Bernardo Castillo Gaitán

Los atributos de Dios, según la Disputación Metafísica XXX de Francisco Suárez


RESUMEN

El presente texto es una síntesis de los atributos de Dios que redactó el pensador, Doctor Eximio Francisco Suárez en la XXX de sus Disputaciones Metafísicas. Se hace una presentación del autor; utilizando como referencia el documento antes mencionado se define el concepto de atributo para describir catorce pertenecientes al ser de Dios. Se especifica que la intención del texto es ofrecer a la comunidad, un insumo que permita hacer una reflexión racional del tema de Dios, alejado de toda doctrina o ideología religiosa.


Palabras Claves: : Dios, atributos, disputación metafísica, Francisco Suárez.


Abstract: This text is a synthesis of the attributes of God written by the thinker, Doctor Eximio Francisco Suárez in the XXX of his Metaphysical Disputations. A presentation of the author is made; using as a reference the aforementioned document the concept of attribute is defined to describe fourteen belonging to the being of God. It is specified that the intention of the text is to offer the community an input that allows a rational reflection on the subject of God, far from any religious doctrine or ideology.


Keyswords: God, attributes, metaphysical dispute, Francisco Suárez.


  1. Introducción



    Autor/ Author

    Bernardo Castillo Gaitán


    Recibido: 29/11/21 Aprobado: 11/12/21

    Se ha considerado a Francisco Suárez (1548 – 1617) como el filósofo que le dio un giro a la Metafísica desarrollada por Aristóteles y retomada por el pensamiento medieval. Este giro consiste en la determinación de la realidad ontológica. la metafísica ya no es entendida como lo que está más allá de lo físico, sino con el más acá; se constituye como ciencia de lo que es aquí y ahora de tal forma que se convierte en “instrumento imprescindible para reemprender la empresa racional” (León, 2011, 13).


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    Enestecampo, el legado de Suárez al desarrollo de la filosofía se concreta en su magna obra Disput aciones Metafísicas escritas en el año 1595. El autor detalla su hipótesis de la imposibilidad de hacer teología sin el conocimiento minucioso de la filosofía (Grabmani, 2006). Con más de 2000 páginas

    de contenidos sistematizadas en 54 disputaciones,

    es una obra que compendia las diferentes teorías escolásticas que son verificadas con profundidad académica por lo que son consideradas “la obra más detallada de metafísica que se haya escrito” (Grabmani, 2006, 58)

    El trabajo que se expone tiene como intención ofrecer un texto corto cuyo objetivo es la reflexión una racional de Dios a partir de los atributos, nombre o características propias vinculada al ser de Dios, según Suárez. Por ello no debe ser visto como una doctrina, dogma o adhesión a alguna denominación religiosa, sino ante todo como insumo para darse cuenta que el tema de Dios, en la reflexión filosófica, ha permitido el desarrollo de grandes aportes académicos que evitan o anticipan el manejo de actitudes impulsivas como el fanatismo religioso, adueñarse de la verdad, la exclusión religiosa y la división entre pueblos hermanos que ha llegado, al extremo de, provocar guerras con la pérdida de muchas vidas humanas. Es tarea de la academia facilitar a la población en general este tipo de textos que le permitan ampliar el conocimiento y fortalecer el diálogo entre los interlocutores, así como el respeto a la diversidad de expresiones religiosa de las personas y las comunidades.

  2. Los atributos en general


    Suárez expone la descripción general de los atributos divinos, específicamente en la Sección 6 donde afirma que los atributos divinos son propiedad de Dios o pertenecen a su esencia. En la introducción a la Disputación 30, explica el por qué de los atributos de Dios, expresando que


    todo lo que a Dios se le atribuye es que es el ser esencialmente necesario y que es su propio ser por esencia: el ser mismo de Dios es su quididad de esta manera “en Dios los atributos o grandezas no son cosas distintas a su esencia

    Se puede decir que los atributos de Dios, “son las perfecciones absolutas que están en Él y no son algo distinto de su esencia.” (DM, 30, 6, 2)1. Dichos atributos pertenecen formalísimamente al concepto esencial de Dios (DM, 30, 6, 5). Hay que agregar que:


    Todas las perfecciones o atributos divinos se encuentran entre sí en relación, que todos pertenecen a la razón esencial de cualquiera de ellos y que toda la esencia de Dios pertenece a la razón de cada uno, hasta el punto que, aunque nosotros distingamos muchos racionalmente, no obstante, en la realidad no se trata más que una perfección simplísima, la cual en su totalidad es la esencia adecuada de Dios (DM, 30, 6, 10).

