida, pues su ideología se establece para lograr el control y dominio en las personas mediante la inserción del autoritarismo totalitario de la iglesia y su exaltación de la moral socrática y esclavista judía errónea y nihilista.
[…] del cristianismo también se oye salir una gran protesta popular contra la filosofía. La razón de los viejos sabios había desaconsejado a los hombres los afectos, y el cristianismo quiere devolvérselos. Con dicho fin niega todo valor moral a la virtud tal como era concebida por los filósofos, como victoria de la razón sobre el afecto, condena incluso la racionalidad y desafío a los efectos a manifestarse en su intensidad y magnificencia más extremas” (Nietzsche, 2016B, 112).
Antes del seguimiento de la filosofía socrática lo valores dionisiacos y apolíneos se fundamentaban de forma correcta entre una reciprocidad de ordenamiento moral. La vida era exaltada como voluntad de poder. El cristianismo consolido la moral socrática y olvido los fundamentos presocráticos lo que con llevo a la inevitable consecuencia del nihilismo. Como lo afirma Nietzsche:
Schopenhauer argumentaba que la religión no es del todo negativa en canto al canon; sin embargo resultan inútil cuando se oponen la verdad y el progreso: “[…] las religiones son necesarias al pueblo, y hasta resultan para él un beneficio. Hasta cuando pretenden oponerse a los progresos humanos en el conocimiento de la verdad, hay que echarle a un lado con todos los miramientos posibles” (schonpehuaer,2018, 142).
El constante devenir de las cosas debe de permitir la constante mutación de los postulados religiosos y morales que desde la antigua Grecia y el surgimiento del cristianismo y su expansión por el mundo fundamentaron una ética de esclavos, una moralidad del rebaño que solo tendría sentido negando la vitalidad de la existencia misma. La filosofía debe de ser la herramienta que nos permite desenfocarnos de toda religiosidad trascedente y por tanto decadente ya:
La desvalorización de los valores religiosos, morales y estéticos en Friedrich Nietzsche
[…] el tránsito de la religión a la concepción científica es un salto brusco, peligroso y nada aconsejable. Sin embargo, ha de entenderse también que las necesidades que satisface la religión y que ahora ha de satisfacer la filosofía no son inmutables, es más, por medio de esta podemos debilitarlas y extirparlas” (Nietzsche, 2007B, 37).
[…] en el fondo, la palabra inmoralita encierra dos negaciones. En primer lugar, niego el tipo de hombre que hasta ahora se ha considerado como superior: el bueno, el benévolo, el benefactor. En segundo lugar, niego la clase de moral que ha acabado imponiéndose hasta convertirse en la moral en sí: la moral de la decadencia, o, con más claridad la moral cristiana”. (Nietzsche, 2004, 115).
Al igual es que la religión cristiana debe sacrificarse para que surjan los nuevos valores, aquello que en su esencia niega y calca como inmoral debe convertirse en moral, pues la inversión de todos los valores es un requisito básico hacia la superación del nihilismo por lo que
La moral cristiana simboliza decadencia porque es nihilista. Es contraria a la existencia y radica su filosofía ética en postulados que se basan en una cultura esclava que concretizo su jerarquía de valores en su visión de añoramiento de una vida mejor que solo es posible mediante la intervención divina y la promesa supraterrenal.
La estética se ocupa de estudiar la percepción de las sensaciones correspondientes a lo bello y a lo feo. En una búsqueda de la sensación en la teoría del arte que se enfoca en estipular los parámetros de la relación sujeto y objeto, es también un estudio gnoseológico de la facultad de conocer y en algunos planos involucra niveles ontológicos, ético y políticos de la percepción de las entidades.
El conocimiento de la estética es, desde un plano filosófico, un estudio de la experiencia estética que entrelaza varias artes como la poesía, la música, la pintura y otras más, para crear una interpretación epistémica y lógica de sus postulados. La filosofía fue desde la época presocrática un vínculo de narraciones sobre el cómo, porque, y para que, del arte, aunque el arte busque ser en algunas ocasiones independiente de la filosofía, la filosofía no es independiente del arte porque su doctrina se basa precisamente en la totalidad. Su función holística la encadena al todo y en caso de Nietzsche es vital para comprender los niveles de la existencia.
A lo largo del tiempo los artistas han influenciado en gran manera a la filosofía y viceversa. “Los artistas han sido en todas las épocas los ayudas de cámara de una moral o de una filosofía, o de una religión” (Nietzsche, 2016, 134). El papel del artista reside en crear obras que son de estudio filosófico.
