Jonathan Delgado Ledezma
Autor/ Author
Jonathan Delgado Ledezma Universidad de Costa Rica
Correo: jonatan. delgado@ucr.ac.cr
Recibido: 26/01/2025 Aprobado: 07/05/2025 Publicado: 08/07/2025
Este artículo analiza la relación entre la memoria colectiva, la identidad y el espacio urbano, donde se destacan la relevancia de los recuerdos, experiencias y símbolos en la configuración de la identidad social. El objetivo es mostrar el paisajismo como una disciplina clave en el diseño de espacios públicos, al considerar la relación entre la ciudad y el paisaje, así como la importancia de la sostenibilidad y la integración de elementos naturales y artificiales con el fin de evidenciar la teoría de los principales autores, junto a varios ejemplos aplicados con los modelos de sostenibilidad urbana y ecodiseño.
El siguiente análisis aborda de manera comprehensiva cómo el espacio urbano se convierte en un generador de memoria e identidad colectiva. A través de conceptos como la memoria, la cultura, la interacción social y la comunicación, se explora cómo las experiencias vividas en un espacio público se entrelazan con la historia y las emociones de quienes lo habitan,
para construir así una identidad social y urbana única.
La investigación planteada por diversos autores destaca la importancia de elementos como el arte público, el muralismo, el diseño gráfico, la señalética y el paisajismo en la activación y enriquecimiento de los espacios urbanos junto con diversos ejemplos implementados en los modelos de sostenibilidad urbana y ecodiseño. Estos recursos son fundamentales para transmitir la memoria urbana, fomentar la identificación de los individuos con su entorno y promover una interacción significativa con el espacio que ocupan.
Desde la psicología ambiental hasta la integración de elementos interculturales en la señalética, el artículo destaca la relevancia de diseñar espacios que no solo sean funcionales, sino también estéticamente agradables y emocionalmente significativos para las personas usuarias. El ecodiseño emerge como una metodología clave para abordar la sostenibilidad en el paisajismo urbano y garantizar la preservación del entorno natural en las ciudades.
Uno de los conceptos centrales del análisis de este tema se enfoca en el espacio como generador de memoria, el cual engloba diferentes subconceptos y significados, que permiten lograr una construcción de una ciudad. Campos (2004) afirma que existen puntos importantes dentro de este proceso, como lo es la dinámica demográfica general, la dinámica económica y la dinámica política y social, que permiten desarrollar una investigación urbana que posea leyes, requerimientos y desafíos sobre el espacio público y que pertenezcan a un orden cultural simbólico, que consiste en ajustar ciertas conductas y contar con diferentes esquemas de percepción.
Aquello que en el pasado fue objeto de una experiencia que resultó inolvidable, algo que se aprendió entonces, que se conserva y de lo que se sigue aprendiendo todavía, buscando su justa medida, cada día que en este presente aflora el recuerdo de aquel pasado (51).
Según Monrey (2008) en Santos (2010), la definición de memoria es definida como:
Mudrovcic (2005) en Santos (2010) menciona que: La memoria colectiva es la materia misma de la historia; señala la dirección que tomó, en sus comienzos, la reflexión historia-memoria (49), por lo cual ambos autores coinciden en que la memoria está basada mayormente en experiencias y en historias vividas.
De acuerdo con Paz (2016), la memoria es parte fundamental de la identidad social y urbana de las ciudades; también afirma que cada uno de los objetos, procesos y lugares unen los símbolos con un significado, como parte de una experiencia histórica de la ciudadanía en un determinado espacio. A fin de que la memoria pueda expresarse
en un contexto urbano, debe existir un arte público para que funcione como medio de transmisión, y a su vez, como generador de símbolos. La autora también menciona que la memoria es uno de los principales elementos que constituyen la memoria urbana, la cultura, la interacción social y la comunicación.
Campos y López (2004) afirman que un recuerdo sobre un lugar se inscribe en la memoria, y tiende a crear un vínculo entre una persona o un grupo con un lugar. Estos lugares son valorados más allá de la función o uso que estos posean, ya que pueden ligarse a la emotividad y a la historia de algunos elementos representativos. Ahora bien, según Ontañón (2014), las personas frecuentan nuevos sitios, lugares, espacios y ciudades para obtener nuevas experiencias, pero siempre vuelven al lugar de su procedencia, cerca de sus objetos, su hogar, sus historias, su zona de confort y su familia. Lo anterior comprueba que las personas no suelen darse cuenta de la importancia que tiene el sentimiento de espacio urbano y la memoria, ya que si ocurre algún cambio en el espacio, se ve reflejado el sentido de pertenencia y memoria de un lugar o sitio.
Según Paz (2016), la memoria está ligada en gran medida a la subjetividad debido a que el punto de partida es la experiencia vivida y es esta la que toma cuerpo; sin embargo, existe un hilo conductor común, en el que confluyen los trazos principales espaciales y temporales de los acontecimientos. A estos se aferran las prácticas artísticas al referenciar y dar importancia al recuerdo, los espacios de memoria y la huella transferida a su entorno durante el transcurso del tiempo y las condiciones sociales; es por esto por lo que, según los autores anteriormente mencionados, el espacio urbano y la memoria puede influenciar las vidas de las personas, ya que los recuerdos, los sentimientos y las experiencias forman parte importante de estos conceptos.
Un ejemplo clave de lo señalado es la imagen mental que tienen las personas tras la modificación o traslado de un edificio o un lugar muy famoso como un hospital, cine, teatro o la construcción de un nuevo lugar donde no había nada; si las personas tratan de recordar el lugar antes de que sufriera la transformación, tuviese otro aspecto físico o estuviese ubicado en otra zona, se puede inferir que cada uno de esos lugares fueron marcados por medio de la ubicación y la memoria colectiva. Esto es complementado por Rossi (2004) en Santos (2010), quienes afirman que la ciudad en construcción y transformación es sede de la memoria colectiva y que esta se transmite por medio de monumentos escultóricos y arquitectónicos. Asimismo, la relación que existe entre memoria colectiva y ciudad es apasionante, compleja y difícil, ya que está sujeta a circunstancias políticas y sociales que se basan en un momento histórico.