    Además, Suárez considera que


    todo atributo es infinito, no sólo en la perfección de un género determinado, sino absolutamente en el género del ente, ya que se trata de un ente de por sí necesario y del ser mismo por esencia; luego es necesario que incluya en su razón esencial a la esencia y a todos sus atributos. (DM, 30, 6, 10).

    como un principio o razón de obrar o producir algo, en cuanto se distingue virtualmente de otro; que por lo mismo no puede formal y esencialmente atribuirse

    En concreto entiende atributo

    a uno lo que es propio de otro para poder distinguirlos virtualmente, ya que contiene efectos distintos (DM, 30. 6, 15).

      1. Dios es acto puro y ente simplicísimo.



        En los atributos se contiene cuanta perfección se concibe. (DM, 30, 6,18). En el caso de los atributos de Dios, estos son de dos clases: los que explican la eminencia de la sustancia divina, expresan la misma perfección y todos están incluidos formal o esencialmente en cada uno de ellos. Por ejemplo: ser a se, ser acto puro, totalmente simple, infinito, inmenso, incomprensible, inefable. Los que dicen relación a un acto, como por ejemplo los que se refieren al entendimiento, a la voluntad a la potencia. (DM, 30, 6, 20).


  3. Atributos específicos


    1. Dios es perfecto


      Dios por ser uno es perfección (DM, 30, 1, 3), a su vez es primero en perfección (DM, 30, 1, 5). “El ente primero no sólo es más perfecto que todas las cosas que existen sino también que todos los que pueden existir, deben incluir toda perfección posible. (S. I, a. 6), de tal forma que Dios excede en perfección a todos los demás entes. (DM, 30. 1, 7). Para Suárez el principal atributo de Dios es ser incausado y en esto basa su perfección (DM,30, 1, 41).


    2. Dios es infinito


      Dios es infinito porque tiene la capacidad de mover y de obrar (DM, 30,2,3), “Dios mueve el cielo durante un tiempo infinito por parte del espacio; luego es por si poderoso para moverlo durante un tiempo infinito por parte del móvil, luego posee un poder infinito” (DM, 30,2, 18). Dios, es infinito por el hecho de ser ente por esencia; luego es infinito en perfección; la perfección incluye el infinito. (S.II, a. 20), así el ser por esencia no tiene razón de ser limitado. (DM, 30,2,23). Esta perfección del ente primero, “es absolutamente necesaria a fin de que sea posible cualquier otra perfección finita del ente” (DM, 30 2, 25).

      Para Suárez, con el nombre


      de acto puro se significa la realidad que carece de potencialidad a la que se da el nombre de acto en cuanto que incluye la existencia, que es la última o mejor la primera actualidad de una cosa (DM, 30,3, 2).

      Agrega que por ente simplicísimo se debe entender que en Dios no hay composición substancial. (DM, 30, 3): de existencia y esencia, de naturaleza y supuesto, de materia y forma, de género y especie y de acto y potencia. (DM, 30, 4, 1), en Dios se excluye, además, estos tipos de composición substancial porque “Dios no es cuerpo y por lo tanto no tiene composición de partes integrantes ya que éstas existen en las cosas con materia y forma” (DM, 30, 4,15) y Dios como ente simplicísimo “no puede estar limitado a algún predicamento, sino que está sobre todo y fuera de todo como fuente última de todos” (DM, 30,4, 34), por ello no es capaz de contener accidentes.

      Suárez amplía el atributo de ente simplísimo

      expresando que “si en Dios se diese algún accidente, sería preciso que se distinguiera en la realidad de la esencia divina o realmente al menos modalmente; mas esto es imposible; luego también, es imposible que haya en Dios ningún accidente verdadero.” (DM, 30, 5, 7).


        1. Dios es inmenso

          Por inmensidad se,


          dice la relación al dónde o a la presencia de Dios en todas las cosas por razón de la cual se dice que Dios está en todas partes”. (DM, 30,7,1), de tal forma que Dios “es el agente universal que obra todas las todas las cosas y en todas las cosas que existen; luego está íntimamente en todas las cosas (DM, 30, 7,3).

          Este atributo de inmensidad de Dios se compara con la eternidad de Dios.