Pero la estética tiene un gran problema, que se fecunda cada vez más por los filósofos. Se debe a que precisa de un carácter de veracidad absoluta, que se consolida por los valores estéticos tradicionales, los cuales centran al ser humano como la máxima aspiración de la percepción y como objeto de más trascendencia de la experiencia estética
Jorge Alberto Villeda Bojorque
Nada es bello; sólo el hombre lo es: toda la estética se basa en esta ingenuidad; esta es su primera verdad. Veamos ahora cuál es la segunda: nada es feo, excepto el hombre cuando degenera; así queda delimitado el ámbito del juicio estético. En términos fisiológicos, todo lo feo debilita y entristece al hombre. Le recuerda la decadencia, el peligro y la impotencia. Ante lo feo el hombre pierde energía (Nietzsche, 2012, 604).
Lo bello y lo feo recaen en un antropomorfismo absoluto y desmedido que solo tiene su sentido en la reflexión en torno al ser humano. La estética también tiene parámetros de desligamiento ser humano, pues la obra en si misma se vuelve independiente al artista y lista para sujetarse a la experiencia estética alterna de su creador.
El arte es la forma, mediante la cual se busca contrarrestar todo aquello inmundo que resulta de la exaltación de los valores tradicionales. Una forma de escape a la decadencia occidental que la filosofía tradicional y la religión pregonan como verdadera. Los intentos constantes de determinar la validez de la percepción estética se centran en el análisis de la posibilidad de determinar mediante la racionalidad puro los fundamentos objetivos de la experiencia estética.
[…] entre las cosas que pueden llevar a la desesperación a un pensador, hemos de incluir el hecho de reconocer que lo ilógico es necesario a los hombres y de que muchos bienes proceden de lo ilógico. Lo ilógico esta tan fuertemente arraigado en las pasiones, en el lenguaje, en el arte, en la religión y en todo lo que por general da valor a la vida, que no se pueden extirpar sin producir también a estas hermosas cosas una daño irreparable (Nietzsche, 2007B, 40).
El arte se sustenta en la irracionalidad, porque se enfoca en determinar mediante las pasiones y la voluntad la percepción de las cosas. Los sentimientos no están ajenos al ser humano y por tanto su percepción estética se involucra de forma natural con la subjetividad que provienen de los más íntimo de su ser, dado que
Lo irracional es el fundamento de la racionalidad, porque todo aquello que involucra un análisis de la existencia esta sujeto a las pasiones y, por lo por tanto, a los distintos niveles de la percepción del conocimiento en relación con la experiencia estética. El arte es una manifestación humana primigenia pues su existencia radica mucho antes de que los filósofos presocráticos en occidente reflexionaran sobre la estética formalmente.
La crítica de Nietzsche en cuanto a la religión, la ética y la estética guardan en común que todas ellas necesitan un proceso de transvaloración para lograr la superación del nihilismo en sus fundamentos. Según Sartre “[…] lo que hay de común entre el arte y la moral es que, con los dos casos, tenemos creación e invención, no podemos decir a priori lo que hay que hacer.” (Sartre, 2018, 30), dado que el arte es siempre reivindicación.
El arte es la creación más elevada del ser humano porque debe de despojarse de toda moralidad y enfocarse en exaltar la vida. Para llegar al super hombre es necesario vivir la vida como si fuese una obra de arte
La desvalorización de los valores religiosos, morales y estéticos en Friedrich Nietzsche
Hazlitt, H. (s.f.). Los fundamentos de la moral
Nietzsche, Friedrich (2004) Ecce Homo (trad. J. L.Patcha). Madrid: .
Nietzsche, Friedrich (2007) Mas allá del bien y del Mal (trad. E. López). Madrid: Edimat.
Nietzsche, Friedrich (2007B) Humano, demasiado humano (trad. S. Albano). Buenos Aires: Gradifico. Nietzsche, Friedrich (2012) El ocaso de los ídolos (trad. Adquirida y realizada por el grupo editorial).
Madrid: Edimat.
Nietzsche, Friedrich (2016) Genealogía de lo moral (trad. R. Mares). México:Mestas Nietzsche, Friedrich (2016B) Aurora (trad. E. Knorr). Madrid, Edaf.
Sarte, J. P. (2018) El existencialismo es un humanismo (trad. L. Rutigia) México: Tomo.
Schopenhauer, Arthur, (2018) el amor, las mujeres y la muerte y otros ensayos, editorial Tomo, México D.F, México.
Jorge Alberto Villeda Bojorque