No existe una sola memoria colectiva, sino que existe una diferente por cada
grupo social; ejemplo de ello es la memoria colectiva de los grupos sociales que ganaron o perdieron la Guerra Civil, como lo menciona Le Goff (s.f.) en Ontañón (2014), la memoria colectiva es diferente porque depende del poder y del control administrativo que tenga cada grupo social y por lo general, está dirigido por alguien que administra la expresión pública de la memoria colectiva, lo que implica que controla la identidad.
Ricoeur (2004) en Santos (2010) describe la memoria como el acto en el que se traen al presente recuerdos y experiencias del pasado, por el cual se puede
comprobar que existe una historia o un suceso. Para Ricoeur, la lucha contra el olvido es de importancia para mantener el recuerdo, ya que la identidad de las personas está regida por la memoria y en ella están guardados cada uno de los momentos, vivencias, experiencias y recuerdos.
Al respecto, Maderuelo (2010) afirma que el hombre tiene la necesidad de convivir y estar rodeado de personas que tengan afinidad, lo que ha obligado al ser humano a tener tipos de reglas y comportamientos que permitan la convivencia. De esta forma, nace la necesidad de construir estructuras y formas de vivir diferentes que permitan crear pequeños espacios que posteriormente fueron llamados ciudades. Por lo tanto, según Campos y López (2004) la memoria funciona como principio en el momento de tomar decisiones e implementar mecanismos de construcción en el espacio que se desea acondicionar, así como en el desarrollo, preservación histórica y cultural del sitio.
El concepto de espacio urbano, según Loos (s.f.) en Santos (2010), es una distribución del espacio en ciudad, en la que se desarrollan reglas, leyes y relaciones sociales. En lo urbano los hombres expresan sus historias y sus contradicciones y se unen personas con propósitos políticos, sociales o con propósito de intercambiar opiniones.
Cabe destacar que, para hablar de espacio urbano, hay que aludir a espacio público, a lo que Santos (2010) se refiere como lugar o el espacio donde todas las personas por igual comparten un mismo sitio y tienen los mismos derechos sin importar su condición. Adicionalmente, Augé (1992) define el lugar como el espacio donde se pueden leer identidades colectivas o individuales; contrariamente, los no lugares son los espacios que no remiten a nada, en los cuales no se puede contar con historias, vivencias o zonas de sentido social.
Lynch (2008), en el libro La imagen de la ciudad, menciona que no es nada sorprendente el arte de modelar la ciudad, para poder tener un goce sensorial. Lynch indica que los lugares y trayectos en los ambientes urbanos provocan una interacción visual por medio de formas, funciones y significados que forman parte de la identidad de cada espacio. Jodelet (2010) agrega que la percepción del diseño urbano depende de las vivencias sociales de cada espacio.
Existen tres tipos de espacios: el espacio vital, el espacio existencial y el espacio simbólico, los cuales confluyen en el vacío urbano como sitio relacional que permite la integración de los aspectos de forma, función y significado, necesarios en la identidad de los lugares públicos de la ciudad, para lograr una visión integradora del paisaje urbano.
El arte público abarca distintas prácticas que tienen como fin intervenir, interactuar e incidir en el ámbito urbano. Todo el arte es público y busca tener un contacto directo con las personas usuarias en el espacio donde este se exhibe.
Según Monleón (2000), el arte público es todo aquello que se presenta de manera pública, por ejemplo, en plazas, calles, parques, entre otros. También menciona que el arte público está ligado a un contexto sociopolítico en el que influyen la educación,
la comunicación y otros ámbitos de la cultura. El filósofo Habermas (s.f.) en Monleón (2000) alega que el espacio público es una esfera donde las personas pueden discutir entre ellas y generar su propia política.
El arte público no está ligado a lo que comúnmente se piensa. Cruz (2014) apunta a que el arte público dejó hace años de ser esa escultura que se ubicaba en el centro de los parques en una base de metal o concreto. En la actualidad, tanto las ciudades han cambiado como la idea del arte caduco, es decir, la ciudad ya no se siente atraída ante esta concepción tradicional. De esta manera, las vanguardias se encargan de incursionar en este mundo del arte público y por medio de las diferentes representaciones, se busca incentivar a la educación, al interés por el contorno arquitectónico, servir a la sociedad y expresar el arte en la calle.
Esto provoca que el arte público se convierta en una serie de mezclas de campos creativos, que permiten la introducción de nuevos procedimientos, materiales y tecnologías que rompen con esta idea tradicional anteriormente mencionada. Además, en la actualidad existe la posibilidad de realizar arte público permanente o efímero y puede ubicarse en diferentes zonas como autopistas, bancos, espacios abiertos o edificios públicos, demostrando así que este tipo de intervención se ha extendido en los últimos tiempos.
Según Cruz (2014), dicho esparcimiento ocurre porque este arte tiene la capacidad de ampliar, cambiar y mejorar el aspecto de la calidad ambiental en los diferentes espacios; esto para dar una nueva imagen, crear nuevos eventos o lograr que los habitantes puedan obtener una nueva perspectiva del lugar que frecuentan o transcurran a menudo. Cada uno de estos cambios o modificaciones pueden provocar en las personas reacciones positivas como paz, tranquilidad, felicidad, entre otros.
Dicho arte que se expone al público en general, y no en espacios cerrados como museos, galerías o instituciones privadas, permite a los ciudadanos enriquecer su capacidad crítica y experiencia estética para que sean parte de las intervenciones que en la actualidad son expuestas. Cruz (2014) describe que el arte público se utiliza también para la enseñanza, instrucción, adoctrinamiento y práctica artística, con lo cual se ofrece de este modo la posibilidad de comunicación y mejora de las relaciones humanas.
Según Cruz (2014) el arte público puede traer confusiones a los ciudadanos que son los receptores del mensaje, porque la compresión no solo debe provenir del artista, sino que ambos deben comprender cada manifestación y expresión que se convierte en un medio para mover y atraer masas. De este modo transforma la ciudad en un espacio narrativo que esté conformado por historias y relatos que eduquen y sensibilicen al espectador.