          En efecto Dios se compara a los cuerpos por su inmensidad, igual que su eternidad se compara al tiempo, ya que la inmensidad es infinita en su razón del mismo modo que lo es la eternidad en la suya, luego igual que la eternidad está en todos los tiempos finitos y los excede infinitamente, del mismo modo la inmensidad está en todos los lugares finitos y los supera, así pues, del mismo modo que la eternidad no puede estar comprendida en los tiempos finitos, sino está también fuera de ellos, es decir, antes y después de ellos, de la misma manera se comporta la inmensidad respecto de los lugares finitos. (DM, 30, 7, 38)

          ser un ente a se, no puede haber más que un Dios. El primer motor es solamente uno; Dios es el primer motor, luego Dios es solamente uno. “Uno porque su propiedad, es sobre todo y principalmente, el ser ente esencialmente necesario. Al ente necesario le es contrario multiplicar, luego también a Dios” (DM, 30, 10, 6).


            1. Dios es invisible



              Dios está localmente por su inmensidad, no sólo en el mudo, sino también desde la eternidad; y este estar localmente por su inmensidad, no sólo en el mundo, sino también fuera del mundo; ni sólo desde la creación del mundo, sino también desde la eternidad; y este estar localmente, no es estar en otro distinto de sí mismo, pero explica un modo de existir tal propio que dicha substancia, que por razón de él es apta para estar íntimamente presente e indistintamente de otra cosa, dondequiera que exista o se produzca. (DM, 30, 7,52).

              Además, “Dios es inmenso puesto que si es necesario que esté actualmente presente donde opera en acto, también será necesario que esté realmente presente donde pueda operar”. (DM, 30,7,40), en otras palabras:

              La razón por la cual se afirma que Dios es invisible, es porque Él excede a la capacidad del entendimiento, excede a cualquier forma que el ser humano realice para conocer a Dios. (DM, 30, 11, 1). De tal manera que “Dios no puede ser visto por ninguna vía o procedimiento ya sea natural o sobre natural” (DM, 30 11, 50).


            2. Dios es incomprensible


              El atributo de Dios incomprensible ha de entenderse en relación con el entendimiento creado, puesto que Dios es comprensible por sí mismo. Incomprensible, respecto al entendimiento creado. (Cfr. DM, 30,12,1). Que Dios sea incomprensible se contiene en el atributo de invisible


              y es más evidente que él, ya que la comprehensión incluye todo lo que pertenece a la perfección de la visión, añadiendo además la adecuación con el objeto, ya que expresa un conocimiento exacto y absolutamente perfecto del objeto, por tanto, si no es posible la visión de modo natural, mucho menos lo sería la comprehensión” (DM, 30,12,2).

        2. Dios es inmutable y eterno


          Si se dice que Dios es inmutable, brota que Dios es eterno2. (DM, 30, 8) y por ser simple es inmutable y si es perfecto no puede sufrir disminución de ella. (DM, 30, 8,2). “Dios por necesidad intrínseca igual que las demás perfecciones, y por ende no tiene a dónde trasladarse de nuevo, ni puede privarse a sí mismo de algún lugar más que de su propias sustancia o inmensidad.” (DM, 30, 7, 3).


        3. Dios es uno

      Francisco Suárez, afirma la unicidad de Dios por


      el conocimiento por el que se conoce lo que es una cosa, concibiendo algún predicado quiditativo3 suyo, no sólo como común, sino incluso como propio, bien se le conciba por una razón o representación positiva, bien por una negativa. Es conocer cualquier predicado esencial. Conocer una cosa quiditativamente, es conocer la esencia total de las cosas hasta el último grado o diferencia” (DM, 30,11,5).

      Se entiende por conocimiento quiditativo,

        1. Dios es inefable4


      […] en las creaturas hay muchas que tienen vida; luego la tienen recibida de Dios, con mucho, más razón la tienen de Dios, luego Dios es sustancia viviente. (S. XIV, a. 3). Dios tiene vida, no puede contenerla sola eminentemente, sino que es necesario que la contenga también formalmente, ya que, de lo contrario, sería algo formalmente inanimado y no podría, por tanto, contener eminentemente el grado de viviente (DM, 30, 15, 5).