González (2012) describe que el arte público ha ido creciendo en gran manera y se ha ido conociendo como un medio para identificar a la ciudadanía, el cual crea mapas e imágenes relacionadas con la identidad de una ciudad y diseña lecturas simbólicas y estéticas que se convierten en un nodo y hasta en una marca. Dentro del arte público es importante destacar que este viene acompañado de transformaciones y reglas que incluyen la democracia e ideologías políticas.
Siguiendo con lo anterior, González (2012) indica que, en su mayoría, estos proyectos buscan ampliar y renovar las ciudades, para atacar los problemas urbanos,
ahora bien, Muñoz (2008) en González (2012) menciona un esquema el cual consiste en nuevos requerimientos urbanos:
La imagen es un medio para la producción en la ciudad, las referencias, el diseño de iconos urbanos, la necesidad de condiciones en cuanto a seguridad y parámetros de diseño que llevan un control visual y de comportamiento y permiten la facilidad del desarrollo de elementos claves para cada espacio.
Se deben implementar formas morfológicas que abarquen zonas importantes de la ciudad como reservas naturales, parques y centros turísticos; así mismo el consumo frecuente del espacio, sus comportamientos vinculados a las diferentes experiencias que vivan los visitantes del sitio y cómo lograr atraer usuarios al espacio.
Por un lado, Muñoz, en González (2012), concluye que el espacio urbano no es un aspecto de homogeneización, sino de transformación, que busca abarcar las diferencias y encuadrarlas, con el fin de definir una ciudad que se pueda asimilar fácilmente por parte de diversos tipos de personas usuarias, tanto el habitante de muchos años, como el inmigrante o el que pasó sus vacaciones de fin de año en el sitio.
Por otra parte, Monleón (2000) agrega una definición para el arte público, la cual coincide con la mayoría de los autores anteriormente mencionados; afirma que toda aquella intervención que se desarrolla en un ambiente abierto y expuesto como calles y espacios donde todas las personas tienen libre acceso y tránsito, se convierte en “público”. Asimismo, menciona la importancia del análisis previo por parte del artista o de cada una de las instituciones que plantee una intervención artística.
Además, García (2012) afirma que el arte público es un tema un poco complicado y que implica en gran parte incluir a la sociedad, ya que esta es la que construye y manifiesta su propia cultura. En este sentido, se considera que una función importante del arte es lograr la sensibilidad humana y, de este modo, llegar a alcanzar una experiencia estética, sensorial y corporal. El arte público es una construcción entre ciudad y sociedad, que está ligado a la creación de elementos, materias, sujetos y conceptos, que se relacionen entre sí. Las presentaciones de orquestas, los coros, los actos protocolarios, el teatro, el circo, la pintura, la escultura, entre otras, forman parte de un espacio público y cívico.
El muralismo es una de las formas de expresión más importantes del arte público, el cual tiene antecedentes muy antiguos en la creación de imágenes con significaciones sagradas y religiosas. En el contexto latinoamericano, destaca el muralismo mexicano como una de las manifestaciones artísticas más notorias y tomadas como punto de referencia en la construcción de este tipo de arte como generador de memoria e identidad colectiva.
El muralismo tiene gran sentido simbólico en la recuperación del pasado y de
participación de la ciudadanía, debido a que es parte de la obra desde la intervención manual e ideológica y su significado es de carácter sociocultural. La formación y el conocimiento en técnicas y procesos pictóricos clásicos vinculados con la pintura mural generan una práctica que se desarrolla con un tratamiento contemporáneo, técnico y conceptual, inspirados en intervenciones públicas.
Gombrich (2011) es autor de investigaciones sobre la función social del arte y la comunicación visual, y manifiesta que “La forma acompaña a la función”, refiriéndose a trabajos de pintura mural y publicidad exterior. Esta frase trata de vincular el arte con la funcionalidad y agrega la historia del mural como parte esencial, ya que los murales se crean con el fin de transmitir, a los individuos, historia e información. Cada mural cumple con la función de ser un puente comunicador entre las imágenes y las personas.
Al analizar una pintura mural de gran formato, colocada en un espacio público y que se mezcla con la arquitectura que ya existe en el sitio, surgen varias incógnitas, las cuales pueden ser descubiertas si se realiza una investigación a lo largo de la historia. Además, pueden responder a lo que en la actualidad se le llama mundo de la imagen; la pintura mural está cada vez más rodeaba de connotaciones y tradiciones culturales que se vuelven más élites como el arte contemporáneo, que no permite la fácil y rápida comprensión e interpretación.
La funcionalidad de los murales es parte importante, ya que la orientación, el soporte, el clima y el propósito por los que son creados son aspectos esenciales. Cabe destacar el significado y surgimiento del nombre mural, el cual proviene del latín muralis y significa que proviene del muro. Además, se debe ser consciente de que no toda imagen que se encuentre extendida en un muro es un mural.
Andrade (2015) destaca la importancia de los diferentes tipos de arte público y describe que cada uno de estos espacios son creados para las personas, pues se consideran una integración o una extensión del paisaje; por ejemplo, incluye luz natural, tiempo y procesos individuales y sociales. Según la historiadora de arte Baudino (2008), en Andrade (2015), el arte público tiene como función recuperar el sentido cívico y la conciencia social. Baudino (2008) indica que, dentro de la creación del mural, se resalta la importancia de crear sentido de pertenencia y activar el sentido de identidad por medio de elementos importantes como instrumentos e implementos utilizados para la creación de arte, un mundo de imágenes que fomenten la cultura y la identidad en dichos espacios.
Por medio del muralismo, se pretende generar un espacio que trasmita información a sus espectadores, acompañada de la psicología del color y de las sensaciones que provoca el uso de este tipo de arte. También se busca la implementación de cuestiones técnicas e históricas, pigmentos, soportes y métodos que permitan crear un conjunto de imágenes visuales que ayuden a crear el concepto de identidad en las personas usuarias.
La creación del espacio público debe partir de la sensibilidad del hombre; es por esto por lo que se han generado una serie de estudios, para el desarrollo de teorías
sobre la forma idónea de diseñar estos lugares, que exploten de manera adecuada los sentidos y la percepción de las personas usuarias. El diseño de los espacios públicos debe ir de la mano de las necesidades específicas de las personas usuarias, así como de las problemáticas y condicionantes presentes en un espacio; la teoría del ecodiseño puede ser abordada desde las disciplinas del diseño gráfico y el diseño ambiental.
Según Tamayo (2012), desde la década de 1970, el medio ambiente se convierte en tema de investigación interdisciplinaria, como resultado del deterioro de los recursos naturales y la afectación de la vida humana. A consecuencia de esta problemática, surge el planteamiento de la psicología ambiental, es decir, como medida para el desarrollo de técnicas y soluciones prácticas que faciliten el buen funcionamiento y aprovechamiento de los espacios, en donde los individuos y el entorno obtengan el máximo de beneficios.
Adicionalmente, Calixto y Herrera (2010) exponen que la percepción forma un marco de referencia construido de manera constante por las experiencias vividas, las cuales no se encuentran aisladas, sino que intervienen en la cotidianidad. Dichas experiencias son percibidas a través de los sentidos, ya que el individuo las interpreta dependiendo de las circunstancias que experimenta. Así mismo, los autores agregan que “La percepción determina juicios, decisiones, conductas y lleva a conocer el ambiente físico inmediato a través de los sentidos; al mismo tiempo que interviene a provocar actitudes y sentimientos favorables o desfavorables hacia las características del ambiente físico” (232).
La psicología ambiental analiza todo lo que nos afecta en el espacio, como lo son las exigencias ambientales, el ruido, la contaminación, las dimensiones de los espacios, los colores, un sinfín de características que contienen nuestra vida y que nos llevan a examinar cómo podemos aprovecharnos de ella (Tamayo, 2012, 13).
La cita anterior recalca la importancia de lograr en los espacios públicos una experiencia sensorial que atraiga al observador, de manera que, si las características del espacio físico son positivas, el espacio es recordado por la persona usuaria y, a su vez, adquiere identidad; esto se logra como producto de la psicología ambiental. Para Tamayo (2012) el objetivo principal de la psicología ambiental es el estudio del comportamiento humano en relación con el medio ambiente en el que se desarrolla. Además, la siguiente afirmación hace hincapié en el deber del diseñador de aprovechar los potenciales del espacio para crear nuevas experiencias y lugares que contrarresten las problemáticas y deficiencias de este:
Como complemento de lo anterior, Holahan (2000) afirma que la psicología ambiental “Es una disciplina cuyo objetivo es investigar la interrelación del ambiente físico con la conducta y la experiencia humana, esto implica un diseño que contemple aspectos personales como la residencia, gustos, intereses y actitudes particulares”
(21). Esto coincide con lo planteado por Tamayo, ya que los diversos estímulos
sensoriales que el individuo obtiene del ambiente físico producen, en cada entorno, información perceptual compleja y dinámica que ayuda al individuo a identificar características importantes y a disfrutar de una variedad de experiencias estéticas.
Leandro (2007) coincide con el planteamiento de Tamayo y Holahan, en que la psicología ambiental abarca la relación del individuo en su contexto, desde las exigencias ambientales externas, determinado por el paradigma adaptativo, el cual supone que la conducta está motivada por la comprensión del entorno en la mitigación de amenazas, la reducción del estrés, tales como los desastres naturales, los colores del ambiente, mala iluminación, lo que puede generar incomodidad o efectos positivos en los estados de ánimo.
La psicología ambiental es una psicología del espacio, ya que analiza las percepciones, actitudes y conductas de individuos y comunidades en su explícita relación con el contexto físico, ambiental, social y cultural, donde estos existen. Las nociones de espacio y lugar ocupan una posición central, esta disciplina opera, entonces, a diferentes niveles de referencia espacial, permitiendo así la investigación de las interacciones persona-entorno de individuos, grupos o sociedades en cada nivel (Leandro, 2007, 423).
Para este autor, no solo influye la percepción individual con el entorno, sino que implica otros aspectos de carácter social, cultural y ambiental, los cuales intervienen en la percepción y proponen una conducta colectiva y sostenible. Tal y como lo describe Leandro (2007):
Según lo planteado anteriormente, por un lado existen una serie de factores que pueden beneficiar al diseño de manera positiva o de manera negativa, y en cómo se relaciona el individuo con un ambiente, tales como los ambientes con luz cálida y confortable, clima templado, colores saturados, sonidos relajantes; por otro lado, los ruidos fuertes, luces brillantes, frío o calor extremo, crean ambientes que propician estrés psicológico y son los causantes de efectos negativos en la salud. En consecuencia, los estudios de psicología ambiental demuestran que los espacios públicos de las áreas urbanas deben diseñarse de manera tal, que apoyen múltiples actividades mediante la humanización de dichos espacios por medio de la participación ciudadana.
Algunos de estos factores como el color, la luz y las texturas transmiten sensaciones y percepciones distintas a cada uno de los individuos, los cuales están presentes en el ambiente del espacio urbano. Según la psicología del color, cada tono es el resultado del proceso de percepción y depende del criterio de cada persona. Así como lo expone Neufert (2007) “Los colores son una fuerza que actúa en el hombre provocando sensaciones de bienestar o malestar, de actividad o de pasividad. La aplicación de determinados colores puede incrementar o reducir el rendimiento en determinados espacios” (Neufert, 2007, 40). La afirmación del autor demuestra el potencial de los colores para influir en el estado de ánimo y comportamiento de las personas, lo cual puede ser aprovechado por los diseñadores para crear espacios que exploten la posibilidad experiencial de los colores.
González (2014) plantea al respecto que la aplicación del color en entornos públicos debe llamar la atención, revitalizar el espacio o incrementar la seguridad
del ciudadano. Además, la capacidad de percepción de cada individuo está dominada por su propia concepción: “La característica subjetiva de la apreciación de los colores, hace que los efectos secundarios sean los más discutidos, ya que pueden variar de acuerdo con los diferentes individuos. Cada color puede producir muchos efectos distintos, e incluso contradictorios” (12). Es por esto por lo que una zona con un adecuado uso de la psicología del color se convierte en un atractivo para las personas usuarias.