      El Doctor eximio explica este atributo de la siguiente manera:

      es absolutamente sustancia (DM, 30,14,10)). Que Dios sea sustancia viviente se explica a partir de que



      […] no es que Dios sea un ente de tal clase que no puede ser nombrado de modo alguno o expresado por palabras, pues la práctica demuestra que nosotros decimos de Dios muchas cosas y que estas le son propias, e igualmente nos consta que Dios tiene muchos nombres, incluso en la Sagrada Escritura. El sentido es que Dios, según toda su perfección no puede ser explicado por nosotros con palabras ni designado por creatura alguna con nombre tal que exprese la naturaleza de Él según lo que es en sí. Y en tal sentido este atributo no explica en Dios una perfección distinta de los dos precedentes, no tiene por fundamento más razón que la que los nombres son signos de conceptos y, por tanto, igual que no podemos concebir a Dios suficientemente ni tal como en sí, del mismo modo tampoco podemos darle nombre a expresar perfección con palabras (DM, 30, 13, 1).

      Por ello, Dios no forma parte de ningún lenguaje o imponerse nombre alguno que represente, y mucho menos que agote su naturaleza y perfección tal como es en sí. (Cfr. DM, 30, 13, 5). Se concibe a Dios como se le nombra y se le nombra como se le concibe y aunque esto sea confuso e imperfecto, se incluye toda la perfección de la realidad concebida. “Con esto resulta fundamental que al igual que Dios es incomprensible e invisible, es también inefable, y cuando de algún modo se conoce, de algún modo puede ser nombrado” (DM, 30,13,10).


        1. Dios es sustancia viviente especialmente intelectual y autosuficiente


          El que Dios sea una sustancia viviente con vida intelectual perfectísima y felicísima, es un atributo que conviene a Dios. (Cfr. DM, 30,14,11). Dios es sustancia, por ser ente primero no puede ser un accidente, el cual es algo imperfecto y presupone necesariamente la sustancia para existir en ella. En Dios no puede haber accidente alguno, por lo tanto,

          De lo anterior, Francisco Suárez, afirma que Dios vive actualísimamente por su sustancia y en su vida no hay acto primero o segundo, sino que es acto purísimo; es una vida esencial; razón por la cual no es sustancia viviente, sino la misma vida sustancial. (Cfr. 30, 14,7) y es inteligente por el hecho de ser espiritual o inmaterial. Dios mismo tiende formalísimamente al fin y lo conoce, lo cual es propio de un agente intelectual, por consiguiente, Dios vive con vida intelectual” (DM, 30, 14, 12).


        2. Dios es feliz


          Porque posee una vida del todo suficiente, pero sin que necesite de nadie, “es feliz y bienaventurado, no debido a alguna cosa exterior, sino por sí mismo, porque es tal según su naturaleza (DM, 30,14,16), puesto que la felicidad


          como perfección singular de la vida divina, se explica muy bien por el hecho de que tal modo es autosuficiente que no necesita a ningún otro, bien sea por vivir, bien sea para vivir de modo feliz y bienaventurado, perfección que no es comunicable a ninguna otra criatura” (S. XIV, a. 16).

          Dios por ser el bien supremo perfecto, bajo ninguna razón necesita de algo extrínseco para vivir felicísimamente, concretamente porque no tiene principio eficiente del que depende en el ser o en el vivir o de cualquier otro modo, no tiene tampoco un fin fuera de sí, sino que incluso es Él mismo el fin

          de todas las otras cosas (DN, 30,14,17).

          Del mismo modo que se dice que Dios es ente por esencia o viviente por esencia, de la misma manera es feliz, bienaventurado y autosuficiente (Cfr. DM, 30 14,17).


        3. Dios es ciencia divina


          La ciencia, la voluntad y la potencia son consideradas operaciones o facultades de Dios mismo, por ciencia, se entiende la inteligencia clara y manifiesta de cualquier verdad. (Cfr. DM, 30 15, 2). Dios vive con vida intelectual actual y perfecta y la ciencia no es otra cosa más que esta vida. (DM, 30, 15, 3) y la ciencia divina no sólo es la sustancia misma de Dios, sino que pertenece formalmente a la esencia de Dios mismo y como su último constitutivo en la razón de tal naturaleza o esencia (DM, 30, 15, 14)

          Esta ciencia divina, incluye entendimiento, sabiduría, ciencia prudencia y artes unidos simplísimamente en su única perfección y se considera un conocimiento clarísimo de todos los primeros principios y una contemplación de la causa primera y suprema y de todas las realidades, tanto naturales como sobrenaturales. Es arte de todas las cosas que pueden producirse y prudencia que juzga con rectitud las cosas que es conveniente hacer (Cfr. DM. 30,15,37).


        4. Dios es voluntad


          Se considera que Dios es viviente intelectual perfectísimo con capacidad de apetecer y apetecer vitalmente, por esto en “Dios existe la fuerza apetitiva, espiritual y vital, a la que propia y formalmente se le llama voluntad” (DM, 30,16, 2), que es del mimo modo del acto último y puro. “En Dios no hay potencia de querer, sino la voluntad misma por esencia”. (DM, 30,16, 8). El entender por esencia de Dios es tal que en virtud de su razón esencial también es querer (DM, 30, 16, 13) y el querer es un consecuente del conocer. (DM, 30,16,14).

          El objeto de la voluntad divina es su bondad (DM, 30,16, 19), siendo la caridad la principal virtud de la voluntad, sobre todo si el nombre de la caridad

          se significa únicamente el amor a la benevolencia hacia la persona intelectual. (DM,30, 16,57), en la voluntad divina querer el bien es amar; Dios ama todo lo que participa del ser de Él (DM, 30, 16, 60) y de esta acción se desprenden cuatro virtudes morales:


          La ma g n ific en c ia: D io s rep arte g ran des d onativ os o bie ne s. (DM, 30 , 16,61) La Misericordia; hacer el bien y socorrer. (DM, 30, 16, 63) La verdad: Hablar de acuerdo con el pensamiento, el poder hablar a otro y manifestarle su pensamiento de acuerdo a su capacidad es una perfección y muy congruente con la naturaleza intelectual. “Dios es el único que no puede engañarse, por ser sumamente sabio, ni engañar, por ser sumamente bueno y, por lo tanto, no sólo es veraz, sino que es también la misma verdad primera” (DM, 30,16, 64) La fidelidad; esto es cumplir lo prometido y […] se refiere necesariamente a su verdad e inmutabilidad; porque, si es veraz, no puede prometer sin voluntad y propósito de hacer lo que promete, y, por ser inmutable, no puede menos de ser constante en esa voluntad y en consecuencia, fiel en la promesa” (DM, 30, 16, 65).


        5. Dios es potencia activa


      En Dios hay potencia activa, porque no puede haber un ente no producido por Dios; luego es preciso que el primer ente necesario por sí mismo produzca a los demás, potencia activa, se entiende como omnipotencia, ya que se aborda toda la perfección o poder activo (DM, 30,17,4) o lo mismo que omnipotencia, es que Dios puede todo lo posible (DM, 30, 17, 10).


  4. Conclusión


Los atributos constituyen una descripción por medio de las palabras humanas que dan una respuesta a la pregunta ¿quién es Dios? Francisco Suárez, expone estos atributos como expresión de la relación que se puede establecer entre el ser

humano y Dios. Además, son medios que invitan a reflexionar sobre el ser de Dios desde el punto de vista racional, sin definirse como simpatizante de un credo religioso, es decir, son una fuente básica para el diálogo ecuménico e interreligioso que posibilita el acercamiento y la vivencia de la fraternidad en medio de los conflictos religiosos que han producido guerras y desunión entre la creatura que es capaz de atribuirle e Dios su mismo ser, los seres humanos.


Notas


  1. Las citas se harán siguiendo la traducción de las Meditaciones Metafísicas de Francisco Suárez publicada por la Editorial Biblioteca Hispánica en 1962. Se utilizará la sigla DM seguida de tres números: el número 30 que hace referencia a la Disputación 30, el segundo a la sección y el tercero al número de párrafo de la sección.


  2. Este atributo, se desarrolla ampliamente en la Disputación L (50).


  3. Según Miranda (2015), la palabra quididad es usada por la filosofía escolástica para referirse a una cualidad, aspecto, esencia, calidad, naturaleza o condición propia de una cosa. (Cfr. Miranda, L (2015). Apuntes de clase del curso Recepción de los Universales en la Edad Media, del Postgrado de Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Sin publicar.


  4. Según la Real Academia Española, la palabra inefable

significa “que no puede ser explicado con palabras”.


Referencias


Grabmann, M. (2009). Naturaleza metodológica y actualidad de las Disputaciones metafísicas de Francisco Suárez. Azafea, 8, Recuperado de https://www. researchgate.net/publication/40909880_Naturaleza_ metodologica_y_actualidad_de_las_Disputaciones_ metafisicas_de_Francisco_Suarez


León, F. (2011). Francisco Suárez. Disputaciones Metafísicas.

Madrid, España: Tecnos


Suárez, F. (1962). Disputaciones Metafísicas. Vol. IV. Madriz:

Biblioteca Hispánica de Filosofía.