Otro elemento que influye sobre la percepción es la luz, cuyo concepto es definido por Calvillo (2010) como “Energía radiante, que es capaz de excitar la retina del ojo humano y producir, en consecuencia, una sensación visual” (28). Los patrones de luz y oscuridad afectan la percepción del mundo, las respuestas emocionales y psicológicas son elementos esenciales que permiten obtener información del entorno. La modificación perceptual del espacio, por medio de la iluminación de los espacios públicos, puede generar nuevas experiencias en las personas usuarias, pero no debe ser vista únicamente de manera decorativa, sino como ente activo en la producción del sentido, ya que puede ser fundamental para la ambientación de un lugar, utilizarse como señalización o crear diferentes escenarios en un mismo lugar.
La incidencia en la percepción visual de estas texturas, que forman superficies de contenedores en su configuración de fachadas, pisos y sus contenidos, es manipulable por el diseñador, envolviendo la ciudad, dando un carácter al espacio a través de su piel, definiendo sus usos y sensaciones (66).
Así mismo, según Pernett (2010), otro de los elementos que provoca sensaciones en los espacios urbanos son las texturas, las cuales se visualizan en las superficies de la ciudad y definen el carácter espacial de los entornos urbanos. Además, las texturas, al relacionarse con la luz y el color, generan una percepción gráfica en la persona usuaria. El autor agrega que:
Son las personas que por medio de sus propias vivencias, experiencias y percepciones construyen identidades con los espacios urbanos que usan esporádica o permanentemente. Esos usos dejan huellas en la ciudad y son estas huellas de uso las que precisamente nos hablan de las identidades (Pernett, 2010, 57).
La cita anterior demuestra que la importancia de las texturas en las superficies no solo es relevante por su carácter sensorial, sino que tiene fuerte incidencia como manifestación cultural, funcional y físico-emocional. Este último aspecto genera de manera inconsciente emociones y una necesidad de respaldar una identidad socio- urbana. Como lo plantea Pernett (2010):
Por tanto, para generar identidad en el espacio público, es necesario la utilización de estrategias que influyan en la conducta de las personas usuarias, desde la experiencia y la percepción; estrategias que sean fácilmente recordadas y reconocibles.
Las teorías mencionadas anteriormente evidencian pautas de diseño a nivel de percepción en los espacios a partir de la psicología ambiental, las cuales muestran
que en el ser humano interfiere de diferentes formas en cuanto a pensar, sentir y percibir. Los espacios no son ajenos a estos procesos de percepción, donde las formas, colores, luz, texturas, entre otros, tienen un papel fundamental en su activación. El deber del diseñador en la intervención de espacios públicos es crear soluciones a las necesidades específicas de las personas usuarias y de la ciudad, desde un diseño participativo que permita la sostenibilidad del proyecto.
Según Mazzeo (2017) cuando los seres humanos comenzaron a desplazarse por el territorio terrestre han tenido la necesidad de señalar áreas físicas para facilitar la circulación y ofrecer información relevante para poder ubicarse en el espacio. En la actualidad, el desarrollo de las ciudades y los cambios en los medios de transporte incrementaron la necesidad de señalizar los flujos de peatones y vehículos en los recorridos urbanos.
Para solventar la necesidad de señalizar en el espacio público, nace el concepto de señalética, el cual menciona Costa (1987) como la parte de la ciencia de la comunicación visual que estudia las relaciones funcionales entre los signos de orientación en el espacio y los comportamientos de los individuos. Se suma a esto el hecho de que la señalética surge de la comunicación social y de la comunicación de la información, y constituye una disciplina técnica que colabora con la ingeniería de la organización, la arquitectura, el acondicionamiento del espacio y la ergonomía bajo del marco del diseño gráfico.
Mazzeo (2017) también define el concepto de señalética como el diseño de programas que responden a la necesidad de información y de orientación que se genera por el fenómeno contemporáneo de la movilidad social y la multiplicación de servicios públicos y privados en el ámbito cívico, cultural y comercial, tales como: transportes, seguridad, sanidad, circulación, esparcimiento y ocio. La señalética tiene por objetivo identificar, regular y facilitar el acceso a los servicios requeridos por los individuos en un espacio dado.
Según Quilly (2014) otra manera de entender la señalética es como rama del diseño gráfico que desarrolla un sistema de comunicación visual basado en símbolos, que posee como objetivo orientar a las personas en un espacio geográfico. Además, menciona varios factores que son necesarios para diseñar señaléticas coherentes para determinado entorno: la ubicación geográfica, la nacionalidad, el lenguaje, la identidad y los elementos representativos de la cultura.
La señalética, según menciona Cuéllar (2008), actúa entre ámbitos básicos como el vínculo con la persona usuaria y al ámbito institucional, lo que puede formar parte del sistema de señales urbanas donde el diseño debe considerar los códigos comunicacionales de control y de implementación que regulan el flujo del público. Por último, se tiene que tomar en cuenta el crecimiento de los espacios físicos, las infraestructuras y los servicios, para el diseño de este componente.
García (2014) estudia la obra de Wyman, quien afirma que, para realizar un buen sistema de señalética, es necesario, también, tener en cuenta la ubicación y la dirección en donde se va a situar, ya que es de suma importancia saber en dónde está la persona
usuaria y hacia dónde se dirige. Además, debe tomarse en cuenta la legibilidad de la tipografía e iconografía, para que las personas puedan leer fácil y rápidamente cada elemento. Como se mencionó anteriormente, el propósito principal del diseño señalético es ayudar a localizar con mayor rapidez los lugares que pretenden transitar las personas usuarias del espacio, para lo que se utilizan herramientas de diseño que implican la creación y desarrollo de sistemas de información dirigidos a orientar y direccionar a las personas en entornos naturales y urbanos.
García (2014) menciona que se deben enfatizar las relaciones entre esquemas urbanos y espacios arquitectónicos, que omiten la concepción de un producto desconectado del entorno, lo que significa que la señalética debe estar diseñada para un contexto específico que posee necesidades y servicios concretos, que le dan una identidad única al espacio, basada en una comunicación efectiva ya que, según Wyman, una buena señalización puede volver el entorno urbano más amable y fácil de entender.
Es la voluntad de lograr la coexistencia o la integración, por medio de relaciones consideradas positivas, en un plano simétrico de mutua influencia. Un acento que sí establece el término ‘intercultural’ al basar las relaciones sociales en el respeto a la diversidad y en el enriquecimiento mutuo. De este modo, al emplear la interculturalidad como referente para el estudio de espacios de señalización, no sólo va a tener en cuenta un contexto que contemple la coincidencia, (entre un hombre y una mujer), o la intergenérica (entre un niño y un anciano) (118).
Por el contrario, la señalética, según Gómez y Agustín (2010), se emplea desde hace más de dos décadas en la producción de material para la señalización que es demandada por los profesionales del turismo, ocio, cultura o transporte, por lo que debe atender los retos interpretativos que plantean los contextos interculturales. García (1999), en Gómez y Agustín (2010), explica el término intercultural:
Así que, según Gómez y Agustín (2010), la señalética que se ve aplicada a contextos interculturales se emplea como una alternativa al lenguaje verbal para comunicar un mensaje determinado ante un público masivo y heterogéneo que busca orientarse en entornos donde confluyen diversas personas. Por este motivo la señalética es un componente fundamental para el diseño espacial, por su función de comunicar información de una manera visual que permite a las personas usuarias ubicarse en el espacio fácilmente.
Fraume (2007) define al paisajismo como la disciplina que estudia las formas del paisaje, su proyección y los tipos e instrumentos de intervención que señalan al paisajismo como tópico central. Además, lo plantea como un arte que embellece o remodela las superficies del terreno natural, por medio de un razonamiento lógico y estético. Laing (s.f.) en Sánchez (2012), en el texto El gran libro del paisajismo urbano, hace referencia al concepto de paisajismo como “[…] una disciplina arquitectónica en la que tienen cabida el diseño, la planificación, la gestión, la preservación y la rehabilitación del suelo” (9).
Según Sánchez (2012) el paisajismo es concebido como un instrumento para la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible. El autor agrega que el paisajista realiza el trabajo con materiales duros y reciclables al incluir la vegetación, y moldear el espacio y el terreno. Además, los elementos que conlleva el paisajismo están relacionados tanto con aspectos topográficos como ríos, valles, lagos, como con aspectos vegetales como árboles, césped, flores y aspectos constructivos como terrazas, caminos y puentes.
El paisajismo es una disciplina que estudia el paisaje. Fraume (2007) define paisaje como la morfología del terreno y su cubierta que conforman una escena visualmente distante. La cubierta comprende el agua, la vegetación y distintos desarrollos antrópicos, los cuales interactúan entre ellos en las ciudades. También, el autor comenta que el paisaje es resultado de combinaciones dinámicas de elementos fisicoquímicos, biológicos, y antrópicos, en donde su dependencia del uno a otro, generan un conjunto único.
En cuanto a la relación entre paisaje y ciudad, Martignoni (2009) explica que la ciudad se apoya sobre el paisaje existente, se alimenta del mismo, lo invade y lo modifica; cuando un paisaje se modifica, se convierte en otro paisaje. Es por esto por lo que la ciudad se condiciona con el paisaje existente y se modela de acuerdo con este mismo paisaje.
El diseño de espacios públicos se ha hecho cada vez más importante para el desarrollo a largo plazo y para el bienestar de las comunidades y sus habitantes; en el diseño urbano cobran especial atención las calles que concentran el carácter y la movilidad de sus ciudadanos. Sánchez (2012) menciona que para estos espacios públicos se crea mobiliario urbano que se rige por la funcionalidad, forma y dimensión, que facilitan la estancia y el uso de los habitantes a la ciudad. Este mobiliario también se convierte en puntos focales que atraen la atención y crearán armonía, ritmos, colorido, forma y equilibrio para mejorar la calidad de vida.
Como se mencionó anteriormente, el paisajismo es una disciplina que se encarga de diseñar el paisaje, mientras busca mantener un equilibrio entre lo natural (vegetación) y lo artificial (ciudades). La ciudad es parte del paisaje y con el paisajismo se reconoce la importancia de llevar a cabo las practicas amigables con el ambiente como las que conlleva el ecodiseño, para generar espacios urbanos sostenibles.
Es necesario destacar que, desde que las ciudades han sido pobladas masivamente, el paisaje se vio modificado por las grandes construcciones que arrasaron con las áreas verdes. De acuerdo con Sánchez (2012), el hombre, por medio del paisajismo, busca una manera de responder el gran desafío de regenerar los espacios y construir nuevas zonas verdes. Además, las plantas nativas pueden cumplir las mismas funciones que las cultivadas en el paisaje diseñado, para crear nuevas zonas verdes en las ciudades. De esta manera, se debe considerar un diseño referido al paisaje natural, el cual representa la oportunidad para introducir elementos como respuesta a la búsqueda de identidad y también como una forma de sumar elementos nuevos.
Según lo anterior, el paisajismo permite el desarrollo de proyectos de carácter sostenible con un diseño funcional en los que se integren los aspectos ambientales y estéticos, en conjunto con una metodología dirigida desde el ecodiseño, el cual
permite generar soluciones partiendo de los ejes de la sostenibilidad. Es decir, cada uno de los elementos presentes en el paisajismo son acordes con el contexto, el cuido y la conservación del ambiente. Sánchez (2012) indica que la esencia de la intervención paisajística es despertar las emociones del ciudadano frente a un determinado entorno.
Dentro de los conceptos más relevantes del paisajismo sostenible el autor Verdaguer, en su libro Vías para la sostenibilidad urbana en los inicios del siglo XXI (2014, 9), menciona que el ser humano siempre se ha relacionado con su entorno, con el fin de asegurar su supervivencia a mediano y largo plazo, por lo que es fundamental pensar en el entorno como una zona que proteja los recursos existentes del medio ambiente. Por ello, es de suma importancia considerar el entorno en donde las personas usuarias transitan y conviven diariamente como un elemento para modificar el ambiente y la comodidad de las personas usuarias.
Este modelo teórico sustenta el modelo metodológico del ecodiseño, tal y como lo menciona Sanz (2014) en su libro Ecodiseño: un nuevo concepto en el desarrollo de productos. Es importante tomar en cuenta el ciclo de vida de todos los materiales para garantizar una disminución considerable en el daño al medio ambiente. Esto se relaciona con el concepto ecourbanismo, explicado por los autores Graffon et al. (2005) en el libro La ecociudad: un mejor lugar para vivir, quienes aclaran que, para mejorar la calidad de vida, es necesario que las ciudades tengan algunas características que las conciban como una ciudad sostenible. Para ello, se debe recurrir al uso equilibrado del suelo, el paisajismo, el confort y la implementación de espacios atractivos en la vida cotidiana.
Una de las problemáticas de los modelos urbanísticos actuales obedece a lo explicado anteriormente, pues las ciudades crecen excesivamente, lo que disminuye las áreas verdes. Es por este motivo que la construcción de espacios debe integrar diseños orientados hacia el medio natural. La creación de áreas verdes genera beneficios de tipo recreativo, estético, social y ambiental. Esta afirmación es ratificada por la Organización Mundial de la Salud (2017) que menciona los beneficios físicos y emocionales que son considerados imprescindibles en las zonas urbanas, así como la reducción de la contaminación del aire, la adaptación de microclimas, el ahorro energético y el enriquecimiento de la biodiversidad. El manejo de áreas verdes urbanas se convierte en una estrategia para generar ciudades habitables, placenteras y sostenibles.
A continuación, se darán ejemplos de intervenciones espaciales e infraestructura amigables con el medio ambiente; esto con las referencias de los modelos teóricos, metodológicos, los conceptos de sostenibilidad y ecodiseño que se aplican en proyectos innovadores a nivel nacional e internacional y que muestran beneficios, no solo en su estética, sino también en la funcionabilidad, al enriquecer los resultados para las distintas comunidades circundantes con base en los anteriores autores de este artículo.
El proyecto CENFOTEC Lounge se encuentra ubicado en la Universidad de Tecnologías Digitales en la ciudad de San Jose,́ Costa Rica, el cual corresponde a un espacio para la convergencia e interacción de los estudiantes. Su objetivo es transformar un espacio cerrado y aislado en un espacio de encuentro social, el cual considera, de forma primordial, la reutilización y codificación de materiales de bajo impacto en el ambiente.
El proyecto de 150 m² consta de un espacio abierto techado, conectado por rampas y gradas, que enlazan dos espacios con la finalidad de promover el encuentro e intercambio de ideas en un sitio estratégico, en el seno de la universidad. El espacio cuenta con área de lounge, cafetería, áreas de estudio y una terraza que integra el contexto natural al interior.
Su metodología de diseño está basada en la arquitectura sostenible y el entorno, como premisa fundamental para promover el bienestar bio-ambiental con referencia al manejo de la temperatura, humedad y ventilación. Por su parte, las cubiertas son fundamentales para la protección contra el clima y el aprovechamiento de la iluminación natural. El proyecto, por su lógica de intervención espacial, fomenta la cultura de reciclaje de materiales y bajos presupuestos y busca, por medio de dinámicas positivas, la convivencia sociocultural sin impactar el medio ambiente. El proyecto utilizó maderas plásticas (PVC) y maderas provenientes de bosques renovables.
Las ventajas y aportes que dan al medio ambiente son la implementación de materiales reciclados, maderas nacionales y manejo de condiciones climáticas, todo a bajo costo. Además, promueve la arquitectura como experiencia sensorial por medio de la conexión fluida entre los espacios de circulación y transición a través del color, el cual sugiere a la persona usuaria la diversidad de uso y continuidad entre los espacios afines. Entre los aspectos negativos se encuentran las condiciones climáticas, por ser un espacio que conecta al exterior.
archdaily.cl/cl/869382/cenfotec-lounge-entre-nos-atelier.
El proyecto Cueva de Luz SIFAIS está realizado en la zona de La Carpio en San Jose,́ el cual corresponde a un espacio para el aprendizaje multi-vía, en donde todos los participantes se ven beneficiados del proceso, tanto los que enseñan, como las personas estudiantes y sus familiares. El proyecto consiste en una iniciativa privada, sin fines de lucro, que promueve la superación personal y la integración social a través de la enseñanza y aprendizaje de una destreza artística, deportiva u otra disciplina, en una comunidad marginal.
La importancia del proyecto radica en la construcción del edificio de madera más grande de la región, ejecutado en una zona socialmente vulnerable de la Gran Área Metropolitana, diseñado de manera tal que puede ser replicado como modelo en otras partes del país. La Cueva de Luz comprende 1.000 m², está dividida en dos naves de cuatro pisos, seccionadas en espacios de exposiciones, talleres y administrativos. Estas naves están vinculadas por un sistema de escaleras que sirven como galería y garantizan la accesibilidad universal en todos los niveles.
Los arquitectos de Entrenos Atelier basan su metodología de trabajo en proyectar un diseño particular, que no nace desde la arquitectura, sino desde las genuinas necesidades de las personas usuarias. No obstante, se le otorga a la arquitectura un rol fundamental para garantizar el futuro de las generaciones por venir y alberga un espacio de soporte comunitario en el asentamiento informal más grande de San José. Los objetivos principales del proyecto son:
Promover un diálogo de sensibilización entre la arquitectura y sociedad impulsada desde la sustentabilidad, por medio de la experimentación de materiales y tecnologías alternativas y bajos costos.
Desarrollar un diseño participativo, mediante el diálogo con las personas usuarias y vecinos del lugar, con el fin de que el diseño sea parte del contexto donde se pretende desarrollar el proyecto.
El aprovechamiento de los materiales alternativos, sostenibles y de bajo presupuesto, como es la madera laminada, genera un diseño de estética agradable y permite la construcción de edificios durables y fortificados. Además, es un proyecto que proporciona la accesibilidad de todas las personas usuarias, por medio de la integración social y las relaciones humanas desde una ciudadanía activa. Por el contrario, entre los aspectos negativos sobresale el mantenimiento especializado que requiere la madera.
cl/793067/cueva-de-luz-sifais-entrenos-atelier.
El proyecto CEGEA, ubicado en el Parque La Libertad en Desamparados, se desarrolló en conjunto con la empresa Dos Pinos y CEGEA. Se caracteriza, principalmente, por la materialidad reciclada de sus estructuras y mobiliario. Dicho proyecto comprende un área de 725.6 m² y su objetivo principal es construir un espacio físico, que brinde y gestione programas de capacitación. El Parque La Libertad se destaca por ser un proyecto único e inclusivo en el país, el cual busca mejorar la calidad de vida de las comunidades aledañas mediante el progreso ambiental, social y económico.
La empresa Centro de Gestión y Educación Ambiental (CEGEA) se dedica a la ingeniería y geo-información ambiental, que incorpora materiales reciclados extraídos del tetra pack (reciclam) para realizar diferentes construcciones. Dicho proyecto fue patrocinado por Dos Pinos, que donó 250 láminas de reciclam, las cuales fueron utilizadas para la creación de paredes tanto internas como externas de la infraestructura, techos y mobiliario (Presidencia de la República de Costa Rica, Ministerio de Comunicación 2016, Parque la Libertad).
Las ventajas y aportes identificados son la innovación y la funcionalidad de los materiales al ser reutilizados y la forma en que se aprovecha cada uno de los recursos a su conveniencia que se acoplan a las diferentes necesidades del proyecto. Asimismo, se puede vincular también a la forma en la que se solucionó un problema de índole
académico, por medio de soluciones innovadoras de bajo costo y que cumplen con los parámetros establecidos.
Como aspecto negativo de este proyecto es que, al ser una idea no muy conocida en el país, el material proporcionado no es muy utilizado para resolver algunas deficiencias en el territorio nacional. Por ende, corre el riesgo de no ser tomado en cuenta como posible recurso para la construcción de una infraestructura.
El edificio de cuatro niveles y un sótano, con un área de 7.200 metros cuadrados, deja el primer piso libre para mantener la fluidez del campus, propone un auditorio para 240 personas en semisótano y dispone de 23 salones en los niveles superiores, en dos volúmenes paralelos, que facilitan la iluminación y la ventilación natural (Zuluaga, 2016, párr. 6).
Este proyecto diseñado por el arquitecto colombiano Leonardo Álvarez Yepes consta de lo siguiente:
Su construcción inició en el 2014 y se ubica de manera perpendicular al bloque central del edificio de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Colombia. Sus áreas exteriores se organizan y delimitan a partir de los edificios circundantes, manteniendo la relación visual, mientras que la cara longitudinal conecta dos avenidas principales de Bogota:́ Av. El dorado y Av. NQS con el centro del campus universitario.
En cuanto al paisaje y recorridos del proyecto, se elevó de la superficie del suelo para disponer de la menor cantidad de elementos estructurales posibles, que permiten un máximo de elevaciones visuales, así como para generar conexiones urbanas con las diferentes áreas libres del campus. Dicha condición se acentúa al inclinar la losa del segundo piso, ya que desliga el edificio de la relación horizontal
del suelo y evita la superposición visual con el edificio de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.
Estas inclinaciones permiten comprimir el espacio de acceso y abrir la vista hacia el paisaje y los patios del sitio, lo que permite ver los cerros cercanos de la ciudad. Además, su condición lumínica en cada piso permite transiciones por medio de claro- oscuros; a la vez, la reflexión de la luz sobre el concreto ocre crea una atmósfera que transmite calidez y estabilidad en un proyecto académico. Por su parte, el sistema de ventilación permite controlar de manera pasiva los flujos de aire utilizados, expulsándolos por la parte superior del edificio. Este proyecto está construido por medio de técnicas tradicionales, como la impresión de las texturas de madera en el concreto de los muros y cielorrasos, produciendo máxima duración y calidad.
Las ventajas de este diseño están en la disposición de los pisos del edificio y en la topografía del suelo, lo que permite inclinaciones y variantes que ofrecen vistas placenteras del paisaje circundante, mientras fomentan las conexiones entre espacios interiores y exteriores. Entre sus aspectos negativos se encuentra el hecho de que es una edificación muy cerrada y la duración de su construcción fue muy larga.
Nota. Edificio Facultad en Enfermería. Fuente: Archdaily. (2017) https://www. archdaily.cl/cl/802381/edificio-facultad-de-enfermeria-universidad-nacional-de- colombia-leonardo-alvarez-yepes.
El proyecto “Eco Diseño” fue formulado por la empresa La Caixa, durante el año 2007. Nace por iniciativa del programa de Medio Ambiente y Ciencia de la Obra Social con la colaboración del Grupo de Investigación SosteniPra del Instituto de Ciencias y Tecnologías Ambientales (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Este proyecto consiste en proponer una serie de objetos que cumplan con diferentes características como seguridad de fácil uso, cómodo y confortable en cuanto al diseño y fundamentalmente que sea amigable con el ambiente, para asi ́ cumplir con uno de los objetivos del proyecto, el cual consiste en crear un producto por medio del diseño, sin renunciar a aspectos importantes como la belleza y la funcionalidad pero con criterios ambientales (Fundación La Caixa, 2017).
Sobre la metodología empleada en este proyecto es la propuesta de mobiliario funcional con energía solar como bancas, basureros, lámparas, parqueos para bicicletas, entre otros, con el fin de crear un vínculo entre el entorno social y cultural de la comunidad, que permita poder conectar los espacios públicos.
Las ventajas y aportes que se pueden implementar son la definición del Eco- diseño, según Wagensberg (1996), el cual consiste en diseñar objetos que cumplan con una o varias funciones en el paisaje, al tiempo que alteran lo mínimo el estado natural de tal paisaje y sin que todo ello deje de ser una oportunidad para crear belleza. Aceptar esta definición equivale a aceptar que el ecodiseño trabaja en conjunto con científicos, ingenieros, artistas y diseñadores.
or.cr/cc_sostenible/descargas/libros/Ecodise%C3%B1o%20mobiliario%20urbano.pdf.
El análisis realizado revela la importancia de crear nuevos entornos urbanos que fomenten la identidad de sus residentes y fortalezcan sus vínculos sociales a través del uso de diversas expresiones artísticas que darán nuevos significados, funcionalbilidad y estética a estos espacios públicos, las zonas urbanas pueden convertirse en escenarios que inviten a la interacción, enfocando la sostenibilidad como base para el desarrollo y funcionamiento de las ciudades. Es esencial aplicar
soluciones innovadoras que aseguren la conservación y bienestar de los recursos
naturales para generar grandes beneficios a las personas usuarias a largo plazo.
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